Debilidad de las monedas fuertes

JORGE CAUMONT

Existe preocupación del presidente y de sectores del gobierno por la persistente presión bajista que sufre el tipo de cambio ante el alud de dólares que provienen de inversiones directas, del comercio de mercaderías y servicios, de inversiones financieras y del cambio de portafolio de uruguayos. Se percibe que ante los aumentos de precios internos y sobre todo de los salarios, la competitividad de algunas producciones transables desaparece y que si las tendencias señaladas siguen -lo que es probable por un tiempo más- el problema se agudizará. Y Uruguay no es Japón, ni Corea del Sur, Singapur, Hong Kong o Taiwán, que han vivido una flexibilidad tal de su estructura productiva que han pasado, en etapas breves, desde una de baja tecnología como fuera la textil a las intensivas en ella, como hoy la automotriz, la electrónica y la de telecomunicaciones, entre otras. Perder una industria en Uruguay por ausencia de competitividad, llevaría mucho tiempo en conseguir recomponer el empleo en otra de mayor intensidad tecnológica.

Pero el presidente también está preocupado, según se desprende de alguna de sus recientes intervenciones ante la prensa, porque piensa que Brasil puede devaluar su moneda. Seguramente, José Mujica escuchó algunas declaraciones de fines de enero de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, cuando dijo que "...nadie en el mundo puede ahora garantizar que en el futuro la moneda local no se vaya a devaluar frente al dólar".

COSTOSA INTERVENCIÓN. Los varios intentos del Ministerio de Economía de detener la declinación del valor del dólar han logrado solo volverla más lenta pero, como algunos preveíamos las medidas tomadas en sucesivas ocasiones -al menos anunciadas en dos oportunidades el año pasado- no lograron detener definitivamente, como diera la sensación que esperaban las autoridades económicas, la tendencia bajista. Las intervenciones compradoras del Banco Central y del BROU en el mercado sólo han logrado, hasta el momento, que el dólar cayese aún más y evitado que algunas exportaciones dejaran de darse, que las importaciones suban aún más y que el consumo crezca todavía más de lo que lo hace. Pero esta acción de intervención compradora, contraria a los parámetros de las restantes políticas macroeconómicas de la administración, sólo puede contrarrestar temporalmente a las fuerzas que desata en el mercado, el resto del contexto económico. Y, además, tiene un costo sumamente alto por la necesidad de esterilizar la emisión monetaria que se realiza con ese fin y el retorno que se paga al que compra los valores que la acción involucra. En Brasil sucede algo similar. Pese a los esfuerzos por frenar el ingreso de capitales, no se ha podido evitar la caída del dólar, lo que también obliga al Banco Central a intervenir con compras en el mercado. Los parámetros de política macroeconómica de la nación norteña y el significado que tienen en el contexto de la economía mundial hacen muy difícil que nuestro principal socio comercial devalúe si no cambian esas condiciones macroeconómicas internacionales. Aunque Rousseff ordenara devaluar -la única forma hoy que puede ocurrir, reitero si no cambian los parámetros de política económica o las condiciones mundiales- el mercado le impondría sus condiciones y rápidamente se volvería a una situación como la actual.

DÓLAR Y EMERGENTES. No es noticia que el dólar ha caído en los países emergentes y que la declinación ha sido dispar según los mercados. En algunos de ellos, como en China, se deprecia muy lentamente; en otros como en Brasil o en el propio Uruguay, el dólar se ha depreciado fuertemente en los últimos cinco o seis años. Lo que es claro es que en todos los casos la caída del dólar ha sido aún mayor cuando se le ajusta por inflación o por aumento de salarios. En Argentina, en 2010, su deterioro real ha sido del orden del 20% a pesar del aumento del valor nominal del tipo de cambio. El valor real de la moneda norteamericana ha experimentado una significativa baja. Pero el euro, el yen y la libra han tenido parecido comportamiento, en cuanto a su poder de compra, frente a las monedas de los países emergentes. Simultáneamente, en muchos de estos, la inflación interna en dólares o la reducción de la capacidad de compra de la moneda norteamericana y de las restantes de países desarrollados se ha visto compensada por un alza importantísima de los precios internacionales de los commodities: petróleo, soja, trigo, arroz, maíz, azúcar, algodón, carne, lana, etc. Si los ingresos en moneda local de los exportadores resultan de la conjunción del volumen exportado por el precio de venta y por el tipo de cambio, la caída de éste ha sido hasta más que compensada para los productores de materias primas, por la suba de esos precios.

TASAS DE INTERÉS. El factor que explica tanto la depreciación de las monedas de los países desarrollados como el aumento de los precios de los commodities es el bajísimo nivel por varios años que tienen las tasas de interés de referencia de los bancos centrales de los países desarrollados: 0-0,25% en Estados Unidos; 1% en la Eurozona y 0,5% anual en Inglaterra. Un nivel tan bajo estimula el gasto -desestimula al ahorro- y lleva a la aceptación de un mayor riesgo por lo que tanto oportunidades para inversiones directas como financieras son buscadas a lo largo del globo y se encuentran en los países emergentes. Los flujos de capitales hacia ellos aprecian sus monedas y ante la dimensión monetaria de los flujos -alimentados además por políticas monetarias sumamente expansivas como el "Quantitative Easing 2" en Estados Unidos, pero también las que se realizan por el Banco Central Europeo y el de Inglaterra- la apreciación de las monedas emergentes es considerable.

REVERSIÓN. En algún momento habrá una reversión; lo difícil es estimar cuándo ocurrirá. Tan pronto comiencen a modificarse las condiciones monetarias en los países desarrollados por presiones inflacionarias o recuperaciones más fuertes y se las haga más contractivas, empezará el proceso de fortalecimiento del dólar, del euro y de la libra frente a las monedas de los países emergentes a lo que se agregarán, a pesar de la demanda de China, declinaciones en los precios internacionales de los commodities. Entre los miembros oficiales de los bancos centrales citados ya no todos sostienen la necesidad de continuar con una política monetaria tan expansiva. Ven que se acerca una salida de esa situación ante claras -en el Reino Unido y en Europa- o probables -en Estados Unidos- presiones inflacionarias que se presentan con una recuperación que este año se estima será más fuerte. Pero mientras predomine la visión actual en la mayoría de las autoridades de esos bancos, seguirán las fuertes presiones bajistas sobre el tipo de cambio en Uruguay, Brasil no devaluará su moneda y los precios internacionales de los commodities seguirán sumamente altos.

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