PAULO LEVY | DESDE RÍO DE JANEIRO
El contexto internacional dio una tregua en el inicio de 2012. Las contundentes intervenciones del Banco Central Europeo, aliviando la presión sobre los bancos y el manejo de la deuda griega contribuyeron a esa mejora. Al mismo tiempo, los indicadores de la actividad económica y de empleo en Estados Unidos dan señales, desde el último trimestre del año pasado, de que puede haber un retorno al crecimiento, aunque moderado.
Los datos recientes de la economía brasileña también parecen indicar que estaría ocurriendo un proceso bastante gradual de recuperación de la actividad económica, después de haberse alcanzado el fondo del pozo en el tercer trimestre del año pasado. De hecho, después de haber retrocedido un 0,1% en ese período, el PIB tuvo un crecimiento del 0,3% en el cuarto trimestre, estimulado por la demanda, por una recuperación del consumo de las familias y, en la perspectiva sectorial, por el agro y, en menor grado, por los servicios.
No obstante esa recuperación, 2011 cerró con un crecimiento muy bajo: 2,7%. Dos factores parecen haber contribuido a ese débil desempeño: las medidas de restricción a la demanda adoptadas a fines de 2010 y durante el primer semestre de 2011, y el agravamiento del contexto internacional en la segunda mitad del año pasado.
Con respecto al primer punto, con la fuerte aceleración de la economía y el aumento del precio de los commodities en el mercado internacional, la inflación en el segundo semestre de 2010 ya indicaba presiones que amenazaban romper el techo de la banda de tolerancia en torno al valor central de la meta. En diciembre de ese año se adoptaron medidas de restricción al crédito para reducir la demanda de bienes durables. A lo largo del primer semestre de 2011, el Banco Central (BC) aumentó reiteradamente la tasa de interés hasta alcanzar un 12,5% anual en julio. Al mismo tiempo, la política fiscal ya no tuvo el carácter fuertemente expansivo de los dos años anteriores, habiéndose cumplido la meta de superávit primario del 3,1% del PIB. Sin embargo, a partir de septiembre, con las señales de deterioro en el escenario externo, el BC revirtió la tendencia de la política monetaria, que pasó a ser expansiva, con la rebaja de la tasa de interés y el debilitamiento de las restricciones de crédito. La inflación en 2011 fue 6,5%, exactamente el techo de la banda.
La situación internacional influyó en el desempeño de la economía en el tercer trimestre del año, principalmente por efecto del aumento de la incertidumbre sobre la inversión. Esta venía creciendo a una tasa anual próxima al 4,5% en el primer semestre de 2011, cayendo a una tasa negativa del 0,8% en la segunda mitad de 2011. Esas incertidumbres se manifestaron también bajo la forma de una reducción de los flujos de capital externo y presiones sobre el tipo de cambio, que se desvalorizó cerca del 20% entre agosto y noviembre.
PERSPECTIVAS 2012. La perspectiva para 2012 es positiva, aunque el crecimiento medio del año aún será relativamente bajo, en el orden del 3 al 3,5%. Ello porque la desaceleración a lo largo de 2011 acabó por dejar un carry-over -es decir, la parte del crecimiento de un año que se trasmite al año siguiente por el efecto de la comparación de promedios- muy bajo, de apenas un 0,3%, ante un 1,7% en 2011 y un 3,7% en 2010. Así, es posible que a fin de año la economía brasileña esté creciendo más del 5% en comparación con el último trimestre del 2011, aunque el crecimiento medio sea mucho menor. Nuevamente, el problema se refiere a la sustentabilidad de ese proceso, y es factible que nuevas medidas restrictivas serían necesarias para impedir que la inflación vuelva a acelerarse a partir de un nivel superior al 5%, como lo indican las proyecciones del sondeo semanal del BC sobre expectativas.
El débil desempeño de la industria, entre los sectores que componen el PIB, y de la inversión en capital fijo, por el lado de la demanda, presentan problemas importantes en la perspectiva de crecimiento en un horizonte más amplio. El sector manufacturero, por ejemplo, acumuló una variación negativa del 4% en el segundo semestre de 2011, y sus niveles de producción hoy se encuentran próximos al 4% por debajo de lo observado en el tercer trimestre de 2008. Ese desempeño contrasta con el crecimiento de la demanda: las ventas del comercio minorista a fines de 2011 eran 25% mayores que en el tercer trimestre del 2008! O sea que los problemas de la industria no parecen originarse en la falta de demanda.
La tasa de inversión, a su vez, se ha mantenido en niveles relativamente estables y bajos: 19,3% del PIB en 2011, valor claramente insuficiente para sustentar un crecimiento superior al 4% al año, principalmente cuando se considera que la eliminación de los obstáculos de infraestructura implica inversiones pesadas y plazos de retorno relativamente largos, o sea, inversiones con elevada relación capital-producto.
En contraste con el desempeño industrial, los servicios vienen presentando un desempeño extremadamente positivo: el sector creció 2,7% en 2011 y su participación en el PIB, después de haber caído al 63% en 2004, volvió a crecer, alcanzando el 67% en 2011. Sin dudas, el sector servicios ha encontrado espacio para transferir presiones de costos a los precios, especialmente las salariales. La inflación de servicios en el índice de precios al consumidor alcanzó al 9% en 2011, mientras la de bienes de consumo durables fue de -1,5%.
PROBLEMAS. Ese escenario presenta dos desafíos a la economía brasileña: en el corto plazo, el tema cambiario parece estar afectando el desempeño de la industria, impidiéndole acompañar el crecimiento de la demanda interna, que viene siendo progresivamente atendida por las importaciones, cuyo volumen en 2011 aumentó casi un 10% (ante un crecimiento del 4,5% del volumen de exportaciones). Por otro lado, el tipo de cambio apreciado es fundamental para impedir un aumento aún mayor de la inflación.
En el largo plazo, el problema radica en que el sector servicios presenta menos dinamismo que la industria manufacturera en lo que se refiere a los aumentos de productividad, único medio de garantizar la sustentabilidad del crecimiento. En verdad, el abandono de las reformas parece haber contribuido a desacelerar el aumento de la productividad de la década de 2000, ganancia que reflejó los esfuerzos realizados a lo largo de los noventa y complementados al inicio del gobierno Lula por las llamadas reformas microeconómicas. Se estima que la productividad total de los factores esté creciendo hoy a una tasa inferior al 1% al año, la mitad de la observada a mediados de la década pasada.
Sumada a la baja tasa de inversión -que a su vez refleja las bajas tasas de ahorro nacional, de apenas un 17,2% del PIB en 2011- y a la fuerte reducción de la tasa de crecimiento de la fuerza de trabajo (1,2% en 2011, reflejando ya los cambios demográficos del país), ello significa que el crecimiento potencial hoy debe estar próximo o aún por debajo del 4% al año.
EL MEDIANO PLAZO. Ante ese límite, las nuevas políticas de estímulo a la demanda -a través de la expansión del crédito, de aumentos reales del salario mínimo o ampliación del gasto público- no parecen capaces de promover una aceleración sustentable del crecimiento, al producir desequilibrios bajo la forma de presiones inflacionarias y de apreciación del tipo de cambio. El gobierno comenzó entonces a preocuparse con los factores que actúan más por el lado de la oferta, y la discusión sobre reducción de la carga de impuestos, especialmente de las contribuciones que inciden sobre los sueldos, constituye un elemento positivo en el sentido de restaurar parte de la competitividad perdida por el sector industrial. Si esos movimientos vienen acompañados de la reducción del crecimiento del gasto público, la estructura macro económica resultante ciertamente actuará favorablemente sobre el crecimiento en el mediano plazo.