Controles financieros en Argentina

ISAAC ALFIE

Los acontecimientos financieros que a partir de las elecciones del pasado mes de octubre vienen desencadenándose en Argentina, ponen sobre la mesa una vez más, una discusión que creía estaba terminada y que es la eficacia o no de los controles de capitales y las restricciones de acceso al mercado de divisas. En realidad, la última medida formal es meramente sobre la posibilidad de adquirir de manera libre divisas dentro del país pero, desde el momento que los capitales únicamente se pueden ir bajo una denominación de moneda fuerte, implícitamente está imponiendo nuevas restricciones al movimiento de aquellos. A su vez, en pocos días se desarrolló toda una leyenda urbana, cuya veracidad nadie conoce exactamente, sobre toda suerte de presiones y mecanismos lindantes en actitudes mafiosas, que restringirían aún más las reales posibilidades de intercambio. Formalmente, la medida consiste en que la AFIP debe autorizar la compra de divisas por parte de los particulares, lo que implica previamente que ésta evalúe la razonabilidad del pedido. Imagino lo que el lector podrá estar pensando, lo dice usted, no yo.

HISTORIA REPETIDA. En la historia de la humanidad toda restricción a la libertad estuvo siempre condenada al fracaso. Los regímenes más despóticos, aún sembrando el terror, terminaron colapsando. El mundo moderno ha acelerado los procesos y lo que antiguamente duraba hasta siglos, se ha comprimido a décadas en contados casos y algunos años en los más. Por cierto que no es esta la situación de Argentina donde, más allá de determinadas actitudes de prepotencia de estilo patoteril, de las que no estamos acostumbrados de este lado del río, los ciudadanos eligen libremente qué hacer o dejar de hacer. Ahora, si las restricciones políticas a la libertad tienen su tiempo, cuando de flujos financieros se habla las cosas, no solo no constituyen la excepción, sino que la "violación" de la ley es prácticamente inmediata. Al agua es imposible contenerla. Los registros dan cuenta de una enorme fuga de capitales de la Alemania nazi y la Rusia stalinista. ¿Alguien puede pensar que se parará en Argentina? Creo que nadie. Es más, la cuasi prohibición de comprar divisas opera como un acicate para que la población intente por todos los medios hacerse de ellas, ya que el común de la gente piensa en alternativas nada agradables que, por otra parte, ya las vivió. Ante ello, aunque termine perdiendo intenta cubrir su posición, es natural y muy lógico. La historia también enseña que, cuando medidas como estas empiezan, lo que sigue es conocido y, en el mejor de los casos, la escasez, la inflación, los controles sobre las materias primas, los de precios y los mercados paralelos son moneda común. En general, estos procesos generan fuertes redistribuciones del ingreso en poco tiempo desde los sectores menos favorecidos hacia los más acomodados. El resultado es peor para la gran mayoría y aquellos que tienen la posibilidad de anticiparse o sacar una ganancia del mismo, lo hacen. Como dijimos, estos son los de mayores ingresos y nivel cultural.

EN AUMENTO. La última medida consistente en la obligación de tener una autorización de la oficina de impuestos para comprar moneda extranjera, constituye una nueva dificultad que se agrega a una serie de impedimentos a la libre movilidad de capitales y divisas que progresivamente se han impuesto. Hace ya buen tiempo que los argentinos para comprar divisas emplean un mecanismo de compra y venta de títulos públicos argentinos en el exterior; luego, se impuso la obligación de un plazo de tenencia mínima de estos valores entre el momento de comprarlos y de su venta, para aumentar el riesgo de un cambio en el precio de los títulos, que equivale a un aumento en el tipo de cambio. Por ello, era común ver que a los turistas en los comercios les tomaran el dólar a más valor que el cambio oficial ya que éste internalizaba todos los costos extras. Ahora se llega a este extremo que introduce nuevas dificultades, en cierta medida enlentece un proceso pero jamás lo detiene. La causa es bien clara, la desconfianza en Argentina es grande y se está en presencia de una bien importante fuga de capitales desde hace unos meses. O sea, por un lado la Presidente se reelige con récord de votación y por otro la gente no cree mucho. Contradictorio por cierto, pero reflejo de que no existía ninguna alternativa creíble.

CONSECUENCIAS. De todas formas, lo importante son los efectos de la medida y sus posibles consecuencias. Aquí alguien dijo que no va a pasar nada porque a los turistas les cobraremos en pesos argentinos. No comprendo el razonamiento. En efecto, si alguien en Uruguay acepta moneda argentina en pago, lo hará únicamente en la medida que algún corresponsal se la tome y le recomponga su posición en dólares. Es decir, será posible solo si allende el Plata existe un corresponsal que toma los pesos argentinos que le giran desde Uruguay e inmediatamente le devuelve dólares a quien giró; de lo contrario, no lo hará a menos que esté dispuesto a sufrir pérdidas o piense irse de paseo a Buenos Aires a gastarse el dinero y creo que ni aún en este caso lo hará ante el temor de la pérdida de valor. Entonces, siempre que el gobierno argentino lo autorice, todos los pesos argentinos que provengan desde fuera de su país serán canjeados por dólares. La pregunta inmediata es ¿a qué tipo de cambio? Si fuera al oficial, muchos argentinos cruzarían a Colonia en barco con sus pesos a cuestas y allí se harían de los dólares, pero el Banco Central de la República Argentina seguiría perdiendo reservas prácticamente al mismo ritmo que si se mantuviera fijo (vendiendo) al tipo de cambio interno. Entonces, en la medida que se quiere evitar la pérdida de reservas, al menos al ritmo que llevaban, lo razonable es que la paridad sea la del mercado paralelo, o sea, habrá que entregar más pesos argentinos por cada dólar en Uruguay, para que los cambios de aquí los reenvíen a Argentina. Como es fácil advertir la operación es, además, costosa porque seguramente involucre movimiento físico de dinero, de donde si en Argentina se deben pagar $ 5 por dólar seguramente aquí el importe será mayor. En estos días se ha visto una importante cantidad de argentinos en nuestro país, no me extrañaría que hayan venido a comprar dólares con pesos argentinos o a usar su tarjeta de crédito para retirar dólares de los cajeros lo que, por ahora, sigue habilitado. En definitiva, burlando la restricción. Implícitamente Argentina devaluó y el mensaje es claro, los privados aceptan pagar entre 15% y 20% más en un mercado paralelo y hacerse de los dólares, al mismo tiempo que parecen haber encontrado rápidamente la manera de salirse del corral que les impuso la AFIP para comprar divisas. Por tanto, debemos estar atentos porque en cualquier momento pueden existir otras medidas, que no cambian el fondo pero encarecen el proceso.

Del lado del turismo -ingresos y egresos- deberíamos ser conscientes que el peso argentino vale menos y de alguna manera eso se sentirá. En sentido contrario, también es cierto que la escasez de productos que hay en Argentina es alarmante y eso hace que los precios domésticos suban. Como el IPC oficial no es indicador de nada y a las consultoras privadas no les permiten su difusión -de hecho, las han multado fuertemente bajo el pretexto de que su metodología no era la adecuada- debemos usar algún índice que elaboran los Institutos de Estadística de las Provincias para conocer la situación real. Esperemos entonces un par de meses.

MÁS NOTICIAS. A todo lo anterior se suman las noticias del intercambio de información fiscal con Argentina, lo cual ahora es "exigido" desde la OCDE. Quiero decirlo claramente, si Uruguay la entrega solo tiene para perder, porque Argentina la usará para perjudicarnos y no para controlar a los suyos y, a su vez, a nosotros nada nos pasará si aparecemos en la lista gris o negra de la OCDE. Con el intercambio de información se perderá un activo importante, aunque seguramente las consecuencias sean menos graves de lo que parecen porque los vehículos de inversión de jurisdicciones "intachables" como Delaware, Londres o Nevada aparecerán como los dueños de las propiedades aquí y entonces nada sabrá el fisco argentino. En una palabra, otra traba que aumenta los costos pero no impide la operación. Tengamos en cuenta que las trabas a los únicos que terminan perjudicando son a los pequeños y medianos que no pueden pagar asesores o que los costos de toda la ingeniería legal y tributaria representa tanto frente a la renta que obtienen que no lo hacen. Entonces, es posible que los balnearios menos "glamorosos" sufran una merma de ingresos que se sienta.

En una palabra, todas las medidas son para embromar a los chicos. Los grandes no solo saben cómo defenderse, sino que pueden absorber el costo. Una prueba más de quién verdaderamente paga la cuenta.

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