La discusión sobre el proyecto de extracción de mineral de hierro viene ganando fuerza en ciertos sectores de la sociedad y entre los actores políticos. Entre estos últimos, todo pinta para que sea, al igual que lo sucedido con la concesión del puerto de Montevideo, el aeropuerto de Carrasco y Botnia, más partidaria que técnica. Todos recordamos los episodios, en muchos casos lamentables por cierto, donde ciertos actores políticos se oponían sin saber ni conocer nada y, peor aún, sin interesarse por hacerlo. Las volteretas posteriores también las conocemos. Pero nada de esto siquiera viene al caso y, entonces, espero que quienes hoy representan a la oposición (y me representan) no actúen de la misma manera.
Un tema previo a resolver para que la inversión se concrete es el abastecimiento de energía que, según se informa, será cercano a los 300 MW/H, oferta que el país hoy no dispone. Como de la racionalidad del inversor no podemos dudar, debo suponer que de alguna manera ya ha solucionado este aspecto.
PROPUESTAS. Como en todos los temas, el presidente Mujica ha realizado varias propuestas sobre el asunto. Personalmente, no tengo dudas que su posición es a favor del emprendimiento, aunque más no sea, "porque está en el gobierno" y entonces busca, legítimamente, influir sobre la opinión pública.
En un principio habló de Referéndum consultivo, luego de crear un fondo con la renta que obtendrá el Estado. Al respecto, es por demás claro que un Referéndum con esas características puede ser válido para temas filosóficos dentro de la sociedad, por ejemplo la despenalización del aborto, la pena de muerte y cosas del estilo, pero no para un tema eminentemente técnico donde deben primar criterios objetivos tanto económicos como medioambientales. Creo que el proceso de Botnia es un claro ejemplo, descartado el hecho que desde el punto de vista económico la inversión era clave para el país no solo por la inversión en sí -la mayor privada en 100 años, la generación de valor, el enorme ingreso de divisas que suponía y ser parte de una exitosa culminación de un proceso que se inicia en 1987 con la ley de fomento forestal- sino porque traer una empresa clase mundial con una inversión clase mundial (la mejor tecnología disponible) abría al país a que otras empresas líderes lo comenzaran a mirar como potencial destino de radicación.
Afortunadamente, esto pasó y atrás de estas empresas líderes pioneras comenzaron a llegar otras. En una época como esa, un proyecto tan relevante termina siendo parte de la salida a la situación de crisis; esta puso a Uruguay en todos los principales diarios y revistas especializadas del mundo que daban cuenta, como hoy, del exitoso programa del gobierno y cómo la llegada de inversiones consolida el proceso.
La segunda propuesta consistiría en crear un fondo, según entendí anti-cíclico, que me parece muy atinada y es lo que me propongo analizar.
MEDIO AMBIENTE. La explotación minera existe en todo el mundo, al igual que las plantas de celulosa. En un mundo donde la conciencia ambiental ha ganado un merecido lugar, en especial en los países desarrollados, seguramente existan patrones de seguridad y cuidado del medioambiente ya establecidos. Por tanto, lo único que deberíamos hacer es seguirlos, copiarlos, traer técnicos expertos que nos enseñen qué requerir y cómo controlar, pero no me parece sensato decir que no "porque contamina"; todo lo hace, el punto es el grado aceptable de la misma. Si económicamente la actividad es rentable y si le sirve al país porque genera puestos de trabajo y divisas, debemos buscar una inversión clase mundial en todo sentido y antecedentes como país tenemos.
En Uruguay pasan cosas extrañas. Minería hay, no mucha pero hay, lo mismo que extracción de piedras semipreciosas y explotación de piedra caliza con la que se fabrica cemento portland. Si bien no hay ruidos, ciertamente no estaría nada seguro en afirmar que las actuales explotaciones no causan daño a la salud y el medio ambiente por encima de los estándares mundialmente admitidos. De hecho, en las cercanías de la ciudad de Minas hay enormes y polvorientos cráteres. Cierto es que en su momento pertenecían a una organización filantrópica, como todo emprendimiento comercial o industrial del Estado y, por tanto, si existe daño en Uruguay igual no existe. En la actualidad, parte de esos enormes agujeros pertenecen a una empresa privada. Más aún, en los últimos años han surgido a la luz pública casos extremos que afectan la salud de las personas; me refiero a los de plombemia aguda en niños que viven en la cercanía de la refinería de la Teja. Estos niños y también los adultos presentan niveles de plomo que comprometen seriamente su desarrollo físico y capacidad de aprendizaje y, por ende, los afectará a lo largo de toda su vida. Pues bien, como es Ancap quien ha causado tamaño desastre, no pasa nada, a nadie se le ocurre decir que deben cerrar la planta hasta que el proceso tenga niveles de contaminación adecuados o deje de hacerlo, o bien trasladarla a un lugar donde no afecte la salud humana. Si hubiera sido una empresa privada ya las autoridades la hubieran, con razón, cerrado. Algo parecido pasa con algunas industrias (y son varios los casos que se conocen) que, como son gestionadas por los obreros, no se las cierra pero quienes allí trabajan están expuestos a contraer cáncer en función de las nulas medidas de atenuación de impacto con que operan.
Estamos ante un aspecto técnico. Se deben extremar los cuidados para aplicar los estándares más avanzados, lo cual es fácil desde el momento que la inversión es nueva, pero no podemos como país amputarnos la posibilidad de generación de ingresos genuinos si podemos controlar la situación.
LA RENTA. El presidente Mujica ha dicho, y otras fuentes coincidieron, en que el canon anual que dejaría la explotación de la empresa Aratirí sería del orden de US$ 500 millones, un "numerón" si se me permite el término. Más allá de lo imponente de la cifra, lo que se debe evaluar es si la regalía que el Estado cobrará está en consonancia con lo que se cobra en el mundo, esto es si el porcentaje se corresponde con otros, dado el costo de extracción. Desconozco si Uruguay tiene reglas acordes con los estándares mundiales, pero sería adecuado que las tuviera antes que la inversión se lance porque luego no es aconsejable alterarlas.
Salvado este obstáculo, el grato dilema está en qué hacer con el dinero y allí el Presidente apunta en la dirección adecuada. Debo confesar que Mujica no terminó de dar su idea y, por ende, la creación de un fondo anti-cíclico es mi interpretación de sus expresiones. Todos deberíamos apoyar la idea de no gastar ese dinero en erogaciones corrientes. Más allá de ello, el uso de este "regalo del cielo" debe tener un objetivo comprendido y apoyado por la mayoría de la gente. La discusión a dar aquí, también debe apoyarse en criterios técnicos y definir qué porción de ese dinero debe dedicarse a estabilizar el ciclo, lo que dependerá de la importancia de la actividad en el PIB global. De acuerdo a los valores manejados sería importante, pero nada decisivo. Por cierto que inferior al cobre en Chile. Entonces, si bien es importante guardar una porción, no parecería necesario ni conveniente el 100%. El país necesita inversiones de largo plazo que no se han hecho pese a la increíble bonanza, despilfarrada en improductivo gasto corriente, y entonces sería bueno utilizar parte de este dinero para ello. La idea sería definir el porcentaje de dinero a ahorrar a efectos de estabilizar el gasto público y cancelar deuda y el resto utilizarlo en generar bases de crecimiento de largo plazo. Voy a dejar dos propuestas al respecto:
a) la creación de un fondo para becar a los mejores 1.000 alumnos por año para realizar maestrías y doctorados en las mejores universidades del exterior, con el compromiso de retorno a trabajar por determinada cantidad de años en el país. Este dinero suplementaria las becas que ya dichas universidades disponen. Suponiendo 4 años de estudios promedio, insumiría no más unos US$ 40 millones al año. Alternativamente se podría poner ese dinero para traer profesores del exterior a enseñar en nuestras universidades. En 10 años el país habrá dado pasos de gigante hacia el desarrollo;
b) utilizar otra parte, digamos unos US$ 150 millones al año, en infraestructura básica. Cualquiera que haya viajado a países desarrollados se percata que esta es muy buena y, en general, gratis o de bajo costo para el usuario.
Todo indica que estamos ante una oportunidad, no deberíamos desaprovecharla.