JAVIER DE HAEDO
Resulta oportuno analizar los resultados publicados por el Banco Central del Uruguay (BCU) con relación a los indicadores de tipo de cambio real (TCR) al cierre de 2011, para lo cual es necesario hacer, previamente, dos precisiones metodológicas. Una, las series que mensualmente publica el BCU se inician en el año 2000 y tienen base 100 en ese año, pero hasta hace unos años publicaba series con inicio en el año 1977, por lo que mediante el empalme de ambas se puede contar hoy con series muy extensas al menos para la relación bilateral con ambos vecinos, con el promedio de la extra región y con el promedio de todo el mundo. Dos, en el BCU los indicadores correspondientes a Argentina se realizan considerando la inflación oficial, producida por el Indec, y no la real, que acumula con la oficial una brecha de 78% desde mediados de 2006, cuando el Indec comenzó a mentir.
Como se dispone de series alternativas, provinciales y privadas, se puede reestimar el IPC verdadero, que hoy supera al oficial en la magnitud referida. Los indicadores acá presentados tienen en cuenta esta corrección. En cambio, no presento indicadores "globales", es decir, representativos de la relación de TCR entre Uruguay y todo el resto del mundo, ya que el que produce el BCU está contaminado por el efecto Indec y no cuento con estimaciones que lo subsanen, como sí tengo en el caso argentino. Por otra parte, hablar hoy de indicador global de TCR, en un contexto que como se verá tiene tantas diferencias entre región y extra región, sería caer en aquello de que "en los promedios se ahogan los petisos".
Veamos primero los números, para lo cual preparé el cuadro que ilustra esta página. Allí se presentan, para los últimos siete años (a diciembre de cada año) y para Argentina, Brasil y el promedio de la extra región, las series con los respectivos índices de TCR con base 100 en el promedio de 1977 a 2011. Es decir que he elegido como base 100 el promedio histórico de la serie más extensa disponible. Luego se presentan los tipos de cambio observados y "de equilibrio" con cada uno de esas contrapartes para cada fecha, definiéndose el equilibrio como el nivel 100 del promedio histórico. O sea, cuánto debería valer el dólar acá en cada momento para estar en cada caso en el respectivo promedio histórico.
¿Qué dice el cuadro? Con respecto a Argentina, dice que en todos los últimos años hemos estado por debajo del equilibrio y que recientemente hemos mejorado hasta tener un "atraso" de solo 10%, por lo que el precio del dólar que nos situaría en el promedio histórico debería ser de $ 22,20 en lugar de los $ 20 observados (datos de diciembre). En el caso de la relación bilateral con Brasil, sucede lo contrario: en todos los años allí referidos hemos estado por encima del promedio histórico, pero a fin de 2011 estábamos en uno de los niveles más bajos de ese período, con un "adelanto" de solo 8%, por lo que el precio del dólar que nos pondría en el promedio histórico sería de $ 18,50 en vez de los $ 20 observados. Cabe señalar que desde fin de año la ventaja con Brasil se amplió considerablemente al caer mucho más allá que acá el precio del dólar. Finalmente, si consideramos el promedio de la extra región, nos encontramos con un firme deterioro desde el "equilibrio" de 2005-2006 hasta la situación actual con un "atraso" de 34%. En este caso, el 100 del promedio histórico se alcanzaría con el precio del dólar en $ 30,20.
Los datos que ahora publica el BCU abren la categoría "extra región" en varios países. Y esas series muestran que el 34% de TCR que se perdió en los últimos años ha sido bastante parejo: 48% con el Reino Unido, 45% con Méjico, 39% con Alemania, 38% con Italia, 37% con Estados Unidos y España y 17% con China.
El panorama es claro: hoy, como es habitual y lógico, estamos "pegados" a la región y si bien estamos un poco mejor con Brasil y un poco peor con Argentina, en promedio estamos en "equilibrio". Y como nuestra región está muy cara y se ha encarecido mucho respecto al resto del mundo, venimos de un firme deterioro con fuera de la región y estamos en niveles poco competitivos con esa parte del mundo.
La evolución histórica del TCR en Uruguay es esa misma: en el corto plazo seguimos al barrio y a la larga ajustamos (en general de manera abrupta) cuando el barrio ajusta. Es inevitable estar pegados a la región en el corto plazo, y nos alejamos y acercamos al resto del mundo junto con ella. En otras palabras, salvo que hiciéramos muy mal las cosas (lo que no es previsible), nuestro tipo de cambio nominal (y real) solo cambiará de manera abrupta cuando lo hagan los vecinos, uno de ellos o los dos. Tarde o temprano esto volverá a ocurrir, como tantas veces en el pasado. Ni nosotros ni nuestros vecinos hemos hecho reformas de tal magnitud que nos hayan permitido descontar la ventaja que en materia de productividad nos lleva el resto del mundo y por lo tanto no están dadas las condiciones para admitir en forma permanente los actuales tipos de cambio, que son producto de la burbuja producida por las tasas de interés casi nulas. Por lo tanto, no debemos dejar de tener presente la referencia implícita en el TCR con la extra región, a la que tarde o temprano habremos de converger.
¿Cuál de los vecinos es más importante para Uruguay? Cuantitativamente hablando son parecidos, a cada uno de ellos hoy le exportamos (bienes y servicios) por unos US$ 2.000 millones anuales. Sin embargo, cualitativamente sigue pesando mucho más Argentina ya que a ese destino exportamos fundamentalmente turismo y bienes que no tienen destinos alternativos porque son producto de la vieja sustitución de importaciones en su versión Mercosur. En cambio a Brasil exportamos fundamentalmente bienes de origen agropecuario con diversos niveles de industrialización, para los que se pueden encontrar más fácilmente mercados alternativos. Entonces, la exportación a Argentina es intensiva en mano de obra y en impuestos, mientras que la realizada a Brasil lo es mucho menos. Una crisis en Argentina nos pegaría mucho más que una en Brasil, en el ingreso de los hogares, en el empleo y en la recaudación impositiva.
Dicho sea de paso, con el dólar en $ 20, nuestro PIB fue el año pasado del orden de los US$ 46.500 millones y, en términos per cápita, de unos US$ 15.000. Esto no significa que entramos a jugar en las grandes ligas del desarrollo ni mucho menos. Ajustado por el TCR de largo plazo, el PIB apenas supera los 30 mil millones de dólares y, en términos per cápita, los US$ 9.000.