La localidad de Alpha, ubicada en el estado de Queensland, Australia, sólo tiene 400 residentes, incluido un chofer de ambulancia de media jornada y un policía solitario, según Mark Imber, de Waratah Coal, una empresa de prospección. Pero durante los próximos años debería quintuplicar sus dimensiones gracias a una inversión de 7.500 millones de dólares australianos (7.300 millones de dólares estadounidenses) que realizará su empresa junto con la Corporación Metalúrgica de China, una empresa estatal dedicada a la industria minera y metalúrgica. Esta construirá la mina de carbón más grande de Australia, así como una línea ferroviaria de 490 km para transportar el recurso hacia la costa y desde allí, hasta las voraces fauces industriales chinas.
Es amplio el impacto de la economía china en el mundo, desde pequeños pueblos hasta grandes mercados. Según el Instituto Mundial del Carbón, China representaba alrededor del 46% del consumo global de este recurso en 2009, así como consume una porción similar del zinc y del aluminio producido en el ámbito mundial.
En 2009, utilizó dos veces la cantidad de acero crudo empleada por la Unión Europea, Estados Unidos y Japón en conjunto. Adquirió más autos que Estados Unidos durante el último año y en 2010 parece estar encaminada a superar el nivel de compra de teléfonos celulares de todo el resto del mundo en su conjunto, afirma el banco de inversiones China First Capital.
En el gigante asiático, un índice de crecimiento del 9,6% (registrado en el año hasta el tercer trimestre) representa una desaceleración. Según el FMI, China representará casi una quinta parte de crecimiento mundial este año; considerando la paridad del poder de compra representará un poco más que solamente un cuarto.
En los primeros 25 años de ascenso, la influencia de China fue más visible en el saldo final de los estados corporativos, dado que permitía que las empresas redujeran costos. Audi, la fábrica alemana de autos de lujo, vendió más vehículos en China (incluida Hong Kong) que en el ámbito local durante el primer trimestre. Komatsu, de Japón, acaba de recibir una orden de compra de 44 "camiones volcadores superlargos" de la minera de carbón más importante de China.
The Economist creó el "índice Sinodependency", que comprende 22 miembros del índice S&P 500 del mercado de valores estadounidense con una alta proporción de ingresos en China. Este índice es ponderado por la capitalización de mercado de las empresas y la participación de los ingresos que obtienen de China. Esto incluye a Intel y a Qualcomm, ambas fabricantes de chips; Yum! Brands, propietaria de KFC y otras cadenas de restaurantes; Boeing fabricante de aviones y Corning, un fabricante de vidrio. Este índice superó el índice más amplio de S&P 500 en un 10% durante 2009, cuando la economía de China dejó atrás a la estadounidense por más de once puntos porcentuales. Sin embargo, volvió a converger en abril, mientras que el gobierno chino lidiaba con una naciente burbuja inmobiliaria.
China es, en sí misma, una parte importante y dinámica de la economía mundial. Solo por ese motivo es que hará una importante contribución al crecimiento mundial este año. La pregunta más difícil es si puede hacer una gran contribución al crecimiento del resto del mundo.
Actualmente, China es el mercado de exportación más importante para países tan distantes como Brasil (representó el 12,5% de las exportaciones brasileñas en 2009), Sudáfrica (10,3%), Japón (18,9%) y Australia (21,8 por ciento). Aunque las exportaciones son sólo uno de los componentes del PIB. En la mayoría de las economías de cualquier dimensión, lo que más importa es el gasto interno. De esta manera, las exportaciones hacia China únicamente representan el 3,4% por del PIB en Australia, el 2,2% en Japón, el 2% en Sudáfrica y el 1,2 por ciento en Brasil.
Por supuesto que las ganancias por exportaciones pueden tener un efecto dominó en toda una economía. En Alpha, la perspectiva de venta de carbón hacia China está estimulando la inversión en las minas, en las líneas férreas y probablemente, incluso, en vigilancia. Pero estos "multiplicadores" rara vez superan 1,5 o 2, es decir: rara vez superan la duplicación de la contribución al PIB. Además, del mismo modo que la expansión de las exportaciones suma al crecimiento, las importaciones en expansión restan. Con China, la mayoría de los países fuera del este de Asia sufrieron un deterioro en su balanza comercial entre 2001 y 2008. Por la simple aritmética del crecimiento, el comercio con China realizó una (pequeña) contribución negativa, no positiva.
INFLUENCIA REGIONAL. China ocupa un papel más importante en las economías de sus vecinos inmediatos. Las exportaciones hacia China representaron más del 14% del PIB de Taiwán el último año y más del 10% del de Corea del Sur. Pero, según una serie de estudios, aproximadamente la mitad de las exportaciones del este asiático hacia China consiste en componentes, como semiconductores y discos rígidos, que en última instancia se exportan hacia todos lados. En estas industrias, China no es tanto un "motor" de demanda como una "correa de transmisión" de demanda que se origina en cualquier otro punto.
Sin embargo, la porción de repuestos y componentes en sus importaciones está disminuyendo. De un índice de casi el 40 por ciento, hace una década, cayó al 27 por ciento en 2008, según un artículo reciente de Soyoung Kim, de la Universidad nacional de Seúl, en el cual también participaron Jong Wha Lee y Cyn Young Park, del Banco de Desarrollo de Asia. Según esos artículos, esto refleja la "transformación gradual de China por medio de la cual pasó de ser la fábrica mundial a ser cada vez más el consumidor mundial". Gabor Pula y Toumas Peltomen, del Banco Central Europeo calculan que las economías de Filipinas, de Corea del Sur y de Taiwán actualmente dependen más de la demanda china que de la estadounidense.
El comercio no es la única manera de que las altas y bajas de China puedan tener efectos indirectos sobre el resto del mundo. Sus compras de activos extranjeros mantienen bajo el costo del capital y su apetito de materia prima mantiene alto su precio, para beneficio de los productores de bienes básicos donde sea que vendan su mercadería. Su éxito puede estimular la confianza y la productividad. Un intento por medir estos amplios efectos indirectos es el tema de un artículo escrito por Vivek Arora y Athanasios Vamvakidis del FMI. Según sus cálculos, si el crecimiento de China se acelerara en un punto porcentual durante un año, esto incrementaría el PIB del resto del mundo en un 0,4 por ciento (alrededor de 290.000 millones de dólares) al cabo de cinco años.
A partir de la crisis, China ha demostrado que su economía puede crecer, incluso cuando la de Estados Unidos se reduce. No depende por completo de la economía más importante del mundo. Pero eso no significa que la pueda sustituir. En abril, Bank Credit Analyst, una empresa independiente de investigaciones, preguntó qué sucedería si China sufriera un "aterrizaje forzoso". Su respuesta a esta pregunta "apocalíptica" fue bastante "benigna". Según destacó Japón representaba a principios de la década de 1990, una parte más grande del PIB de lo que China representa en el momento actual.