JULIO PREVE FOLLE
Una vez más el Secretario de Comercio de la Argentina, Guillermo Moreno, representante del gobierno Kirchner, ha determinado restricciones a la importación de alimentos. Para ello ha acudido a una metodología que le es afín, la presión patotera sin norma jurídica sobre los supermercados. En concreto los ha amenazado si importan alimentos que a la vez se fabrican en ese país, los que de esta forma quedan protegidos por la razón de la fuerza, camino elegido por el gobierno argentino no sólo para hacer política económica, sino para deteriorar relaciones comerciales y políticas recogidas en tratados como, por ejemplo, el del MERCOSUR.
Como violación a la lógica regional, en esta ocasión se agrega un agravio más, que consiste en excluir de la prohibición a los productos brasileños, violando así normas básicas mucho más viejas como el principio de la nación más favorecida, entre otros.
SECRETARIO. Este funcionario se ha hecho famoso por varias intervenciones. Una de ellas fue la destrucción del INDEC, el instituto oficial de estadísticas. Pero no es la única intervención notoria. Son conocidos sus intentos de controlar por la fuerza a Papel Prensa, una empresa que distribuye el papel para muchos periódicos, propiedad de La Nación y Clarín, y minoritariamente del Estado. Es conocido también por sus presiones sobre empresarios incluso apelando a amenazas y ya es legendaria la llamada "escuelita", reunión a la que deben concurrir los frigoríficos semanalmente para saber a cuánto pueden vender la carne. Se lo responsabiliza asimismo, de la política de destrucción de precios libres en el agro, aunque aquí es apenas ejecutor de un modelo que ha resuelto privilegiar al mercado doméstico por sobre el modelo exportador, y para ello aplica detracciones, prohíbe exportar, establece cuotas, luego quiere compensar con subsidios, etc. Todo muy viejo y con resultados a la vista en escasez y precios altos al público en razón de ella, pero bajos al productor a quien no se le reconoce lo que llaman eufemísticamente el "precio pleno" de la exportación. Así, un productor que va a plantar trigo no sabe si se autorizará la exportación, si se lo hará en cupos y de cuánto serán estos, cómo se distribuirán entre los exportadores, cómo trasladarán estos el precio según su acuerdo en la venta interna de harina... Y si se logra exportar cuál será el nivel real de la detracción, compuesto de una alícuota y un precio oficial. Es imposible estimar un precio así, o realizar coberturas financieras. Pero, además, hay que prever los movimientos en el tipo de cambio real, con una inflación de más del 22% con una devaluación casi nula, con un banco central con patente para intervenir con sus reservas sin límite alguno.
A todas estas incertidumbres provenientes de precio de los productos, hay que netearlas con subsidios a la producción o al uso de insumos discutidos caso a caso, y cobrados con dificultad. Por ejemplo, un ganadero no sabe por lo que mencioné lo qué valdrá su ganado; a ello deberá agregar algún subsidio directo, algún otro al uso de maíz financiado con detracciones a éste... En definitiva, intervención sobre intervención y finalmente éstas desarrolladas a pura presión sobre los supermercados y sin norma jurídica.
PRODUCTOS AFECTADOS. Yo creo que no es éste el tema. Por qué. Argentina podrá aducir con razón que de nuestras exportaciones a ese país, entre los 10 productos más relevantes, que suponen casi el 50% en valor, no hay ni un solo alimento. En efecto, hay allí esencialmente autopartes, tractores, automóviles, caucho, papel. A ese punto podría responderse señalando que nuestra cuenta comercial con Argentina ya es deficitaria en mil millones de dólares. Pero esto tampoco es relevante del todo, porque el balance en servicios es exactamente al revés por el turismo. O sea que la conversación no debe establecerse nunca en los bienes, menos en el caso a caso, sino en el tema relevante, es decir en el sistema de reglas que se encuentra totalmente agraviado. Lo estaba antes por el licenciamiento previo general que afecta a nuestros productores textiles; y lo estaba también por todo el régimen de detracciones. Sigue ahora con esta prohibición de importación de alimentos, no solo violatoria de cualquier tratado sino asimétrica por cuanto deja afuera a Brasil, competidor nuestro para muchos productos en ese mercado.
Claro está que nuestro vecino norteño también propone limitar las importaciones de nuestros lácteos, resultando todo en un carnaval sin reglas ni medida respecto de aquello que oportunamente se firmó.
REGLAS. El respeto por el sistema de reglas, algo que ha caracterizado siempre a nuestro país, no debe dejarse de lado por la tentación momentánea de responder con la misma moneda. Yo sé que esto es difícil, pero un país chico no tiene otra alternativa que abrazarse al sistema de reglas, aunque a veces parezca ingenuo. Afortunadamente, la semana pasada, el gobierno nacional recogió el fruto de ese respeto en inversión de calidad por nada menos que 1.900 millones de dólares. Esta nueva empresa papelera, tanto como antes otras tantas, destacan siempre lo mismo cuando explican por qué escogen el Uruguay: la ventaja del país respecto de la región en el respeto al sistema de reglas, al clima inversor, etc.
Si habrá que cuidar este activo que tenemos por la fidelidad de siempre a este principio, incluso cuando costó sangre respetarlo, por ejemplo en la crisis del 2002 no declarando el default cuando algunos lo pedían. En cambio, por todos estos agravios a la calidad institucional, Argentina no tiene inversión, salvo la asociada al gasto público, padece fuga de sus capitales, no tiene crédito externo y, por no tenerlo, su déficit fiscal solo puede atenderse con emisión monetaria o movimiento de reservas, lo que asegura inflación y, con un dólar quieto, retraso cambiario.
En definitiva, las trabas al comercio mediante violaciones al sistema de reglas domésticas o de tratados internacionales, siempre se pagan, al menos en países chicos como Argentina o nosotros, en caída de inversión.
Probablemente ya sea tarde para buscar un nuevo relacionamiento con nuestros vecinos que incluya el respeto integral y a ultranza de la libre circulación, también para sus pollos, su vino y sus frutas y verduras, que debió plantearse con el nuevo gobierno. Pero nunca lo será para mantener el apego de siempre al sistema de reglas que prometemos cumplir aunque a veces resulte muy duro hacerlo.