ISAAC ALFIE
Las relaciones con Argentina siguen dando que hablar. Las declaraciones públicas abarcan un amplio abanico, desde jerarquías del gobierno, los partidos de oposición, las cámaras empresariales, hasta la desafortunada intervención del embajador de ese país en Uruguay. Nuestro vecino impuso limitaciones al comercio exterior que fueron en aumento a lo largo de 2011 y, luego de las elecciones de octubre, su gobierno estableció un severo control sobre los movimientos de divisas, que se va "perfeccionando" con el transcurrir de los meses. Debemos partir de la base que a nadie le gusta establecer controles y limitaciones y, en tiempos de paz, si los instaura es por necesidad; seguramente porque su política es errada y su puesta en vigor no es otra cosa que el reconocimiento implícito del fracaso, pero por necesidad al fin.
Desde hace mucho tiempo una serie de políticas que aplica el gobierno argentino se saben erradas y conducentes a situaciones desastrosas. Primero el mundo de la exuberancia, hasta mediados de 2008, y luego el de la represión financiera en los países desarrollados, con tasas de interés real muy negativas, masiva emisión monetaria y desconfianza en el sector financiero, permitió y permite a esta parte del mundo tapar cualquier error u horror. Eso está pasando, pero el tiempo acumula distorsiones y éstas aumentan la presión, lo que vuelve inevitable el final. Si el deseo es evitar el ajuste indefectible, como es el caso, entonces se toman este tipo de medidas para seguir ganando tiempo. El punto es que ganar tiempo sirve cuando se toman medidas de fondo, porque evitan traumáticos acontecimientos, pero si dichas medidas no se encaran, solo sirve para aumentar la distancia entre la realidad actual y el equilibrio de largo plazo al cual indefectiblemente se habrá de llegar, por las buenas o por las malas.
HISTORIA. Todo empieza cuando sobre fines de 2001 (*), en medio de la marcha peronista y ante una alborozada barra de legisladores, el presidente Adolfo Rodríguez Saa declara la cesación de pagos. Un dantesco espectáculo de insensatez, más que el hecho en sí, que a esa altura parecía obvio, el entorno y los festejos, seguramente parecido a los goles de Kempes en 1978 o el de Burruchaga en 1986. A partir de esa fecha toda una serie de medidas, a cual peor, comenzaron a tensar las cosas. Pesificación asimétrica, imposición de impuestos leoninos a las exportaciones, cambios fiscales que, con una inflación de más de 100% implicaron una expropiación mediante el cobro de un impuesto a ganancias inexistentes, congelación de tarifas, subsidios en pirámide, negación de cualquier tipo de negociación con los acreedores para salir de la cesación de pagos ordenadamente y recuperar el crédito internacional, son algunas de las medidas que jamás tuvieron la necesaria marcha atrás.
Ciertamente en su momento esperé que una vez lograda una relativa estabilidad, el gobierno argentino daría los pasos para restablecer condiciones normales. Primero me lo imaginé en 2004- 2005, luego cuando el cambio de gobierno a fines de 2007. Es claro que me equivoqué y desde hace unos años perdí toda esperanza que los actuales gobernantes retornen la senda de la sensatez.
CUASI AUTARQUÍA. Con este trasfondo sucede que Argentina no tiene acceso al crédito internacional, salvo el "crédito amigo" de Venezuela (más caro que el del mercado voluntario interno) y, por tanto, carece de posibilidades reales de endeudarse con el resto del mundo a efectos de financiar un mayor consumo o parte del servicio de deuda, entonces recurre a la inflación y la represión para "cerrar" las cuentas. Un ejemplo nos ilustrará. Uruguay tiene déficit fiscal, por tanto el sector público no solo no puede amortizar deuda, sino que también necesita cada año dinero extra para pagar sus cuentas recurrentes. Es decir, de nuestro servicio de deuda (capital e intereses), al capital nos lo renuevan y además nos prestan para cubrir parte, entre 40 y 50%, del total de intereses. Sin embargo, no hay ninguna limitación en la compraventa de divisas ni en el comercio exterior, en este último caso por fuera de hechos puntuales que siempre existieron y existirán. Lo que hace nuestro país es pedir prestado (emisiones de bonos) y con ello paga su déficit, además de renovar el capital de deuda. Argentina no puede hacerlo, porque el mercado no le presta, entonces a efectos de no caer en un nuevo default debe generar las divisas mediante un superávit de la cuenta corriente del balance de pagos. Así, las exportaciones de bienes y servicios deben superar a las importaciones y las remesas de intereses y utilidades al exterior, en una magnitud tal que permita al Banco Central comprar los dólares que luego dará al gobierno para pagar su servicio de deuda. Una alternativa de corto plazo es perder reservas y, entonces, hacer mucho más ruido cuando la realidad llegue. En este año se estima que las necesidades son del orden de los US$ 10.000 millones. A su vez, la cada vez más fuerte necesidad de importar energéticos, hace que el superávit en el resto de los bienes y servicios deba ampliarse frente al año anterior.
Para generar el superávit se imponen restricciones a las importaciones de bienes, que disminuyen "a prepo" el consumo, pero también afectan a las industrias locales porque le faltan insumos y con ello se frena toda la actividad. Ello se sabe y entonces, con el objetivo de maximizar cuanto se pueda la importación de bienes, se impusieron controles sobre la compra de divisas los que, supuestamente, evitan la fuga de capitales, o al menos el pasaje del dinero desde el sistema al colchón o cofre, y la salida de turistas porque no tienen el dinero. En los hechos evitar no los evita, pero sí los disminuye en su ritmo lo que "estira" su duración. El año pasado la fuga de capitales fue de unos US$ 23.000 millones, casi 5% del PIB, sideral.
PRESENTE. Argentina hoy casi no exporta carne y ya en 2004, Uruguay exportó una cifra similar a la del "país de la carne". A fines de los noventa exportaba gas y petróleo de manera abundante. El 40% del total de la producción de gas "le sobraba". Hoy importa gas porque le falta y también derivados del petróleo. Son solo ejemplos que pautan el fondo de las cosas.
La realidad argentina marca que el gobierno "cierra" su cuenta, donde el déficit es grande y creciente con toda suerte de artilugios, especialmente desde el Banco Central. Así han inventado las utilidades del BC, básicamente por "diferencias de cambio" entre la compra y venta de dólares, los anticipos transitorios, el traspaso de deuda desde el gobierno al Central y toda suerte de "solución imaginativa" que se pueda concebir. En buen romance, se emite para financiar el déficit del gobierno y comprar los dólares necesarios para realizar pagos de deuda al exterior. Su consecuencia es una inflación alta para los parámetros mundiales actuales, que además de informarla mal, está reprimida. También se ha recurrido a la banca pública nacional y provincial para financiar déficit y están "dibujando" reservas mediante artilugios contables.
FUTURO. Nada nos hace pensar en un cambio de política macro. Como lo que vemos es consecuencia de estas políticas, lo único que debemos esperar son dificultades, diría que crecientes. Nuestra "alternativa" es que Argentina nos trate mejor que al resto y entonces nuestro comercio sea en términos relativos más libre que con otros y haya menos restricciones para operar con divisas de los turistas dentro de la ficción llamada Mercosur que fuera de ella. Muy difícil. El mayor inconveniente es, una vez más, que la supuesta ventaja del acceso desde Uruguay a un mercado ampliado es mentira.
Los problemas son grandes y cada vez serán peores. Tan grandes son que reaparecieron Las Malvinas, como desde hace más de treinta años cada vez que "la situación interna lo requiere", no importa el gobierno. Ante ello, debemos tener claro que Argentina no hará otra cosa mientras mantenga su errada política económica, sencillamente no lo puede hacer si quiere estirar la agonía. Mientras las condiciones de la economía mundial sigan siendo las descritas al inicio de esta columna puede que aguante, -no es seguro, pero la chance existe-, el día que cambien será fácil adivinar el fin.
(*) En realidad los errores comienzan cuando Cavallo reasume como Ministro de Finanzas a fin de marzo de 2001.