DANIELA BLUTH
Beatriz Silva aceptó subir a los andamios que colgaban del techo del Mercado Agrícola con "un susto de película". El desafío no estaba en sus planes, pero no podía defraudar a Julio, el capataz de la obra, quien la había invitado a colocar la última tabla del nuevo techo tras más de un año de trabajo. Con un cinturón de seguridad comprado especialmente para ella y con la hinchada de todo su equipo, iba a tener el honor de dar el martillazo final. "Desde allí, en el último agujero del techo sin recubrir, observé a todos mis compañeros que me saludaban desde abajo tirando cohetes y bombas brasileras. Mis lágrimas no me dejaban ni verlos, pero me sequé el rostro y pegué los últimos martillazos sobre la última tabla. Una etapa importantísima había sido lograda, nos esperaban otros desafíos", recuerda Silva, directora del Mercado Agrícola de Montevideo (MAM) desde 2005, en el libro que cuenta la historia del emblemático edificio y su entorno, y que es también un eslabón del largo proceso de transformación que comenzó hace cinco años y cerrará una etapa fundamental en diciembre de 2012.
Es que el imponente mercado del barrio Goes está cambiando. La imagen de una mole en decadencia, con pilares corroídos, paredes resquebrajadas, vidrios rotos y montañas de escombros en cada rincón, forma parte del pasado. Los ocho mil metros cuadrados que ocupa están siendo recuperados y adecuados a los tiempos que corren con inversión pública y privada, convirtiendo el tradicional punto de venta de alimentos de la ciudad en un mercado moderno y multifacético.
Atrás quedarán la venta mayorista que lo caracterizó hasta ahora, y el recinto se transformará en un mercado minorista de frutas, verduras, carnes y alimentos de todo tipo. Además, tendrá restaurante, farmacia, locales de artesanías, plaza de comidas, sala teatral, sector de oficinas y hasta un supermercado.
"Cuando uno se encuentra con un monumento histórico ruinoso, los agentes que influyeron para llegar a eso fueron varios, desde un mal mantenimiento hasta patologías en el proyecto inicial, pero siempre detrás hay graves problemas de gestión", explica el arquitecto Carlos Pascual, a cargo del proyecto de recuperación y director de obra. "Entonces lo que hay que averiguar es si la actividad que allí se realiza es viable o no. Este edificio, por ejemplo, está hecho acá porque en este lugar, ya en el siglo XVIII y a cielo abierto, se comercializaban frutas y verduras. Hay una vinculación histórica, aquí se unen el campo y la ciudad". Funcionario municipal desde 1980, Pascual también proyectó la remodelación del Teatro Solís y del Teatro de Verano.
La financiación de la obra corre por cuenta de la Intendencia de Montevideo, mientras que un fondo de diez millones de dólares del BID se volcó a la gestión del proyecto y su puesta en marcha.
LA CONQUISTA. En ningún momento las puertas del Mercado se cerraron, ni a los vendedores ni a los clientes. Los puestos fueron rotando, unos meses aquí, otros meses allá, mientras se arreglaba todo el techo, se nivelaban los pisos y se reconstruían cada una de las fachadas. "Lo que hicimos fue respetar el edificio existente, no hacer arquitectura para resolver el problema. Este es el edificio que hay, tiene su lógica y su calidad, lo demás se tiene que adaptar a él", asegura Pascual.
En el proceso de recuperación, el equipo de trabajo debió recurrir a distintas estrategias. Algunas partes hubo que restaurarlas, otras se sustituyeron por piezas similares y otras se construyeron de cero. Pascual ejemplifica: mientras en la fachada sobre José L. Terra se hizo un trabajo de "restauración meticulosa" donde 90% del material es original, en los muros frente a la emblemática Alpargatas se trató de una "reconstrucción científica" a partir de planos y fotos centenarias. Ahora allí hay figuras simbólicas que, por su estado de deterioro, seguramente el público desconocía, como las cabezas de vaca, las víboras y los jarrones que decoran los pórticos principales.
El sótano, casi tan extenso como el mercado en sí, es un mundo aparte. "Así era la tónica cuando lo encontramos, dice Pascual señalando zonas "aún no conquistadas" con montañas de puertas en desuso, piezas de metal herrumbrado y restos de láminas de corcho podridas. Cuando llegaron había cinco centímetros perpetuos de agua sucia y ninguna vía de ventilación. Sólo sacar los escombros les llevó dos años.
LA GESTIÓN. Lourdes Duarte (foto central) tiene un puesto de frutas y verduras hoy ubicado en el centro del Mercado. Ya la cambiaron de lugar dos veces, y aunque está ansiosa para que la obra termine no se muestra molesta. "Algo de cómo va a ser sabemos, pero las cosas van cambiando", dice. Como ella, son unos 25 los concesionarios que actualmente trabajan en el recinto y quieren permanecer en la nueva gestión. Según el proyecto, habrá capacidad para 100 locales, aunque algunos comercios pueden alquilar dos. Todos tienen el mismo diseño y la misma capacidad, unos 28 metros cuadrados.
Para ayudar a la imaginación, Pascual viajó a conocer varias experiencias similares en España y algunos de los concesionarios fueron invitados a recorrer mercados de Buenos Aires. Roberto Belloni, propietario de la pescadería, fue uno de los que aceptó el desafío y volvió cargado de ideas. "Antes tenía miedo, pero ahora veo que muchas cosas son posibles", dice y anuncia que seguramente sume a su negocio un puesto de elaboración de platos con pescados y mariscos. "Va a haber más oferta, más circulación, más servicios... va a venir más gente", imagina con ilusión. A diferencia de lo que ocurre hoy, el mercado abrirá todos los días de 8 a 22 horas y será peatonal. Los vehículos, deberán estacionar en la explanada exterior.
El fin de la obra civil está previsto para el próximo diciembre. Y a partir de allí comienza una nueva etapa. "Del objetivo principal, que era salvar el edificio, recién ahora podemos estar tranquilos. No sé si tiene una sobrevida de cien años más, pero de 50 seguro. Además, ahora tendrá un contenido bien pensado e ingenioso", concluye Pascual.
UN GOES PUJANTE
Obra del arquitecto Antonino Vázquez, su construcción comenzó en 1906. "No es exagerado hablar de un antes y un después del Mercado. Su diseño austero y moderno, su contemporaneidad con las ideas más avanzadas en materia higienista y bromatológica, la artística portada, fueron un motivo de orgullo para los goenses. A su vez el nuevo emprendimiento representaba una reactivación económica y los pantalones largos de esta gran barriada de inmigrantes". (Fragmento de Goes y sus circunstancias, de Fernando Loustaunau, en el libro Mercado Agrícola).