Pulsera magnética para delincuentes

| En otros países, el GPS se ha instalado para evitar reincidencia de presos, o hacinamiento en cárceles.

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MARTIN FABLET

La sociedad se debate respecto a la posibilidad de convertir a nuestros delincuentes en ciudadanos de bien. La fórmula aún no la hemos descubierto ni mucho menos puesto en práctica. Algunos delincuentes consiguen cursar y aprobar maestrías dentro de los penales, generando así "profesionales" más capaces. Muchos son los presos y pocas son las cárceles, y esta condición es prácticamente excluyente. El problema de hacinamiento es mayúsculo. Por ello no hemos enfrentado aún, detalles como la imposibilidad de rehabilitación.

El lunes pasado el Tribunal Supremo de Estados Unidos sentenció a favor del Gobierno Federal Norteamericano, permitiéndole retener de forma indefinida a ciertos delincuentes sexuales, por inferir que no están rehabilitados. (Pese a que estos delincuentes ya han cumplido su condena, la justicia entiende que no están aptos para reintegrarse en la sociedad y que nunca lo estarán). El argumento es que estos individuos son "sexualmente peligrosos".

"El Gobierno Federal Norteamericano tiene la obligación de mantener recluidos a los delincuentes y también proteger a las comunidades del potencial peligro que representan estos presos una vez que sean liberados" explicó Breyer, magistrado de la causa.

Esta postura tiene un antecedente en el mes de enero. La procuradora general de los Estados Unidos, Elena Kagan, dio a conocer un estudio realizado por autoridades penitenciarias donde se constataba la detección de unos 15.000 internos con antecedentes de violencia sexual o abusos de menores.

Curiosamente sólo 105 habían sido declarados enfermos mentales y se había establecido una duda "razonable" de que cometerían nuevos delitos en el futuro.

Para algunos especialistas en delitos sexuales en los Estados Unidos, hay ciertas conductas delictivas que son imposibles de subsanar. Están profundamente arraigadas en la esencia del individuo, condicionando por siempre su comportamiento.

De los 188.000 presos que actualmente cumplen penas en cárceles federales, el gobierno de Estados Unidos ha aplicado la facultad de prolongar la privación de libertad a un total de 105 individuos.

Una veintena de Estados de la Unión también han aprobado legislaciones que autorizan prolongar la custodia de condenados asociados con violencia sexual u otras enfermedades mentales.

por estos lares. La semana pasada se comunicó conmigo una señora que había sido rapiñada por el mismo delincuente dos veces. Una el año pasado, y otra hace unas pocas semanas.

En nuestro país resulta patético constatar como los delincuentes no pierden las mañas. Reinciden apostando a la misma forma delictiva.

Por ello parece poco inteligente no tomar recaudo de ello. Existen formas de control no tan drásticas como la que pretenden implementar en los Estados Unidos.

Las pulseras magnéticas o con GPS podrían ser una solución a muchos problemas; desde ya al hacinamiento y el control de la reincidencia.

Desde hace algún tiempo, en Barcelona, un centenar de presos pueden cumplir la condena en su domicilio.

Todo ello gracias al control realizado por pulseras dotadas de un dispositivo GPS. El Ministerio del Interior Catalán pretende ampliar este recurso, ya que resulta más barato que la estancia en una prisión o en un centro de régimen abierto. Además de permitir una mejor reinserción del condenado en la sociedad.

En la provincia de Mendoza (Argentina), la utilización de pulseras magnéticas para el seguimiento de presos en fase de confianza, obtuvo media sanción en Diputados.

El sistema de pulsera magnética funciona en realidad como tobillera. Ésta, cuenta con un transmisor que emite una señal que es recibida por los operadores del Servicio Penitenciario. De esa manera se determina en tiempo real y en forma precisa la ubicación del convicto.

Soy consciente de que este tipo de herramienta es un paliativo y probablemente conspire o restrinja la libertad de las personas (en este caso individuos que han cometido un delito), pero también entiendo que de alguna forma el Estado debe garantizarnos que al menos, no seremos víctimas del mismo delincuente, como sucede tan a menudo. Es como muy tonto.

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