TOMER URWICZ
Llega cada uno por su cuenta, no se conocen, jamás se vieron, pero no tienen problema en posar juntos para una foto. Los de izquierda y de derecha están unidos, en un mismo encuadre y bajo la mirada atenta del lente de una cámara. Parecen hermanados a pesar de los colores partidarios y hacen posible lo que en países como Egipto o Venezuela sería un milagro. No hay vencidos ni vencedores, simplemente jóvenes unidos por el placer de militar en política.
"¡Jóvenes eran los de antes!"; "¡La juventud está perdida"; "¡La muchachada sólo quiere sexo, droga y rock and roll!"; y otros tantos estigmas penden sobre las espaldas de quienes deciden dedicar parte de su tiempo a la actividad político-partidaria. ¿Por qué lo hacen? Revista Domingo reunió a un militante de cada uno de los cuatro partidos con representación parlamentaria e indagó sobre sus motivaciones. El único requisito era que todos debían haber ingresado a la actividad hace menos de un año, para conocer de primera mano la efervescencia inicial.
En sus discursos, mezcla de casete político y una jerga propia de la edad, los jóvenes coinciden en que la necesidad de aportar su granito de arena a la sociedad y materializar su sentimiento en horas de discusiones y actividades son la razón principal de su militancia. A diferencia del activismo en otros grupos sociales, en la política encuentran un lugar "donde realmente se influye a nivel macro", dice Guillermo Bolón (24), integrante de la Juventud Socialista del Frente Amplio. "Se puede generar impacto en el ciudadano", acota Federica Tripaldi (24), del Partido Nacional. "Vivimos en una sociedad altamente politizada y es posible concientizar a la gente desde la política; es difícil encontrar a un joven que no tenga claro lo que va a votar", agrega Gonzalo Aguiar (31), del Partido Independiente. "¿Cómo puedo hacer de la Historia algo más contemporáneo? Activando yo", se responde Lucía Casal (18), del Partido Colorado.
La influencia de la familia, señalada por los últimos estudios en Ciencias Política como la principal causa que lleva a un joven a militar, no parece tener cabida en estos cuatro jóvenes. Sólo el activista frenteamplista es hijo de un militante del Partido Socialista, y desde chico ya lo acompañaba a reuniones y pintadas. Sin embargo, su abuela "es `blanca` de toda la vida" y en su casa "hay votantes de todos los colores".
Todos reciben el apoyo de su entorno cercano frente a la actividad que desempeñan. "Se lo plantée a mis padres porque sentía la necesidad de tener un marco más intelectual y cultural. Ellos me dijeron que me metiera en el partido que quisiera, que probara, pero que aproveche ahora que soy joven", cuenta la adolescente colorada.
El apoyo no quita las bromas de amigos y los celos por los tiempos que se invierten en la militancia en lugar de una salida al boliche. "¿¡No tenés cosas más divertidas para hacer!?", le dicen los compañeros a Guillermo. Él se ríe y la deja pasar. A Gonzalo eso casi no le pasa, quizás por ser mayor que los demás o bien porque al conocerlo sus pares "se dan cuenta de que la política no es algo elitista", señala.
La militancia es un compromiso de 24 horas, los siete días de la semana. Por eso las charlas de política están a la orden del día; hasta en la vida de pareja. "Es bueno que la otra persona esté interiorizada para que acepte una cena hablando de eso", dice Federica, quien está de novia con un joven no militante. Es que "el compartir ideales es un atractivo, pero no es determinante", concluye Gonzalo.
Si bien ese compromiso no conoce el reloj, en la práctica las horas destinadas exclusivamente al activismo promedian las ocho semanales. Incluye reuniones, debates hasta la madrugada (aunque al día siguiente haya facultad), volanteada en la feria en la mañana de un domingo con resaca, presencia en marchas y actos.
También hay tiempo para el asado, el festejo del cumpleaños de un compañero de la agrupación y la salida a bailar. Los socialistas organizan las "tolderías" cada verano, una especie de campamento en el que se arman talleres. Los herreristas instauran cada año una gran bienvenida a las nuevas generaciones de militantes. En Vamos Uruguay se juntan al menos una vez al mes en un encuentro de ocio porque "los compañeros son vistos como amigos más que como colegas de trabajo". Y en la Juventud Izquierdista del Partido Independiente (JIPI) para las actividades macro suman unas 50 personas, cuando en promedio son 10.
Las horas destinadas al partido no son determinantes para ascender, pero sí son la mejor carta de presentación. El tiempo pasa a ser un sinónimo de experiencia y el currículum para acceder a un puesto de poder en el futuro. A ellos eso les suena lejano; casi contrario a su espíritu de jóvenes emprendedores. Gonzalo ni piensa en ocupar un rol protagónico porque está "en un partido (Independiente) en el que especular con un puesto concreto sería poco realista", aunque no descarta liderar la discusión sobre el uso del software libre y las nuevas tecnologías. Mientras, se conforma con su trabajo en una constructora y pone énfasis en la carrera de Arquitectura, que está próximo a finalizar.
Para Lucía también el estudio, en este caso de Economía, es su prioridad. En diez o veinte años se ve en la política pero en el aparato ideológico del Partido Colorado.
Guillermo tiene en mente una carrera política, pero no necesariamente partidaria. Es que estudia Ciencia Política y sueña con convertirse en analista. Para él su profesión técnica y su actividad de militante no son incompatibles y nombra como ejemplo a la senadora Constanza Moreira, quien "como profesora nunca te habla de política partidaria en clase".
Federica hace un silencio cuando se le pregunta cómo se ve en el futuro. Esa ausencia de sonido responde toda especulación. Tiene una impronta de líder y no titubea en afirmar, a título personal, que "quien represente a los uruguayos debería tener una formación académica".
Los cuatro son estudiantes universitarios, pero de carreras distintas. La diversidad de intereses los distingue de sus referentes políticos, en su mayoría abogados y médicos. "No quiero ser como ellos, quiero ser yo, pero aprendo mucho de los más veteranos y comparto gran parte de sus ideas", dice el joven socialista. Las chicas de los partidos tradicionales coinciden en que en sus agrupaciones está habiendo una renovación generacional. También comentan que se están impartiendo cursos de formación de nuevos dirigentes.
Es común escuchar la frase: "Si están en los cuadros de las sedes, algo bueno habrán hecho". Incluso en el Partido Independiente, cuya historia se reduce a una década, el joven militante siente que se trata de "figuras muy fuertes aunque el votante busca más la reflexión que lo pasional de los símbolos". Se sienten representados y los líderes de sus sectores influyeron en la elección. Esto diferencia al joven uruguayo que milita en 2012 de los que lo hacían en la década de 1960.
En aquel entonces se trataba de movimientos que buscaban romper con las normas establecidas, lo que Carlos Real de Azúa definió como una "contrasociedad militante". Era una época de efervescencia política y social. El Mayo Francés estaba a la vuelta de cualquier centro educativo y se quería romper con el esquema de una gran clase media dominante, conservadora. Hoy en día "los partidos tienen una actitud dialoguista y una posición integracionista hacia los jóvenes", explica Gonzalo. "Acá no hay el espíritu de los indignados europeos porque no se necesita", dice Guillermo. Y Gonzalo vuelve a intervenir: "Hay indicadores macroeconómicos que están marchando bien y en estos momentos la militancia se reduce porque el activismo tiende a ser más fuerte en épocas de crisis, en las que la gente siente que sus derechos individuales están siendo quebrantados".
De los relatos se desprende el compromiso colectivo de la militancia. Sienten que parte de su tiempo lo dedican a la mejora del bien público, aunque eso no significa que son los representantes de los demás jóvenes. "Sí, tenemos un acercamiento generacional que importa en comprender las motivaciones", dice Federica. Y Lucía aclara que "es un error meter a los jóvenes a que hablen de `temas de jóvenes`, porque tenemos que hablar del país: somos parte de esto".
Guillermo dice que a él y en general a la Juventud Socialista esta estigmatización los tiene un poco cansados. Les fastidia que se los relacione únicamente con las luchas por la legalización del autocultivo de marihuana porque quieren "estar en todos los temas de conversación".
Guillermo tiene pegotines de su partido en el termo y en el cuarto colocó la bandera del Frente y un retrato del "Che" Guevara. Gonzalo, del Partido Independiente, considera que si bien los colores son parte de la estrategia de comunicación de cualquier partido, no son claves en la militancia. Lucía opina que son la representación de determinados ideales, pero como recién lleva dos meses militando aún no tiene muchos distintivos del Partido Colorado en su cuarto. Federica, en cambio, tiene en su cuarto un pegotín de la 404, además de libros de filosofía política. Si bien acepta que a veces se estigmatiza la estética de los jóvenes "blancos", porque "existen los casos del joven blanco típico que baila en determinados boliches", también asegura que "hay de todo". Como en todos los partidos.
ELECCIÓN DE LA BANDERA
Compartir los ideales, identificación con el líder, espacio y voz que se les destina a los jóvenes, historia del partido y el activismo de algún allegado, son las razones para que los militantes elijan una u otra agrupación política. El primer acercamiento nace por el convencimiento de algún amigo que ya es activista o por la necesidad de generar ideas en su entorno más próximo, como el barrio. Luego, se extiende a unas ocho horas semanales entre reuniones y tareas de propaganda.
MPP: LA VISIÓN QUE ESCAPA A LA REGLA
"Nací para luchar; yo milité mi vida entera, viví en comunidad, Lenin y Marx son mi bandera. Mi padre me contó que él decidió que yo naciera después que lo aprobó una asamblea", dice un cuplé de la murga Agarrate Catalina y cuya imagen parodia el sentir de varios jóvenes que hoy integran el Movimiento de Participación Popular (MPP).
Una investigación que publicará el Instituto Nacional de la Juventud (INJU) el próximo mes señala que los nuevos militantes de este sector izquierdista les piden a sus líderes que se mantengan y no consideran que tenga que existir un recambio político.
"Hacemos diferencia entre la fuerza política y el ocupar cargos institucionales. Para los cargos se delega a los más capacitados. Para lo otro hay un plano de igualdad de voz y somos todos compañeros", afirma Martín Márquez (19).
El joven ingresó al movimiento inspirado por lo que llama "la mística de los `60 y por ser una síntesis (así dice) entre su madre anarquista y su padre comunista. Ni bien se mudó de Piriápolis a Montevideo y se inscribió en la Facultad de Humanidades en donde se prepara para ser arqueólogo, se afilió al MPP como parte de una juventud no organizada.
Es que, a diferencia de otros militantes, el emepepista "puede activar de forma desperdigada y sin seguir una estructura formal de partido político", señala. Estos jóvenes dedican unas horas a la política, pero "por cambiar la sociedad, que es el fin ideológico, lo damos todo".
La política es concebida como una herramienta para lograr determinados objetivos. "Pero lo importante no son los medios, sino lo fines", dice Martín, quien hoy no considera necesario levantarse en armas pero no lo descarta en el caso de que fuese preciso.
Su estética es la del joven barbudo del MPP, aunque en su caso dice que no se afeita porque le irrita la piel. Aún así, aclara que la apariencia física es algo que ha pasado de moda y que "la última elección abrió la puerta a una multiplicidad de jóvenes".
La visión de la militancia como una filosofía de vida, al igual que en 1960, sigue intacta. Pero la forma de participación varió y como señala el informe del INJU: "La juventud de izquierda se siente parte del gobierno (…) lo que conlleva a que sean `diplomáticos con el mismo`". También cambió el envase y Martín hasta practica surf; deporte que otros militantes catalogaron de elitista.
MISMAS PREGUNTAS, DISTINTAS RESPUESTAS Y COLORES
En la década de 1960 la juventud fue la responsable de los cambios políticos y sociales que se suscitaron en el mundo. Unos cincuenta años después, con similitudes o no, son otros los jóvenes que mantienen las banderas de aquellos militantes. Para la Real Academia Española "militar" significa "figurar en un partido o en una colectividad". Para los jóvenes uruguayos activistas de los cuatro partidos políticos con representación parlamentaria, el concepto abarca mucho más que eso. ¿Qué es ser un militante?
Federica Tripaldi - Partido Nacional
"Es una persona que quiere el cambio en el país y lo mejor para éste, confía plenamente en su líder y está más allá de las elecciones, los 365 días del año. Aporta ideas y destina horas. Es un espacio en el cual se puede generar impacto y conciencia en el ciudadano".
Guillermo Bolón - Juventud Socialista - FA
"Luchar por lo que pensás y estar siempre, no sólo en campaña electoral. Es discutir en un barrio sobre un tema y recibir algún insulto por seguir tus ideas. Es una actividad para cambiar la sociedad, aunque ahora se respetan más los tiempos de la vida privada".
Lucía Casal - Partido Colorado
"Tener ganas, tener iniciativa, sentarse a debatir, escuchar y dar tu opinión. Es un ser preparado para lo bueno y lo malo que sabe que lo van a halagar y criticar al mismo tiempo. Por eso un militante debe saber lidiar con las frustraciones, aunque ser oposición es más fácil".
Gonzalo Aguiar - Partido Independiente
"Es pasar de decir `A este tipo lo quiero votar`, a volcar tu parte. Es una vocación de servicio, altruista. Estamos en una sociedad marcada por el individualismo y la militancia implica dedicarle mucho al colectivo y se deja poco tiempo para el disfrute personal".
Martín Márquez - MPP - FA
"Es una filosofía de vida. Es querer cambiar cosas y materializar ese sentimiento. Hay muchos que quieren cambiar cosas, pero se quedan sentados en el sillón de su casa mirando televisión. En otras actividades hay una visión altruista de querer ganarse el cielo, acá no".
LAS CIFRAS
2%
De los jóvenes entre 22 y 24 años se junta con amigos para militar, duplicando a las demás franjas etarias.
0,4%
De los jóvenes que participan en actividades sociales lo hacen en política, según la última encuesta del INJU.
56,1%
De los jóvenes no participa en alguna institución, organización o grupo juvenil porque "no le interesa".