Malos hábitos alimenticios

| Más de la mitad de los padres uruguayos reporta algún tipo de dificultad en la alimentación de sus hijos; es una de la principales consultas al pediatra.

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El rechazo de la alimentación o niños "mal comedores" supone uno de los principales motivos de consulta a los pediatras. Los padres se refieren habitualmente a esos trastornos como "mi hijo no come bien", refiriéndose a que "lo hacen mal", "muy poco", "excesivamente lento" o "seleccionan las comidas".

El término "problemas alimentarios" se puede definir como cualquier situación que afecta negativamente el proceso mediante el cual los padres o las personas encargadas del cuidado de los niños proporcionan alimentos a sus pequeños. Algunos estudios muestran que entre el 50% y 60% de los padres reportan algún tipo de dificultad en la alimentación de sus niños y es una causa frecuente de preocupación y angustia para ellos.

En general, la negativa a comer corresponde a un fenómeno del desarrollo de la conducta de alimentación que se debe conocer y detectar de manera precoz para evitar trastornos nutricionales más complejos.

En algunos casos esa "falta de apetito" puede no tener repercusiones clínicas pero, en otros, puede expresarse como un retraso de crecimiento que requiere corregir el manejo nutricional, además del abordaje conductual.

CONSECUENCIAS. Los comportamientos de los niños "mal comedores" pueden conducir a discusiones, momentos de tensión y ansiedad en la mesa, lo cual afecta no solo al niño sino a otros miembros de la familia, y fundamentalmente no se logra una adecuada alimentación.

Una investigación realizada por la Dra. Irene Chatoor encontró que los puntajes del índice de desarrollo mental (Mental Development Index) de "niños mal comedores" entre uno y tres años de edad estaban muy por debajo de los alcanzados por aquellos pequeños que sí se alimentan bien.

¿Cómo es un niño "mal comedor"? Se caracteriza principalmente por su mala conducta a la hora de comer, eligen poca variedad de alimentos, lo hacen en forma escasa o excesivamente lenta, señalan los expertos. En definitiva: comen poca variedad y cantidad; rechazan probar comidas nuevas como frutas y verduras; comen con excesiva lentitud y normalmente con interrupciones; presentan una conducta extravagante o fuera de lo normal durante los almuerzos o cenas, y muestran desinterés por los alimentos.

Estos niños pueden tener un desarrollo físico normal y no verse reflejado el riesgo o el déficit nutricional cuando se les mide en las tablas de crecimiento (tanto en peso como en talla).

causas. Existen distintas razones por las que los chicos no comen. Por lo tanto, es necesario que sea el pediatra quien determine cada caso. Puede ser por limitaciones fisiológicas como en las habilidades de la alimentación, por ejemplo masticar o tragar, puede deberse a un retraso en el desarrollo de la dentición o también a una capacidad gástrica limitada.

Otras explicaciones que encuentran los especialistas son los cambios en el apetito debido al crecimiento, o a una extremada sensibilidad a la comida que se traduce en rechazo a algunos colores, olores fuertes o nuevos para ellos, sabores, texturas (crucial en la etapa de alimentación complementaria). Para combatir todo eso es importante que se elaboren recetas suaves y que exista una progresión en el aprendizaje no forzado de los sabores, colores y texturas.

Otra de las causas que inducen a los niños a alimentarse mal puede deberse a malos hábitos de los padres -que son imitados por los niños- como no comer sentados, juntos y tranquilos, o no probar variedad de platos. Otros progenitores no saben manejar bien el problema y castigan y/o premian mediante la comida, lo que es un terrible error. Es bueno halagar al niño cuando come bien, pero nunca compensar con recursos materiales a cambio de que coma.

¿Qué se recomienda hacer?

La solución al problema es la educación alimentaria, es decir, lograr que el niño adquiera hábitos correctos y que los siga toda su vida. Este será el tratamiento y también la prevención óptima para este problema.

La educación en la alimentación del niño "mal comedor" requiere mucha perseverancia y paciencia, y puede resultar un largo proceso que se consolide tras pequeños logros mantenidos.

Se debe asumir que precisará un tiempo de aprendizaje y, en el caso que exista un aporte nutricional deficitario, será un muy buen recurso utilizar un suplemento alimenticio. Así, se aseguran los aportes nutricionales mientras se está educando en la alimentación, tendiendo en cuenta que es un proceso largo y progresivo. Un suplemento nutricional permite de este modo que los padres estén más tranquilos y puedan ejercer mucho mejor una correcta educación alimentaria-nutricional.

Lo que los especialistas aconsejan es que cuando se inicien rutinas para que los niños cambien sus hábitos alimenticios es fundamental para los padres ser sistemáticos ya que las transformaciones son lentas, y no dar alimentos entre comidas.

Consejos prácticos

"No se queda quieto y come muy lento"

A menudo los niños juegan mientras se alimentan. Eso lleva a que se tenga que ir detrás suyo y se dilate el tiempo del almuerzo o la cena. No son niños que no quieran comer; se distraen y prefieren jugar. Existen rutinas para cambiar hábitos y que el chico esté sentado. 1) Ser sistemáticos ya que los cambios son lentos. 2) No dar alimentos entre hora. 3) Comer en un lugar fijo, y en familia, todos sentados. 4) En caso de que el niño coma solo es importante que el adulto que le ayude esté sentado para dar el ejemplo. 5) No dejarle juegos cerca; comer es un acto en sí mismo. 6) Anticipar todas las conductas que luego él puede demandar: lavarse las manos, ir al baño y hacer antes de empezar. 7) Reforzarle positivamente cada vez que esté sentado. 8) No decirle nada, o no hacerle caso cuando se levante. 9) Sacarle el plato de comida cuando todos hayan terminado. 10) Si está nervioso, puede ayudar a su madre a traer el segundo plato, ir a buscar agua... siempre acompañado de un adulto que impedirá que se distraiga.

Otro problema importante es el tiempo. A menudo los adultos podemos dedicar poco tiempo a las rutinas alimenticias. Pero aunque puede ser suficiente para nosotros, no siempre lo es para los niños y más si queremos que aprendan a comer solos. 1) Es importante llenar poco el plato, es preferible que pida más y repita. 2) Evitar elementos de distracción, y marcar el tiempo que tiene para comer. 3) Terminar la comida con el resto de la familia aunque no acabe el plato. 4) Reforzar positivamente cuando cumpla con el tiempo marcado. 5) Tener en cuenta que no siempre el niño tiene el mismo apetito.

En ocasiones los hijos se niegan a comer algún tipo de alimento o no quieren acabar lo que han empezado. Hay comidas en las que come solo y bien, y en otras no. A menudo se une la necesidad de que el adulto le dé la comida. El sabor, el olor, el color, la textura o la forma de cocción pueden ser causas de rechazo. Conocerlo nos va a permitir intervenir y trabajar mejor sobre el problema. Pero es importante: 1) Localizar el tipo de alimento, o la forma de cocción que genera rechazo. 2) Mezclar alimentos distintos. 3) Enmascarar el gusto del alimento que no quiere, con otro que le guste mucho. 4) Asegurarse que siempre haya comidas que le gusten para reforzar. 5) Dar inmediatamente después de un alimento que no le gusta, otro que sí. 6) Ir aumentando progresivamente la cantidad de alimento que no acepta. 7) Reforzar positivamente cada vez que el niño ingiere algo no deseado. 8) No hacer caso cuando se queja y no quiere comer.

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