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El jueves 26 de enero Natalia Oreiro estrenó como mamá. Alejada de las cámaras y los micrófonos hasta nuevo aviso, el proyecto más importante de la actriz y cantante es su hijo, Merlín Atahualpa.
Fue la Muñeca Brava que cambió dolor por libertad. Fue la que cautivó en Israel y Rusia con su voz. Fue la que anunció que "todos tenemos un plan" en la campaña de Anda. Fue la madre soltera en Música en espera y la novia de Mi primera boda. Fue la que posó desnuda para proteger a los bosques nativos argentinos. Fue rubia y colorada. Fue ángel y demonio. Seductora y naif. Uruguaya de nacimiento y estrella en la vecina orilla. Y el 26 de enero, Natalia Oreiro fue mamá.
Incluso antes de quedar embarazada, su posible maternidad ya era un tema de dominio público. Y aunque luego la manejó con absoluto cuidado, cada paso que dio fue comentado en los medios y las redes sociales. El punto más alto fue cuando anunció que su hijo se llamaría Merlín Atahualpa, para así poder formar la sigla MAM, igual que las otras dos hijas de su marido, el rockero Ricardo Mollo. Pero la lluvia de comentarios pasó, la gente se acostumbró y luego de muchas especulaciones el niño nació, por cesárea, en el Sanatorio Los Arcos de Buenos Aires. Para quienes pedían que el parto fuera en Uruguay, Oreiro dijo más de una vez que, en cualquier caso, Merlín será rioplatense.
El primer saludo público para el recién nacido llegó vía Twitter. Fue de Facundo Arana, eterno galán y amigo de Natalia. "¡Bienvenido al mundo, Merlín", expresó en su cuenta. En las horas siguientes al parto no hubo foto ni declaraciones oficiales. Hermetismo total. Incluso su representante, Claudia Sánchez, dijo a Domingo que se enteró "por los medios" del nacimiento.
Las últimas semanas la actriz las pasó en su nuevo centro de operaciones, en Carmelo, donde tiene una chacra. Casi no salió de allí y algunas fotos dejan constancia que aún con una prominente panza dedicó horas al cuidado de su huerta. Es que Natalia no tiene la vida glamorosa que aparenta en la red carpet. Es capaz de usar un camisón como vestido, cortarse sola el flequillo y andar todo el día "en patas", según sus propias palabras. Eso es lo que la hace un ser libre, arriesgado, que no busca lo previsible. Es lo que le da ese tono un poco anti: cuando todas estaban pelirrojas ella se pintó el pelo de azul, cuando todas aparecen en los programas de chimentos ella evita a los fotógrafos, cuando todas apelan al bisturí ella ni siquiera tiene "opinión formada" respecto a las cirugías.
Las curvas de su cuerpo siempre estuvieron en las antípodas de los actuales modelos de belleza, con mujeres escuálidas, desgarbadas y andróginas. Su cola, que ella reconoce como la parte predilecta de su anatomía, marcó la adolescencia de muchos uruguayos con la publicidad de O.B., donde una Natalia casi niña caminaba por la vereda con un sugestivo y corto short.
"¿Sigue sosteniendo que lo que más le gusta de su cuerpo es la cola?", le preguntaron hace un par de años. A lo que respondió: "Te aseguro que lo seguiré sosteniendo mientras ella siga sosteniéndose. ¿Listo? ¿Cerramos el tema físico?". Pero los comentarios sobre su cuerpo siempre vuelven a golpear su puerta. El más reciente fue cuando en noviembre, con un embarazo de siete meses, se desnudó para una campaña de la organización ambientalista Greenpeace. Con el objetivo de proteger los bosques nativos argentinos, hubo sesión de fotos y una sensual proyección de imágenes de paisajes naturales sobre su piel que recorrió el mundo.
"Siento mucha responsabilidad por llevar vida dentro de mí y quería registrar este momento en una imagen que valga la pena. Proyectar un bosque sobre mi panza y mi piel refleja mi intención de seguir luchando por un ambiente más sano y pasarle este legado a mi hijo", dijo.
En el tema del desnudo, Natalia no es una improvisada. De hecho, la pregunta de si se animaría a posar sin ropa es un clásico de sus entrevistas. "A mí las fotos de desnudos me gustan mucho, pero para tenerlas personalmente. (...) Cuando Betty Page lo hacía no estaba de moda. Hoy ya no es transgresor. Nada más común que una chica que se pone en bolas en la tapa de una revista", dijo a Rolling Stone. Tiene razón. Quizás por eso eligió hacerlo por una buena causa.
La palabra transgresión es una de las más frecuentes en su vocabulario. Es que Natalia es impulsiva e intuitiva, poco culposa y abierta. Todos atributos bastante atípicos del ser uruguayo. Y más aún si, como ella dice, se viene de una familia "creyente". Para Oreiro la culpa nunca lleva a una meta positiva. "Persigo la libertad. Acepto equivocarme. Estoy en plena construcción".
Prefiere definirse como una actriz que canta. Por ello, combinar ambas pasiones -como en Miss Tacuarembó y Mi primera boda-, es lo que más le divierte. Desde hace años también es la mejor percha que tiene Las Oreiro, la grifa que creó junto a su hermana Adriana. Aún embarazada, se mostró despampanante con vestidos blancos, azules, rosas, de un solo hombro, con volados y escotes infartantes, como el que usó para visitar a Nico Repetto en "Sábado Bus".
Su compañero de ruta, Mollo, es músico, 20 años mayor que ella y de perfil bajo. Bajísimo. Se casaron el 31 de diciembre de 2001 a bordo de un barco en Brasil. No hubo invitados y sustituyeron las alianzas matrimoniales por un tatuaje. "Esto sí es para siempre", dijeron. Ahora, su historia suma un nuevo protagonista, su hijo Merlín. ¿Qué dirá Oreiro ahora?
La argentina tiene cuatro hijos, tres varones y una niña. Junto a su esposo, Alejandro Gravier, la supermodelo siempre logró integrar la maternidad a su carrera.
Con seis hijos -tres adoptados y tres biológicos- la actriz y actual pareja de su colega Brad Pitt es considerada una de las mujeres más atractivas del mundo.
Madres de dos hijos, en su cuerpo no quedan rastros de los embarazos. En 2008, un mes y medio después del parto, participó en el concurso Bailando por un sueño.
La actriz y modelo italiana, casada con el actor Vincent Cassel, posó desnuda -o casi- para la revista Vanity Fair en sus dos embarazos, en 2004 y 2010.









