EL MERCURIO | SEBASTIÁN URBINA
Que son una pizarra en blanco y que recién empiezan su aprendizaje después de las primeras semanas de vida son algunos de los mitos que se tenían sobre los recién nacidos. Estas ideas fueron desafiadas con las primeras evidencias que apuntaron a que, a partir del cuarto mes de gestación, el niño ya aprende a reconocer la voz de la madre cuando está en el útero. Después se descubrió que lo mismo sucede con la voz del padre, y de las personas más cercanas a la embarazada.
Esto explica que ese niño se tranquilice con las voces familiares y que se inquiete si se produce un ruido estruendoso en el ambiente, fenómenos que confirman que un bebé nunca está "aislado" en el vientre de la madre.
A partir de esta evidencia, en todo el mundo los investigadores comenzaron a estudiar los demás sentidos del feto, confirmándose que su aprendizaje se inicia mucho antes de nacer.
Más recientemente se ha comprobado que durante la gestación, el niño aprende a degustar los sabores de las comidas que consume la madre. Ella puede influir en que cuando crezca, por ejemplo, su hijo sea un fanático del brócoli, ya que cuando él está en el vientre deglute el líquido amniótico, que está impregnado de los sabores y olores de los alimentos y las especias favoritas de ella.
De hecho, a los siete meses de embarazo el niño tiene desarrolladas su papilas gustativas, y los receptores que le permiten oler ya funcionan. Algo que después de nacer sigue reforzándose con la leche materna, la que también es aromatizada y saborizada por lo que la madre come.
"Yo les digo a las madres que el paladar de sus hijos se va a desarrollar según lo que ellas coman", explica a The Washington Post Kimberley Trout, directora del curso de Magíster para Matronas de la Universidad de Georgetown. En su opinión, saber esto nos da una herramienta muy importante para controlar la obesidad infantil y la diabetes de las futuras generaciones, enfermedades que siguen en aumento en varios países.
Trout aconseja a las madres que prueben diferentes sabores, en lo posible de comida preparada en casa. Si ella come endivias u otro vegetal con un leve sabor amargo, es probable que el niño al crecer considere apetitoso este tipo de alimentos.
Estos hallazgos respaldan la sugerencia de que la embarazada debe cuidarse, ya que estos mecanismos también pueden actuar negativamente, como cuando la madre consume alcohol, lo que desarrolla el apetito por la bebida y aumenta el riesgo de alcoholismo futuro de ese hijo.
Pero el niño en gestación aprende también a reconocer el peligro. Cuando se produjo el ataque a las Torres Gemelas en septiembre de 2001, había alrededor de 1.700 embarazadas en la zona. "Tras esta terrible experiencia, muchas de ellas sufrieron estrés postraumático. Sus hijos nacieron con mayor susceptibilidad al estrés, sobre todo los que en ese momento estaban en la etapa final del embarazo, en los últimos tres meses", explica Annie Murphy, autora del libro Origins, publicado en julio pasado y que detalla cómo los nueve meses antes de nacer moldean el resto de nuestras vidas.
Esta es la forma que tienen las madres de advertir a sus hijos que afuera los espera un mundo hostil. Y es como ellos aprenden a prepararse para enfrentar este peligro.
BUENA SINTONÍA. Durante el embarazo se inicia en el niño un "proceso de organización de su cuerpo", explica el psicólogo clínico Cristián Bahamondes, de la Unidad de Adolescencia de Clínica Santa María.
En este proceso el cuerpo del bebé registra las emociones de la madre, sin saber los contenidos de ellas. "Por esto es importante que en este período la embarazada trate de estar relajada, que no fume ni beba alcohol", agrega este profesional, que también es investigador de la Unidad de Neonatología de esa clínica chilena. Una madre que se cuida podrá sintonizar mejor con lo que le pasa a su hijo, tendrá mejor apego y logrará regular mejor las emociones del niño.
El nombre de un niño repercute en su futuro
Al profesor David Figlio le llegan cada año al menos cien mails de papás preocupados, preguntándole si tal nombre es buena idea para bautizar a su hijo. ¿Ana o Luisa? ¿Benjamín o Pedro? ¿Nombres convencionales o inventados? Su trabajo los últimos ocho años en la Universidad de North- western (Estados Unidos) intentando averiguar el efecto que tienen los nombres en los niños lo han vuelto famoso en todo ese país. "Mi consejo es que elijan el nombre que les guste, pero que también estén conscientes de que estas decisiones no son inocuas", dice el investigador a El Mercurio.
Figlio, profesor de desarrollo humano, comenzó a obsesionarse por este tema luego de realizar una investigación que concluía que los niños tienen un mejor desempeño escolar cuando los profesores tienen más altas expectativas sobre ellos. "Me dio curiosidad saber qué señales usaban los profesores para tener expectativas sobre los alumnos, y pensé que los nombres podían ser un factor subconsciente".
En sus investigaciones ha llegado a tres conclusiones: que los niños con nombres típicamente asociados a estratos menos educados tienen peores resultados en el colegio; que los varones con nombres típicamente asociados a mujer, alrededor de sexto básico comienzan a meterse en más problemas que el resto, y esto se acentúa si hay una compañera de curso con el mismo nombre; y que las niñas con nombres lingüísticamente más femeninos son menos propensas a seguir cursos avanzados de matemáticas y ciencias, y tienen más probabilidades de seguir cursos relacionados con lenguaje y humanidades, si se las compara con su hermana con un nombre más andrógino. Esto, aunque ambas sean buenas alumnas en las matemáticas.