Ellas al borde del ring

| Liliana repite con su hija una costumbre que ella tenía con su padre: ir a ver boxeo. La presencia femenina en las peleas es cada vez más notoria. Por pasión, por moda o (pese a todo) por Chris Namús, se sigue una lógica lineal: hay más peleando, hay más entrenando, y hay más asistiendo a los combates.

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DANIELA BLUTH / LEONEL GARCÍA

Puede ser porque está de moda, porque siempre conviene estar donde están las luces y no despreciar una invitación, porque las veladas están mejor organizadas, o por pura y simple pasión. Puede ser por el fenómeno Chris Namús, más allá de sus acentuados altibajos. Y no conviene obviar que el hecho de ver cada vez más seguido a dos mujeres a piñazo limpio sobre un ring despierte una suerte de complicidad de género. Cuando ya hace tiempo que la femineidad y los protectores bucales no parecen tan distantes, la presencia del público femenino en el boxeo en Uruguay es cada vez más notoria.

Así coinciden quienes mucho conocen este mundo, que califican la mayor presencia como un fenómeno interesante. Sergio Márquez, promotor y manager, estima que la participación femenina en esta disciplina creció un 60%, tanto en deportistas como en público. Su colega Sebastián Revetria dice que de la lista de invitados a las veladas que organiza, entre el 30% y el 40% son mujeres; hace unos cuatro años, agrega, estaban entre un 5% y 10%.

Esta última precisión temporal no es caprichosa. Para Revetria, ahí comenzó la "era Namús". Se podría tildar de poco objetiva su opinión: Revetria es el actual manager del "Bombón Asesino". Pero nadie niega -promotores, periodistas, aficionados- que ella representa un antes y un después; algo así como la principal responsable de la renovada popularidad de este deporte. Jorge Savia, periodista de Ovación y con varias décadas de experiencia en el boxeo, también le da a esta joven de 23 años gran parte de la responsabilidad de este fenómeno: "Ella es carismática en todo sentido, a favor y en contra, por lo que hace bien y lo que hace mal. Y eso también atrae a las mujeres".

La ecuación parece simple: a más chicas compitiendo, más entrenando y más asistiendo. Esta es la tesis que sostiene Enrique Abellá, editor de boxeouruguayo.com, que también coloca a Namús como la piedra basal de este fenómeno traducido en un mayor número de féminas tanto sobre el ring como alrededor de él. Ese portal tiene un dato interesante que puede ayudar a explicarlo: de los 43 boxeadores profesionales que hay en Uruguay, 11 son mujeres; poco más de la cuarta parte del total.

De padre a hija. Este público incluye empresarias como Laetitia d`Arenberg y Graciela Rompani, políticas como Daisy Tourné o Verónica Alonso, y fans anónimas. Todas con un denominador común: la pasión por el box. Puede ser por una afinidad heredada o por una cuestión de ganar espacio en un terreno anteriormente vedado para ellas.

La mayoría son espectadoras tranquilas, aunque cada tanto aparece alguna que no reprime sus impulsos de fanática. "Hay mujeres que se pelean gritando", señala Rompani. A ella, en cambio, no le sale ni siquiera silbar. "No va con mi forma de ser".

En casa de los Rompani el boxeo era un tema recurrente. El padre Santiago Rompani, abogado y político, era entusiasta de ese deporte y amigo de Dogomar Martínez, el nombre mayor del pugilato criollo. Graciela recuerda haber escuchado por radio la histórica pelea de Martínez con Archie Moore, en el Luna Park porteño; aguantó con coraje los diez rounds y perdió por puntos. "Estaba de lo más apasionada y tristísima, estaba convencida de que iba a ganar". Más borrosa es la primera imagen de la pelea a la que asistió.

Casualidad o no, Rompani luego se casó con Jorge Pacheco Areco, quien además de haber sido presidente de la República (1967-1972) fue un "gran entusiasta" del box y hacía guantes en el club L`Avenir. Con él llegó a ver a Roberto "Mano de Piedra" Durán en el mismísimo Madison Square Garden de Nueva York.

La de Rompani es la historia de muchas mujeres que hoy son habitués en las noches del Palacio Peñarol. Liliana Flores tiene 45 años y de niña iba al box con su padre; ahora, ella es la que lleva a una de sus hijas. Aunque Namús es su favorita, disfruta de cualquier pelea. Para ella, que haya cada vez más gimnasios que ofrecen boxeo para mujeres puede ser una de las causas del incremento del público femenino. En su caso, no le da el tiempo para practicar, pero va regularmente al Palermo Boxing Club a hacer aparatos. Las bolsas y las peras están en el gimnasio de al lado; quizás en algún momento se tiente.

causas. ¿Qué factores han alimentado este fenómeno? Abellá cree que ejemplos como el de -nuevamente- Namús o el de Cecilia Comunales ayudaron a que se cayera una barrera. Por figuras como ellas, "el boxeo ya no es visto como una cosa solo de hombres y las mujeres del público también pueden sentirse identificadas con las competidoras", señala este periodista.

"Además, como yo digo, es más fácil que te acompañe tu esposa, tu novia o tu amiga a una velada si hay dos mujeres peleándose y no solo dos negros (sic) matándose a piñas", agrega riendo Abellá. Es que la presencia femenina es notoriamente superior cuando una colega de género es protagonista arriba del ring. Savia, de Ovación, lo explica a modo de axioma: "La mujer quiere ver a la mujer".

Algo no menor: tanto Namús como la "Reina" Comunales son muy bonitas, según asegura entre aullidos el grueso de la barra masculina. Así, esta disciplina ya no es vista como reñida con la estética femenina. Además, ambas le han dado al país los únicos títulos mundiales -súper ligero de la Federación Mundial del Boxeo Profesional, la primera; ligero de la Organización Mundial de Boxeo, la segunda- de un deporte que en Uruguay ha sabido de grandes nombres pero que seguía virgen de máximas consagraciones (no es objetivo de esta nota analizar el real peso que tienen estos títulos en el concierto boxístico internacional).

Otro argumento manejado es la mejoría en la calidad y cuidado de las veladas. Ahora se incluye show, presentador, música, juego de luces, humo. En este aspecto coincidieron, por separado, Revetria y Márquez. Según ellos, mientras que al público femenino le atraen estos detalles, para el masculino tanto da que haya "extras" más allá de dos muñecos masacrándose dentro de un ring.

Márquez, quien además de promotor es el manager de Comunales (a quien, por supuesto, incluye como uno de los factores del interés de las féminas en este deporte), sostiene que en el boxeo se está dando un fenómeno muy similar al del fútbol en materia de público. "El buen desempeño de la selección uruguaya en el pasado Mundial atrajo a las canchas a muchas mujeres", explica. Según este empresario, la presencia y los títulos de Comunales y Namús actuaron de manera parecida.

Más allá de una moda, los interesados piensan que este fenómeno llegó para quedarse. Hay datos que parecen avalar esta tendencia: en el Palermo Boxing Club, la sección femenina -abierta hace seis años con unas 40 participantes-, ya tiene a 120 socias, de adolescentes a septuagenarias, dándole duro a las cuerdas, manoplas y peras. Y de ejercitantes a simpatizantes, hay un solo paso (ver recuadro).

Fue por Chris y por el programa oficial Knock out a las drogas, invitada por el promotor Juan María Vanrell, que la princesa Laetitia d`Arenberg inició la costumbre de ir a ver box al Palacio Peñarol. Esta iniciativa, destacada por la princesa, y que partió del expresidente Tabaré Vázquez en 2005, generó gran impacto no sólo a nivel deportivo sino también social. En tres años atendió a 2.500 jóvenes (36% de ellos del sexo femenino) que aprendieron y practicaron boxeo en 23 academias en Montevideo y 32 en el interior del país.

Y hoy la princesa todavía asiste al Palacio Peñarol, producida igual que si fuera a un vernisagge o a una reunión de criadores, acompañada por su marido o amigas.

el qué dirán. La princesa no está sola en la platea. Aquellas asiduas concurrentes también perciben un notorio incremento del público femenino. Este podría ser mayor si no permanecieran en alto ciertos prejuicios. "Puede ser que en Uruguay haya un preconcepto y a mujeres de un cierto medio les gustaría ir, pero no las veo yendo a ver una pelea en el Palacio Peñarol. Por el `qué dirán`, sería más fácil verlas en el Radisson o en el Conrad", opina la princesa.

A Laetitia el boxeo le gusta desde que tiene memoria. Recuerda su devoción por Mohammad Alí, al que llama Cassius Clay. Mientras algunas prefieren el boxeo femenino al masculino, otras aficionadas disfrutan ambos por igual. A esta empresaria de sangre azul, por ejemplo, le atrae la disciplina que tienen los grandes talentos y el esfuerzo que deben hacer quienes quieren llegar a la cima. Para ella lo más interesante del box es el ambiente que se genera alrededor. "Gracias a ese ambiente uno sabe lo que es la realidad de muchísima gente", dice.

Curiosamente, fue durante una velada de box que Laetitia conoció a la comparsa Serenata Africana, que actuaba en uno de los intervalos, y desde entonces sale con ellos en las Llamadas que se celebran cada febrero en el Barrio Sur. Efectos colaterales, que le dicen.

Ahora, ¿el último episodio de Chris Namús (léase: su "victoria", finalmente anulada, luego de un bochornoso fallo ante la española Dolores Muñoz, el pasado 19 de marzo) puede significar el principio del fin de este fenómeno? Márquez no lo cree. "La semilla está plantada".

Revetria, manager de Namús, definitivamente rechaza esta posibilidad. "Para empezar, ya hay una revancha fijada para el 11 de junio". Promotor al fin, este empresario vende este combate con sus mejores armas retóricas, haciendo énfasis, justamente, en cuestiones de género: "Chris no se va a enfrentar con una rival, sino a toda una situación, todo lo que se generó y todo lo que se dijo. Y yo no sé si un hombre podría soportar semejante presión. Esa pelea refiere directamente a la valentía de una mujer".

"La demanda femenina era tremenda"

Chris Namús tenía sólo ocho años y en el Palermo Boxing Club, en la esquina de Gonzalo Ramírez y Santiago de Chile, ya había mujeres que golpeaban la puerta interesadas en aprender a boxear. Por ese entonces, tenían que rebuscarse para encontrar horarios en los que el gimnasio no estuviera lleno de hombres y así poder usar todas las instalaciones -desde el ring hasta los vestuarios- sin restricciones. En general, para ellas quedaban disponibles las primeras horas de la mañana y la pausa del almuerzo. Casi no se cruzaban con los socios varones, que colmaban las instalaciones cada tardecita.

Pero el interés femenino en este deporte fue creciendo y en un momento la demanda era "tremenda", recuerda Robert Leiva, hijo del propietario del club. Por eso, en 2005 inauguraron un área con sala de box, aparatos, gimnasio y vestuario exclusivamente para mujeres. Hoy, tienen unas 120 socias, y la mayoría se pone los guantes. La sala de boxeo funciona sin horarios. Allí aprenden técnica y le pegan a la bolsa y la pera. "Si alguna está muy bien, baja y pelea con alguno de los hombres que está abajo", dice Leiva refiriéndose a los 200 socios que practican en el tradicional subsuelo.

Entre las alumnas hay de todo, las que son hinchas de este deporte y las que lo practican porque es un buen ejercicio físico. Las que van a las veladas y las que prefieren mirarlo por televisión. Incluso algunas que permanecen ajenas a la disciplina, como una señora de 72 años que más allá de los fenómenos Namús o Comunales lo único que le interesa es animarse y aprender a pegarle a la bolsa.

Para algunas, anunciar en su casa que querían boxear no fue sencillo. La justificación más aceptada: que implica un entrenamiento físico muy completo que incluye piernas, abdominales y brazos. También ayuda a adelgazar, un objetivo muy buscado entre las mujeres que llegan a un gimnasio.

Las clases están a cargo de los Robert Leiva, padre e hijo. El primero, llegó hace más de 30 años al club y después de 10 años como boxeador se dedicó a la docencia. El segundo, aprendió todo lo que sabe en esa esquina; lo tiene tan incorporado que ni siquiera recuerda cuándo empezó.

Aquellas presencias de antaño

Más allá del boom actual, durante la época dorada de este deporte en Uruguay, por los `50 y `60, la presencia femenina también era muy visible durante las grandes veladas de los miércoles y sábados en el Palacio Peñarol. Claro, eran otros tiempos.

El periodista Jorge Savia de Ovación, verdadera autoridad en esto del boxeo, recuerda que las parejas, formalmente vestidas, eran las habituales ocupantes del ring side, las ubicaciones más caras y cercanas al cuadrilátero. "Ellas iban en buen número, con esos típicos tapados de piel de la época, algunas eran muy ampulosas. Y cuando aparecía una que era muy… llamativa, las populares -que siempre estaban repletas- se venían abajo con aplausos y silbidos. Eso también era parte del color de la velada".

Luego de una noche de décadas, Savia coincide que el boxeo está viviendo un nuevo período efervescente. "Este deporte ha tenido otro auge y tiene que ver la parte femenina, que ha tenido correspondencia: la mujer quiere ver a la mujer (pelear). Y esta situación tiene otro plus en su mayor presencia en los gimnasios, no tanto para después competir sino para sentirse mejor, trabajar el físico con gran exigencia".

Otras aún lo miran por tevé

Que la cantidad de mujeres que asisten a las veladas boxísticas aumentó, salta a la vista con sólo mirar las tribunas. Pero también están las que no se ven, y siguen cada pelea por televisión desde la intimidad de su hogar. Para ellas, vivir la experiencia de un encuentro es una asignatura pendiente.

Claudia Davant no se pierde ninguna pelea de Cecilia Comunales y de Noé González. Le gusta su técnica. Los prefiere a Chris Namús y Caril Herrera. A sus 28 años, esta enfermera ya le contagió su entusiasmo a sus tíos, y siempre que puede se reúnen a mirar los combates. También comparte esta pasión con su pareja, con quien es programa mirar las peleas de Las Vegas que pasan por el canal Space.

Luciana Barboza tiene 17 años y es la única en su casa a la que le interesa el box. Por eso lo mira por TV. Para despuntar el vicio, hace manoplas y guantes en el Palermo. "Al principio aprendí rápido, después se puso un poco más complicado y me cuesta más. Pero está bueno", cuenta. Por ahora no tiene un boxeador predilecto, su referente es su profesor en el club.

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