T. U.
Nació como una novedad y por 47 años acompañó la vida de los uruguayos. Calentó el agua de innumerables termos para mates mañaneros, cafés a media tarde y el té tras la cena. El Sun o S.U.N. ("Soy una novedad" por su sigla de patente) nació en 1962 cuando su inventor uruguayo Carlos Caggiani tenía 22 años. Fue toda una primicia idear un pequeño aparato, de fácil manipulación y bajo costo, que permitiera calentar agua con sólo conectarse a la corriente.
Más allá de su larga vida, fue prohibido de un día para otro. Dejó de venderse por una denuncia de un particular en 2007. El afectado acusó ante Defensa del Consumidor que el mismo le ocasionó un cortocircuito, lo que ponía en riesgo su salud.
El reclamo fue derivado a la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (Ursea), organismo que en 2002 había reglamentado el cumplimiento obligatorio de determinadas normas de seguridad en los equipos eléctricos.
Allí comenzó la agonía del pequeño invento criollo de medio metro de largo. El escritor Carlos Pacheco lo describió como "un cable con un tomacorriente en un extremo y en el otro una resistencia de cromo níquel, que evitaba la contaminación del líquido. Al centro se colocaba un pequeño cilindro de cerámica como material aislante y estaban recubiertos con una cápsula de plástico".
PROCESADO SIN PRISIÓN. La falta de inspectores en la Ursea prolongó la vida del acusado por unos siete años más. Pero su fin llegó en agosto de 2009, con la Resolución 131/009, basada en el Reglamento de Seguridad de Productos Eléctricos de Baja Tensión, normativa que comenzó a fiscalizarse en 2010.
El Sun fue tildado como "aparato de clase 0" y se prohibió su importación, fabricación y circulación. Lo asignaron en esta categoría según una normativa (no coercitiva) de 1992 del Instituto Uruguayo de Normas Técnicas (UNIT) que señala que consta de un "aparato en el cual la protección contra choques eléctricos depende de la aislación básica; esto implica que no existen medios para la conexión de partes conductoras accesibles".
El equipo para calentar agua no cuenta con una conexión a tierra y si se introduce la mano en el líquido, o se toca una superficie que conduzca corriente como el termo metálico, ocurre una descarga eléctrica.
"La UNIT es un organismo privado sin fines de lucro y elabora normativas en base a consensos técnicos, científicos y pragmáticos. No son de cumplimiento obligatorio sino recomendaciones", señala el presidente de la Ursea, Daniel Greif.
no quiere morir. Aún con todos los organismos en su contra, y algún despistado que lo enchufó antes de verterlo dentro del líquido causando una explosión, el Sun no murió. Permanece vivo en el imaginario colectivo y también en algunos puestos de venta callejeros.
Camuflado entre llaveros de Peñarol y Nacional, al lado de unas medias infantiles de Bob Esponja, se lo puede ver en un puesto de Ejido y 18 de Julio, en pleno Centro montevideano. También aparece bajo un toldito verde en 8 de Octubre y Comercio; y en otros tantos lados donde está aunque no se lo vea.
"El mercado negro siempre está", comenta Greif. El ingeniero justifica que en 2010 la Ursea realizó 40 inspecciones, se aplicaron 15 sanciones, cinco de las cuales fueron por el Sun. Sin embargo, en 2011, de las 41 examinaciones que se llevan realizadas no se encontró ninguna infracción.
Las sanciones económicas se aplican sobre el fabricante o importador, no así sobre el comerciante final. El proceso de inspección, que es encabezado por los únicos dos fiscalizadores con los que cuenta la Ursea, se realiza en sentido contrario, empezando por el vendedor hasta dar con "el que corta el bacalao".
En primera instancia se observa al denunciado y se busca persuadirlo. Ante la reiteración de la infracción se lo puede multar, con un estimativo de 10.000 Unidades indexadas (hoy unos 22.905 pesos), y luego hasta se puede solicitar el cese de trabajo de la empresa.
más tensión. "La mayoría de los aparatos de uso doméstico son de baja tensión", explica la jefa del área de Energía Eléctrica de la Ursea, la ingeniera Susana Masoller. Eso significa "una nominal mayor a 50 volts y hasta 1000 en corriente alterna o mayor que 75 volts y hasta 1500 en corriente continua".
La red eléctrica doméstica es de 230 volts, carga que puede generar un choque eléctrico e incluso un incendio.
"Hay cierto subgrupo de productos que hemos decidido fiscalizar, por su masividad, y porque se han establecido normas técnicas específicas que deben ser cumplidas", afirma Masoller.
El Sun no está comprendido dentro de esa clasificación, que sólo considera fichas y tomacorrientes, cables con aislación de PVC o para instalaciones fijas, interruptores automáticos para corriente diferencial, interruptores automáticos para sobrecorriente, portalámparas con rosca, portalámparas para tubo luz, calentadores de agua instantáneos como los que se colocan en las duchas, calefones, conductos para instalaciones, envolventes de tomacorrientes, zapatillas de alargues, adaptadores, cables de baja tensión y llaves de encendido y apagado.
En esos productos se emite un certificado de conformidad elaborado por Latu, LSQA o la Unit; todos ellos reconocidos por la Ursea y controlados por el Organismo Uruguayo de Acreditación (OUA). "En forma opcional se coloca un sello de calidad", aclara el presidente.
Los organismos de certificación toman muestras del producto, realizan ensayos y evaluaciones y luego la Ursea autoriza al fabricante. "También se hace lo mismo ante Aduanas", aclara Masoller.
En cuanto al Sun, en 47 años de vida del invento uruguayo casi no hubo accidentes, según las estadísticas, lo que no quita que existe "un riesgo potencial", concluye la ingeniera.
El extravagante creador
En 1940 nació en La Blanqueada Carlos Caggiani, el inventor uruguayo del Sun. Recorrió el mundo en moto y continuó su vida de emprendedor en Estados Unidos, donde llegó a ser vicepresidente de una multinacional de tecnología médica. "Tengo varias patentes, hasta de turbinas de aviación", cuenta. Pero el Sun fue su primer invento. Lo patentó en Uruguay y luego vendió la licencia para salir de viaje. "En Montevideo no tenía dónde trabajar", dice quien dejó su huella en el país con un pequeño aparatito. "Peligro hay en todo objeto; se podía haber solucionado con alguna advertencia", afirma. Ahora se dedica a la escultura y pintura.