CARLOS TAPIA
Quizás Jorge Denevi jamás haya tenido tanta barba. Por eso es cuidadoso. Cada vez que el café en vaso -así le gusta- se aproxima a su cara, el impulso de su brazo pierde fuerza para que su blanco bigote no se enchastre. Sin embargo, los cientos de pelos que tapan su rostro no le pertenecen. No son del director de teatro y televisión que todo el país conoce; son parte de otra persona. Alguien que es igual de alto, gesticula parecido y tiene una voz potente identificable en cualquier parte. Pero no lo conocen como "el Flaco", sino como "el Ingeniero".
Tras la mesa del bar que parece diminuta y la silla que le queda chica, Denevi hace una confesión: "Decidí comenzar una nueva etapa en mi vida, quiero hacer cosas nuevas". En este plano, el director de teatro aceptó un reto. La invitación al desafío la hizo Diego Arzuaga, líder de Taxi Films, y que ha realizado películas como Corazón de fuego y Otario. Él mismo llamó al director teatral para invitarlo a volver a actuar y a protagonizar su nuevo largometraje, que se empieza a filmar esta semana en el departamento de Maldonado y que se va a llamar, justamente, El ingeniero.
"Se trata de un individuo que es ingeniero agrónomo, pero se ha hecho conocido como técnico de fútbol. En el pasado tuvo mucho éxito, pero en determinado momento, y por sorpresivas circunstancias, abandonó de un día para otro su profesión. Se aisló en el interior y se dedicó a las plantaciones de árboles. Las incógnitas de esta película son: ¿por qué este tipo abandonó el fútbol sorpresivamente?, ¿por qué nunca dio explicaciones?, ¿por qué nunca tuvo contacto con ningún periodista para contar lo sucedido? Eso es lo que se va a desentrañar", relata Denevi, quien en el interín dirige la obra El inspector, de Nikolai Gogol, que se exhibe en el Teatro Solís con el elenco de la Comedia Nacional, y que además da clases de artes escénicas en la Escuela del Actor.
No puede evitar confundirse: cada vez que quiere decir "película", su boca pronuncia la palabra "obra". Pero justifica su error: "Como es notorio yo me he pasado la vida haciendo teatro y televisión. Pero, además, aunque los códigos son otros, y algunas formas son distintas, no hay muchas diferencias con el cine. Nosotros pretendemos llegar al momento de la filmación con la obra… perdón, la película, ensayada. Y nos preparamos como si fuera una obra de teatro".
Además, agrega, "la película, que es uruguaya en un cien por ciento, todos los actores son de acá, abarca, más allá del fútbol, una manera de ser, una idiosincrasia nacional".
-¿Cuánto hacía que no actuaba?
-Más allá de alguna suplencia, más de 20 años en teatro y sólo hice alguna cosa chica en televisión después de Plop! Ya había olvidado la posibilidad de subirme al escenario… perdón, a un set de filmación (sonríe). Pero yo siento que nunca estuve alejado de la actuación, el proceso no se me está haciendo difícil, porque en la búsqueda del personaje que hacen los miembros de un elenco uno siempre está ahí. Esto creo que me dio herramientas para hacer una buena elaboración del personaje que ahora tengo, con bases sólidas. Simplemente estoy aplicando en mí lo que ya sé, lo que hago todos los días. Tengo mucha alegría por el hecho de actuar y creo que va a ser un buen testeo del trabajo que hago en la Escuela del Actor y en las obras que dirijo.
-¿Le cuesta estar del otro lado?
-Siempre digo que para ser un buen general hay que ser un buen soldado. Trato de seguir lo que dice el director. Un actor no es un autómata. Trato de ser el mejor colaborador del mundo con el director, creo que solo así se logran cosas buenas.
-¿Se basó en alguien en especial para construir el personaje?
-"El ingeniero" es un sabio, un filósofo del fútbol, tal cual lo fueron muchos directores técnicos uruguayos. Y, si bien la película no está para nada basada en él, yo le encuentro al personaje muchas similitudes con el profesor José Ricardo de León. Leí mucho de De León en los últimos tiempos y lo hice para preparar la psicología del personaje. El material me lo pasó el propio Arzuaga, pues su padre fue presidente de Defensor cuando De León era el director técnico y fue el primer cuadro chico en ganar el Campeonato Uruguayo. Con todo esto, además, reafirmé una vieja convicción: el fútbol y el teatro tienen mucho en común.
-¿Por ejemplo?
-A mí me gusta mucho el deporte en general y el fútbol en particular. Soy hincha de Racing. Y siempre lo he dicho: el trabajo del director técnico de fútbol y el de un director de teatro tienen un sinfín de similitudes. Se necesita mentalizar a la gente, llevarla a una disciplina, buscar un estado de ánimo y lograr una mentalidad, no ganadora, sino de concreción y fuerza. Es muy similar el hecho de trabajar con psicologías. También la necesidad de acabar con los individualismos. Puede haber un genio, Lionel Messi por ejemplo, y puede haber un gran actor, Alberto Candeau. Ellos siempre van a sobresalir, pero si falla el equipo las cosas se van a poner difíciles. Un técnico amigo me decía que en un equipo de fútbol es fundamental hasta el equipier, y lo mismo pasa con el apuntador en el teatro. Hay una brutal similitud en los trabajos, también en eso de tener que comerse las cosas en soledad.
-¿Qué cosas suyas comparte con "el ingeniero"?
-Para elaborar el personaje yo pienso en muchos momentos de mi carrera, en los éxitos y fracasos. Las traiciones, las hipocresías, y cómo sobrellevarlas. Es muy fascinante esto, y es lo que me lleva a decir que quiero empezar una etapa nueva.
-¿En qué sentido?
-Lo que quiero cambiar es la inercia del trabajo, eso de que un trabajo te lleve a otro, y otro, y a otro… Estoy más interesado en hacer búsquedas exhaustivas en el plano artístico. Quizá no sea demasiado importante para quien lo ve de afuera, pero para mí es una bisagra. Hay cosas que no voy a hacer más.
-¿Qué lo llevó a decirle "sí" a Arzuaga?
-Yo no tengo la menor intención de hacer o no hacer algo. No me interesa hacer una carrera en cine como actor, ni como director, pero el guión me sedujo. Cuando lo leí dije: `este guión me parece bárbaro, dice cosas importantes, tiene personajes muy sólidos`. Artísticamente, me enganchó. Y es un desafío, sí, pero cuando estás en un plano artístico hay que estar en continua búsqueda, no podés decir llegué hasta acá. Esta película es un desafío. A lo mejor fracaso, no lo sé. Espero poder.
Industria del cine
"Como observador me doy cuenta que las primeras películas, por más que hubo muy buenos niveles de producción y de logros, tenían el beneficio de que al ser uruguayas el público las acompañaba a rajatabla. Ahora, al haber más producciones cinematográficas, lo que sucede es que el público exige que la película sea buena y entretenida. Hay muchas que han fracasado en los últimos años. Ahora el tema es que hay que competir, y hay que hacerlo con productos buenos que tienen que tener una visión de lo que es el público, de lo que es el mercado por lo menos a nivel local. Antes no se consumía rock nacional como ahora, lo que sucedió es que ahora el nivel es, por lo menos, de un gran profesionalismo, por eso convoca multitudes; bueno, el cine también va a tener que cambiar. Los grandes éxitos de público del cine son comedias, y en Uruguay también van a tener que llegar a hacerse. Cuando se hizo una película que era una comedia de acá, Una forma de bailar, tuvo un éxito descomunal. Lo interesante de crear una industria no es sólo hacer un cine de carácter cultural. La industria significa tener una cantidad de opciones y que el público tenga para elegir".