Con la fragilidad del cristal

| En cuarenta años la viabilidad de un prematuro pasó de un piso de 2.400 a 750 gramos de peso al nacer. El desafío para el 2011 es salvar a los de 600 gramos.

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CATERINA NOTARGIOVANNI

Su llegada no estaba en los planes. Con la hija primogénita fallecida a los nueve años debido a un tumor cerebral, tres embarazos perdidos en la semana 22 de gestación y otra niña que contener, Ana (37) y su marido no querían correr más riesgos. "Cerramos la fábrica", decidieron. Acto seguido, ella comenzó a tomar la píldora anticonceptiva. Aún así, quedó embarazada. Otra vez la alegría, la angustia, la esperanza, contar las semanas, controlar el temor, esperar con "el corazón en la boca". Pasó la semana 22, la 23, la 25, la 26. "Entonces ta, respiramos", recuerda Ana.

El alivio no duró mucho: siete días más tarde (con seis meses y medio de gestación), una niña de 940 gramos de peso abrió los ojos por primera vez fuera del útero. Milagros, la llamaron, y no es necesario explicar porqué. Casi dos meses después, la niña evoluciona bien en el CTI del Hospital Pereira Rossell, bajo la atenta mirada de enfermeras y neonatólogos. Pero si este parto hubiese ocurrido diez años antes, el milagro sería que esa bebé continuara con vida.

Viabilidad. Es así de sencillo: en la década del 70, obstetras y neonatólogos tenían serias dificultades para lograr la supervivencia de niños prematuros de 2,5 kilos de peso. En los 80, los de 2 kilos, en los 90, aquellos de 1,5 kilos y en el 2000 los de un kilo. "Hoy, nuestro problema son los niños de 750 gramos", señala Daniel Borbonet, profesor titular grado 5 de Neonatología. De ahí que los especialistas hablen de "viabilidad", es decir, de las posibilidades de que un niño prematuro sobreviva. Para Justo Alonso, profesor titular grado 5 de Ginecología Obstetricia, en la actualidad ese concepto es una "cuestión de actitud".

"Si el ginecólogo atiende el parto con actitud de hacer todo lo posible para que salga bien, va a tener muchas más chances que si lo aborda como si fuera un aborto", explica. En tal sentido, hay acuerdo entre los especialistas: hoy los niños viables son aquellos cuyo peso está por encima de los 700 gramos; en tanto que la meta autoimpuesta para el año próximo es descender la aspiración a los 600 gramos.

Buena parte de los nacimientos prematuros, que en Uruguay representan el 9% del total, son evitables si se realizan oportunamente los nueve controles recomendados durante el embarazo. En este sentido las cifras del Pereira Rossell son reveladoras: una de cada tres madres se controló mal o directamente no lo hizo antes del parto. De hecho, un 10% llega al hospital sin haber visitado al médico ni una sola vez. "Esto tiene mucho de cultural, aún cuando el Ministerio de Salud Pública ofrece controles gratuitos, tanto en Montevideo como el Interior. Hoy, por ejemplo, tuvimos una paciente que se controló por primera vez a la semana 25 y vive a dos cuadras del Hospital de Durazno. Por tanto no es un problema de accesibilidad sino de actitud", señala Alonso. La prematurez se duplica o triplica en centros públicos en comparación con privados. No obstante, como existen factores genéticos, la educación sexual no será suficiente para erradicar los partos prematuros, aunque sí colaboraría en bajar la incidencia.

Pero hay otras causas de la prematurez: presión sanguínea alta durante el embarazo, enfermedades crónicas (como por ejemplo una cardiopatía), infecciones urinarias o genitales, consumo de drogas, antecedentes de partos prematuros, desprendimiento de placenta, polihidramnios (demasiado líquido amniótico), gestación múltiple (mellizos, trillizos, etc), entre otros.

Las consecuencias de nacer antes de que los órganos y el sistema hayan madurado pueden ser: la muerte, falta de oxígeno y daño cerebral, mayor riesgo de infecciones, enterocolitis necrotizante, hemorragia cerebral, sordera, ceguera, mayor probabilidad de parálisis cerebral, mayor frecuencia de dificultades respiratorias, de diarreas e incapacidad de regular adecuadamente la temperatura corporal. "Un niño prematuro no está pronto para el mundo", ilustra Borbonet, "sin embargo, el 90% de los que pesan más de 1.000 gramos sobreviven intactos", agrega.

Ahora, para que ello suceda deben darse ciertas condiciones, entre las cuales está el terminar el proceso de maduración en un CTI o Cuidados Intermedios, lo que puede insumir tres meses. "Lo sacamos y lo cuidamos como si fuera de cristal", dice Alonso, con una metáfora contundente.

Borbonet y Alonso son presidente y vicepresidente de la Fundación Álvarez-Caldeiro Barcia, institución que mucho tiene que ver en la supervivencia y calidad de la atención que reciben estos niños y sus madres (ver recuadro). De hecho Ana, mamá de Milagros y oriunda de Suárez (Canelones), puede estar todos los días junto a su hija porque tiene cama y comida en uno de los programas de la Fundación: el Hogar de Madres. Todos los días, cada tres horas, ella sube primero al Banco de Leche a ordeñarse. Luego visita a Milagros en el CTI. La acaricia, la observa, la mira, le habla: "Acá está mamita", le dice, "No te olvides de respirar". Así, la niña de cristal se transforma lentamente al hierro.

Las cifras

9% De los nacidos en Uruguay son prematuros. En el Pereira Rossell el porcentaje trepa al 15% y en el sector privado es el 4% o 5%.

1 tercio De las parturientas en el Pereira Rossell no controla su embarazo o lo hace mal (menos de 9 veces); unos 2.000 partos al año.

El dato

Su grano de arena

El aporte de particulares ha sido clave en las obras llevadas a cabo por la Fundación. La ayuda sigue siendo bienvenida a través de: Banco Santander (cuenta Nº 7755333), Abitab (a nombre de la Fundación) o a través del 0900-9990 ($ 50), 0900 9991 ($ 100), 0900-9992 ($ 200). La Fundación lleva su nombre en honor a Hermógenes Álvarez y Roberto Caldeiro Barcia (este último fue el único candidato uruguayo al premio Nobel), pioneros de la perinatología a nivel mundial.

Más que una mano

"Veías a las madres en los corredores, durmiendo donde podían, comiendo lo que podían, algunas prostituyéndose", recuerda Daniel Borbonet, profesor grado 5 de Neonatología. "Era una situación en la que uno no podía dar vuelta la cara", agrega. De ese compromiso nació la Fundación Álvarez-Caldeiro Barcia, que a diez años de su creación ha mostrado que cuando se trabaja en conjunto (médicos, enfermeras, autoridades y privados), la realidad puede cambiar. Como sucedió con el Hogar de Madres, concebido para dar cama, alimentación, asesoramiento y contención a esas mujeres cuyos hijos pasan meses internados. La mayoría de ellas provienen del Interior y son adolescentes. El Pereira Rossell puso la casa y brinda las cuatro comidas diarias; la Fundación con aporte de privados financia el resto.

Otro de los proyectos exitosos es el Banco de Leche Humana, que desde su creación en 2005 lleva repartidos más de 3.150 litros de leche a recién nacidos. "Las madres prematuras, por su propia situación, dejan de tener lactancia a los 15 o 20 días", explica Borbonet. De ahí la importancia de recolectar, almacenar, estudiar y pasteurizar leche humana. Detectar y tratar posibles alteraciones oculares, incluida la ceguera, impulsó a la Fundación a conseguir los fondos para realizar estudios en los prematuros que pesan menos de 1.500 gramos. Gracias a ello, la tasa de retinopatías severas en el sector público bajó del 5% al 3,2%.

Ahora apuntan al seguimiento del núcleo familiar, de modo de mejorar las condiciones de vida del niño una vez que tiene el alta, ya que éstos tienen más probabilidades de enfermarse. Por tanto es importante cuidar el ambiente que los recibe. De lo contrario, pueden volver al mes con, por ejemplo, una enfermedad respiratoria. En esto están en sintonía los implicados (Mides, MSP, Mvotma): "Se está trabajando en lo extrahospitalario, pero lo tenemos que mejorar", dice Borbonet, presidente de la Fundación. Hacia allí se dirigen.

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