Violentados por su sangre

| El Faro, un programa de lucha contra el maltrato y abuso en niños y adolescentes saca un libro donde varios técnicos vuelcan su experiencia de trabajo en Uruguay.

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Cuando Federico, de 17 años, se acercó a El Faro (un programa de la ONG Foro Juvenil que asiste a niños, niñas, adolescentes y mujeres víctimas de maltrato y/o abuso sexual) por primera vez, ya había radicado una denuncia policial. No soportaba más los insultos constantes y las palizas sistemáticas que le propinaban sus padres. El juez lo desoyó. En la segunda denuncia, realizada esta vez por el liceo al que concurría Federico, tampoco se le hizo caso. La siguiente fue hecha por El Faro y acompañada por dos informes técnicos; era la tercera denuncia por violencia doméstica hacia el adolescente en 10 días. Recién entonces se decretó una audiencia, pero para un mes después; la Justicia no consideró que fuera un tema urgente. Cuando llegó esa instancia, mientras el juez lo interrogaba en tono intimidante, el chico solicitó vivir con una vecina que estaba de acuerdo en hacerse cargo. De ninguna manera quería seguir conviviendo con sus padres. Se le negó esa posibilidad, pero se resolvió su internación en el INAU. Allí lo encerraron en una celda, cuando el chico no había cometido ningún delito, por el contario, estaba denunciando uno. Esa noche, Federico fue abusado sexualmente por dos adolescentes; se salvó de la violación total gracias a los gritos pidiendo ayuda. Al día siguiente, en la segunda audiencia, a la que asistió su madre, tuvo que responder a las siguientes preguntas del juez: "¿Usted cree que su madre quedaría preocupada y dolida si a usted se lo retira de la casa?" "Pasó la noche fuera de su casa y sus afectos, ¿pensó en su madre?"

Esta es apenas una introducción. El caso completo de Federico -una historia real que sucedió el año pasado- está contado al detalle en el libro Por una vida sin violencia, que se presenta el próximo miércoles (ver servicio) y fue elaborado por nueve técnicos integrantes de El Faro, un programa que existe en Uruguay desde hace 14 años y por el que pasan alrededor de 180 niños y adolescentes y 200 mujeres cada año.

El caso consignado -uno de los varios que relata el libro, además de volcar conceptos, marco teórico y otras experiencias- ilustra de manera fehaciente la trágica realidad a la que se enfrentan las víctimas de violencia doméstica cuando la respuesta institucional causa más daño que el ya existente. "Un abordaje integral implica la participación de todas las instituciones de protección: el sistema de salud, el sistema educativo, el Poder Judicial, la sociedad organizada. Y hoy, más allá de que existe un intento, lo que vemos en la realidad es que ese sistema de articulación no está funcionando. Las respuestas no están siendo contenedoras ni se estructuran en forma de red. Y muchas veces lo que hacen es revictimizar a los niños, niñas y adolescentes, y a sus familias", dice Cristina Prego, socióloga y asistente social, integrante de uno de los proyectos del programa El Faro.

Si bien en estos 14 años de trabajo algunos avances han habido, sobre todo en lo referente a la normativa, con la Ley de Violencia Doméstica (a partir de la cual se crearon los juzgados especializados) y el Código de la Niñez y la Adolescencia -opina la experta-, aún puede resultar frustrante para los trabajadores en estas áreas no contar con el necesario apoyo jurídico.

"El objetivo de este programa es interrumpir la violencia- explica la asistente social Andrea Tuana, directora de El Faro. Si hablamos de abuso sexual, esa interrupción debe ser inmediata, no puede seguir la convivencia, pero no siempre se logra. Generalmente solicitamos que se vaya de la casa el abusador, pero es difícil. En las otras situaciones, muchas veces la convivencia persiste. Cuando vemos que realmente no hay posibilidades de trabajar porque el adulto (agresor) no se compromete en un proceso, no muestra su voluntad de cambiar ciertas prácticas o de controlarlas, acudimos al soporte judicial. Para cada situación hay alternativas diferentes: que se vaya a vivir con otro referente (familiar, comunitario), o en un hogar institucional, o lograr algo penal con un agresor. Manejamos todo, por eso tenemos abogados. Pero el objetivo central del programa es trabajar en las secuelas, en los efectos que la violencia tiene en la vida de esos chicos y eventualmente de sus familias. A veces se minimiza el daño que genera la violencia, simplemente se intenta una intervención inmediata de corte y luego `la vida ayudará` a ese niño. Sabemos que no es así, que luego vendrán complicaciones en lo escolar, familiar, social, personal, afectivo; en el relacionamiento con otros, en la sexualidad; hay un montón de planos dañados. Muchas veces las mamás también son víctimas de violencia, entonces tienen problemática que afecta la relación con sus hijos".

Tuana destaca que para trabajar estas situaciones el tiempo es un elemento vital. "Hay daños tan profundos. Hay niños que vienen de seis o siete años de abusos sexuales ininterrumpidos. Necesitás tiempo. A veces estamos con familias y niños trabajando dos, tres, hasta cuatro años. Hoy el Estado nos financia hasta 18 meses de atención; ese es un problema. Hay agujeros al pensar políticas más integralmente. Con 18 meses de asistencia no logramos cumplir todas las etapas para llegar a intervenciones más profundas. Además, faltan servicios de atención en todo el país. Sabemos que es una intervención costosa, pero absolutamente necesaria".

Asimismo, las expertas recuerdan que todavía vivimos en una cultura que legitima el uso de la violencia hacia los chicos. "¿Cuál es la diferencia entre un padre que le pega una cachetada a su hijo y para y otro que sigue durante 15 minutos? El control. Pero la naturaleza de la acción es la misma: creer que yo tengo derecho a violentar la integridad de mi hijo y propinarle un dolor porque estoy enojado y no logro que cumpla con determinados límites. O sea, soy yo el problema. Solo que uno puede terminar con el cachetazo y otro no. Pero uno es tan bestia como el otro".

Dos de las autoras

"Es imposible no involucrarse emocionalmente. Desde la perspectiva de nuestro trabajo, eliminar la afectación es imposible. El tema es cómo generar los límites del cuidado, para nosotros y para quienes vienen". Cristina Prego, socióloga.

"Hay daños tan profundos. Hay niños que vienen con seis o siete años de abusos sexuales ininterrumpidos. Para trabajar eso necesitás tiempo. Hoy el Estado financia hasta 18 meses de atención; es un problema". Andrea Tuana, as. social.

Publicar y pensar

Por una vida sin violencia. Conceptualizaciones sobre prácticas en el abordaje de violencia doméstica se titula el libro que este miércoles se presenta en la sala de conferencias del IMPO (Germán Barbato 1379 p. 2). Nueve integrantes del equipo de El Faro participaron en la elaboración del texto, que se distribuirá de forma gratuita. "Fue un desafío que nos habíamos planteado hace mucho tiempo. Si bien uno de nuestros objetivos es la asistencia directa, también queremos ir transfiriendo la experiencia y los conocimientos que adquirimos en la práctica. La posibilidad de reunir en una publicación esos aprendizajes era un desafío, un deseo. También para hacer un alto en la práctica concreta, para darles un análisis. Publicar ayuda a hacer ese movimiento", explica Andrea Tuana, una de las directoras del programa de la ONG Foro Juvenil.

Los nueve autores trabajan -o han trabajado- en El Faro casi desde sus inicios. "Hicimos una convocatoria abierta para todos los que quisieran pensar en un tema y sistematizarlo en este libro". Quienes deseen un ejemplar pueden comunicarse con El Faro (Enrique Martínez 1446 bis) por el 2200 5210.

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