Revolución de la penicilina

DR. PABLO PERA PIROTTO

Muchos han sido los avances en el campo de la Medicina que en cien años han cambiado radicalmente la calidad de vida del ser humano. Pero si tuviéramos que elegir uno solo, quizás el más importante ha sido el descubrimiento y posterior uso masivo de los antibióticos. Hace no tantas décadas atrás una simple herida podía infectarse y terminar en la amputación de un miembro o hasta en la muerte de la persona.

La penicilina, descubierta por Alexander Fleming a fines de la década de los veinte, fue el primero de este tipo de fármacos. Popularizado su uso durante la Segunda Guerra Mundial, produjo un gran cambio social al lograr curar varias enfermedades; entre ellas la sífilis, que por siglos marcó la historia de la humanidad.

Si bien no es fácil determinar con precisión la fecha de la aparición de esta enfermedad venérea, los relatos de los primeros casos se remontan al siglo XV en Europa, en la época en que Colón y sus marineros volvieron de su primer viaje a América. La duda es si estos hombres la trajeron desde las tierras visitadas, o fueron ellos quienes la llevaron al descubierto nuevo continente.

Lo cierto es que esta patología, cuya principal vía de transmisión es el contacto sexual, se propagó con gran rapidez traspasando las fronteras geográficas y también socioculturales, transformándose en una verdadera epidemia en el viejo continente. Desde las prostitutas hasta los reyes, nadie quedó ajeno al contagio de este mal que era incurable.

Entre los italianos, ingleses y alemanes era conocida como "la enfermedad francesa", mientras que para los franceses era "el morbo italiano"; los portugueses la llamaban "el mal español", y sus vecinos ibéricos la bautizaron como "el mal portugués". Lo concreto es que a principios del siglo XX se estima que alrededor del 15% de la población europea tenía sífilis.

A pesar de no contar con los medios para poder matar a la bacteria que causa la enfermedad, los médicos de antaño aplicaban distintos tratamientos. Uno de los más utilizados fueron las inyecciones de mercurio o las inhalaciones de su vapor, cuyos efectos secundarios eran muy severos. Quienes recibían la terapéutica sufrían de grandes dolores corporales, se les caía el pelo y los dientes. Por aquellos tiempos se acuñó una frase que llegó a ser muy popular: "Por una hora con Venus, veinte años con Mercurio".

Hoy en día, si bien todavía se ven muchos casos de la enfermedad, con un diagnóstico clínico precoz, confirmado por su correspondiente paraclínica, se logra curar la sífilis administrando la revolucionaria y aún vigente penicilina.

Gracias a ella es muy raro ver personas que lleguen a etapas avanzadas de sífilis terciaria, en donde la enfermedad afecta irrevocablemente el sistema nervioso central, provocando todo tipo de trastornos, y conduciendo a la muerte.

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