LEONEL GARCÍA
Es muy difícil definir qué diferencia a un músico de rock de una leyenda, pero casi nadie tiene problemas en reconocerlo. No sólo son éxitos o, mucho menos, modas; es algo que tiene que ver con la admiración, la influencia y la sensación de haber dejado tierra arrasada tras su paso. Solo cuando una obra cruza generaciones y un nombre es reconocido en Londres, Montevideo o Nairobi se está frente a un grande de verdad. Paul McCartney (el solista, el de los Wings y el de unos tipos que se hicieron conocer como The Beatles) es uno de ellos. Uruguay recibirá a uno de los mayores nombres del Olimpo rockero el 15 de abril. La noticia alegró y sorprendió. Es que mientras la vecina Buenos Aires se ha cansado de ver a los Rolling Stones, U2, The Police, Roger Waters o al mismo Paul, solo en muy contadas ocasiones a deidades semejantes se les dio por darse una vuelta por esta plaza tan postergada. Aunque los hubo y acá están.
Atención: no se habla de estrellitas fugaces al momento de la visita ni -mucho menos- viejos ídolos cuyo fulgor se concentró décadas atrás a su llegada, especímenes a los que Montevideo se ha cansado de darles la bienvenida en los últimos años, llámense Bryan Adams, Deep Purple, Jethro Tull o Guns and Roses (otrora banda top, hoy un grupo de gente que acompaña a Axl Rose); se habla de verdaderos cristos paganos. Y como calificar quién es una leyenda del rock o no, tiene una (muy) importante cuota de subjetividad, prepárese para asentir feliz o agarrarse la calentura del día en los siguientes párrafos. Avisado está.
MALDITO CILINDRO. Bob Dylan era tan leyenda en 1991 como hacía entonces casi treinta años y como hoy. No quiso fotos ni entrevistas. Cruzó a Uruguay casi de incógnito, vía Colonia, y almorzó en Colonia Valdense. El lunes 12 de agosto de 1991 se presentó en el Cilindro Municipal. Originalmente iba a actuar el sábado 25 de mayo, pero la enfermedad de uno de sus músicos obligó a postergar la gira. La crónica del recital habló de un recinto "abarrotado" con entradas desde 17 mil hasta 55 mil nuevos pesos (la edición dominical de este diario salía N$ 3.000).
El auto que lo traía estacionó a cuatro cuadras del edificio, recorrido que hizo a pie casi sin ser reconocido. El telonero, Eduardo Darnauchans, le dedicó un "Gracias, Bob Dylan, por existir". Pero la fama nefasta de la acústica del hoy destruido Cilindro se basaba en noches como esa. Solo el que conocía las canciones podía seguir el recital con cierta fluidez. Dice la leyenda que el autor de Blowin` in the wind, furioso tras una hora y media de pelear contra las bolas de sonido, dijo: "acá no vuelvo más". Cumplió. La siguiente vez que tocó en Uruguay, 20 de marzo de 2008, fue en el parking del Hotel Conrad, Punta del Este. También el poeta de Duluth tiene derecho a un poco de glamour.
CENTENARIAZOS. Hoy parece increíble, pero ocurrió: en octubre de 1990 y en el Estadio Centenario, siete días de diferencia separaron el show de Eric Clapton del de Sting.
Clapton hizo gala de su antipatía en los momentos previos a su actuación del miércoles 3. Se escondió tras una columna en el aeropuerto de Carrasco para evitar ser fotografiado y se corrió la voz de que no quería pasar la noche en un país que entonces no tenía un hotel cinco estrellas. Pero 23 mil personas disfrutaron de un recital brillante, lleno de clásicos y futuros clásicos (un año atrás había publicado su elogiadísimo disco Journeyman). El telonero fue Mick Taylor, que al día de hoy sigue siendo la única presentación de un (ex) Stone en Uruguay. Clapton volvió a Montevideo el 10 de octubre de 2001; se programó el Velódromo pero la lluvia obligó a mudarse al Cilindro, que en esa ocasión mostró menos saña que con Dylan.
Sting llegó a Montevideo cuando la separación de The Police era fresca, disfrutando del éxito de su primera etapa solista, muy medioambientalista y politizado, y antes que se conociera su afición por el hinduismo, el veganismo y el sexo tántrico. El miércoles 10 metió 20 mil almas en la Olímpica. Algunas críticas señalaron que pareció tomar Montevideo como una prueba de sonido para escalas más apetecibles. Quedó para la historia la insólita despedida del telonero, el argentino César "Banana" Pueyrredón: "No se vayan, ahora viene Sting".
En ese mismo lugar y el 28 de febrero de 1989, Rod Stewart había provocado un verdadero terremoto ante 30 mil fanáticos. "El espectáculo más imponente que haya generado el rock en nuestro país", calificó la revista Sábado Show al recital de este escocés, que se mostró mucho más simpático que otras luminarias del rock. A lo largo de un espectáculo que comenzó con la movida Hot legs y culminó con la balada Sailing, pateó una docena de pelotas a la tribuna, dejó un tendal de suspiros femeninos y -tan fanático del fútbol como diplomático- le deseó a Uruguay "mucha suerte" en Italia `90.
En diciembre de 1991, solo unos meses después de juntar medio millón de personas en el Central Park de Nueva York, Paul Simon también se hizo presente en el Centenario.
CLÁSICO. Las mujeres que han dejado huella en el rock no conocen los escenarios de Uruguay. Y si de grupos hablamos, salvo casos muy excepcionales, con Van Halen y en 1983 a la cabeza, los grupos suelen llegar por aquí a tiempo apenas de mostrar sus ilustres restos. Posiblemente hayan sido los Ramones, pioneros y nombre mayor del punk, lo más impactante si de bandas se habla, además de ser uno de los artistas más influyentes para la escena rockera local. Joey, Johnny, Marky y CJ tocaron ante 6.000 personas, con Trotsky Vengarán como soporte, el 14 de noviembre de 1994 en el Palacio Peñarol, cuya acústica no le tenía nada que envidiar al Cilindro Municipal. Dos años después se separaban.
Del punk al pop-rock y del estadio cerrado de Peñarol al abierto de Nacional; un año después de los Ramones llegaba Elton John. Este excepcional pianista influyó durante una exitosa carrera de más de cuatro décadas a artistas tan disímiles como Axl Rose, Billy Joel, Queen o Lady Gaga. De los 65 años de vida que cumple justamente hoy, solo pasó cinco horas en Uruguay, de las cuales la mitad las usó dando un recital en el Parque Central ante 12 mil personas. Fue el 20 de noviembre de 1995, había editado su 25° disco y venía de recibir un Oscar y un Grammy. Y estaba tocando en Montevideo.
Otros nombres que vale la pena mencionar
Aun dentro de parámetros tan limitantes ("leyendas", "rock", "en Uruguay") el debate sobre quién merece ser incluido puede durar horas. También vale mencionar las venidas de Joe Cocker (1991), Lou Reed (2000), David Byrne (2004) o Ian Anderson (2005). Brian May (foto) tocó en el Centenario en 1993, pero su fama la hacía (aún la sustenta) con Queen.
Y ellos También estuvieron en Uruguay
Violeros de lujo
La guitarra es el instrumento emblemático del género. Además de los masivos Clapton y May pasaron otros grandes como BB King, Jeff Beck o Mark Knopfler, todos ellos grandes capítulos del rock.
Llegadas tardías
Guns and Roses llegó a Uruguay en 2010, 20 años después de su megaestrellato. Lustro más o menos, lo mismo puede decirse de Deep Purple, Jethro Tull, Motorhead, Toto, Simply Red...
Aquí en su momento
Fuera de los atemporales, muy pocos top vinieron en su apogeo. Excepciones: Van Halen (1983), UB40 (1989) y Roxette (si bien este dúo no estaba destinado a hacer historia, arrasaba en el mundo en 1992).