LEONEL GARCÍA
Chenkuo Che saluda a todos, se sienta y se calza sus "tamangos", zapatos especiales para el tango comprados en Italia. Es martes, pasan las diez de la noche, el lugar se llama Ensueños (ex Vieja Viola) y es noche de "practilonga": una milonga en la que iniciados y avezados comparten pista. Chenkuo tiene 27 años, un padre chino, un piercing en la ceja derecha y una rara condición: es uruguayo y puede vivir del tango como docente y bailarín profesional. "Pero la mitad del año la pasa bailando en Europa", aclara su novia, Virginia Machado (34), salteña y odontóloga. Él, conocido en todo el ambiente milonguero-tanguero local, sonríe: "Acá la movida es muy fluctuante, crece, se frena, retrocede... hoy por hoy está repuntando de nuevo. Haría falta más apoyo del Estado, y mucha más difusión". Suena la voz de Alberto Castillo. Chenkuo y Virginia saltan a un ruedo casi vacío. Y da gusto verlos.
Creciendo, expandiéndose, en movimiento, recuperándose, con muchos jóvenes acercándose, con un gran potencial desaprovechado. Así califican los operadores el presente del dos por cuatro en Uruguay. Los más arriesgados dicen que, si hace diez años había 300 personas en el ambiente, hoy rondan los mil. Pero son afirmaciones más basadas en, digamos, "sensaciones térmicas" que en números globales objetivos. "Todo lo que se te puede decir es una percepción porque, aunque parezca mentira, no se sabe cuánto mueve el tango en Montevideo". El que habla es Gustavo Colman, responsable de TangoVivo, un plan de revitalización del género encargado de la programación de distintos eventos, además de delegado del Club del Tango, del Conglomerado de Turismo de Montevideo.
Este club, creado en 2010, es una entidad mixta, con un número fluctuante y aún no bien definido de miembros, cuyo norte es lograr finalmente que el tango, música ayer nacida en los arrabales, hoy marca reconocida mundialmente, se instale como una propuesta turística rentable. "¿Qué hace falta? Que haya a nivel estatal una política o un incentivo que acá no existe, a no ser casos puntuales del Ministerio de Turismo o de la Intendencia", afirma Colman. Palabras más o menos, lo mismo dice Jean Pierre Rubinstein, presidente de Joventango: "Tendría que haber una campaña de difusión, y no la hay".
Antes de la practilonga, hay una clase. A los profesores Gaby Lencina y Ariel Coira les toca combinar a principiantes con intermedios. Las indicaciones se suceden: "Vamos a buscar ese abrazo", "planteo un abanico", "llevo mi peso a la pierna derecha para liberar mi izquierda". Los alumnos le siguen los movimientos en el aire; algunos con más empeño que arte. El tango salón tiene un paso básico de ocho etapas; a partir de ahí, la improvisación. "Para el hombre es más complejo, debe escuchar, improvisar y transmitir la propuesta a la mujer", dice Coira. Esa complejidad se nota en la asistencia a clases: hay siete parejas (de veinteañeros a sesentones) practicando y cinco mujeres esperando su turno.
Rubinstein dice que de 2005 a hoy Joventango aumentó de 100 a 600 socios. La clave, señala, fue que la institución decidió poner el énfasis en la danza y no en la parte académica. "El baile es la puerta de entrada al tango", tanto para los jóvenes como para los turistas, asegura. Rosario Echevarría, dueña de Ensueños y también integrante del Club del Tango, opina igual pero agrega un problema: faltan hombres. "A ellos siempre les cuesta más venir a la milonga", dice. O sea, hay muy pocos taitas para tantas percantas.
Esa es una realidad mundial y no sólo un fenómeno uruguayo. Pero en Buenos Aires, donde (según cifras que maneja Colman) el turismo tanguero puede dejar US$ 150 millones al año, el mercado y la industria detrás de él pueden disimular esa realidad. "Acá, una mujer, que capaz que se mató tomando clases un año o dos, puede terminar `planchando` toda la noche", indica Echevarría. Y una frustración de esas equivale a largar la milonga.
Dada la disposición de la pista y de las mesas, Echaverría se enorgullece que su milonga, que los sábados (noche de "entendidos") puede superar los 150 asistentes, "es la más grande de Montevideo". Entre los alumnos hay veterinarios, docentes, asistentes sociales o maestros panaderos. Un flaco con pinta de fan de la Vela Puerca y un prototipo de Doña María resultan no ser una pareja tan dispareja para la pista. Hay niveles disímiles. Hay quienes a gatas caminan y otros que casi le sacan lustre a la pista. Los movimientos de algunos parecen más mecánicos que sensuales. Para Coira, puede ser reminiscencias del llamado "tango oriental", de movimientos más marcados y tensos, aún popular en el interior. ¿Por qué están ahí? A Alicia le "despeja la cabeza". Ruben simplemente se sacó las ganas. Agustina lo toma como "terapia" y destaca el compañerismo del "ambiente". El "acá nos conocemos todos" de las milongas es una respuesta muy frecuente; también tiene una lectura muy clara: más allá de la imaginación de algunos, así uno sea el Fred Astaire del dos por cuatro el "levante" es por demás difícil. "Algunos pueden", sonríe canchero Chenkuo; a su novia, buena bailarina pero aún aficionada, la conoció en el "ambiente".
Que Uruguay haya sido subsede en 2010 y 2011 del Mundial de Tango es uno de los logros que menciona Colman para graficar el crecimiento. "La Sala Zitarrosa nos queda chica para los eventos que hacemos (en TangoVivo), hace seis años no la llenábamos". Nombra a nuevos artistas como Tabaré Leyton, Gabriela Morgare o La Yunta. La cuestión pasa por emular a Buenos Aires, ciudad que, asegura, está dispuesta a trabajar con nosotros. "¿Qué nos falta? Darnos cuenta que el tango está arraigado en nosotros, como la murga o el candombe, que haya una verdadera política a nivel cultural, que fue declarado Patrimonio (Cultural Intangible) por la Unesco, saber que es una marca mundial, y que hay un aliado a 50 minutos de avión". Para Colman, lograr que el 1% de los turistas que visitan la capital argentina por el tango crucen hasta acá, "ya serviría para cerrar las cuentas".
En la practilonga entra una pareja ya entrada en años. El hombre tiene una remera negra y ceñida que le da un aire juvenil. La mujer tiene una lechuza tatuada en el antebrazo. Saludan a todo el mundo. Es cierto: todos se conocen. A los pocos minutos le están sacando viruta al piso; es tango "canyengue", se lucen. A las 23 horas las pocas parejas que están en el lugar, unas cuatro, saben lo que hacen, salvo siete mujeres que parecen resignadas a planchar. "Hay que dar más información. Tenemos amigos profesores del extranjero, que llegan y en el aeropuerto (de Carrasco) preguntan dónde bailar tango y no le saben decir", dice Virginia Machado. Este periodista le cuenta que fue a buscar esta semana un folleto con esa información, a la oficina de turismo de la Explanada Municipal. Ahí le entregaron una fotocopia desactualizada, donde nombraban a una milonga, Las Musas, cerrada en 2010. "Ahí tenés, ¿cómo van a vender el producto si ni siquiera saben cómo es la movida tanguera?", se pregunta la percanta.
Urgente: se necesita unir los esfuerzos
Si ven el vaso medio lleno, los operadores ven que cada vez se organizan más espectáculos, cada vez con más público, y que cada vez hay más interesados en aprender (Gaby Lencina dice que tiene hoy casi el doble de alumnos que hace diez años). Pero los lugares para bailar abren con tanta frecuencia como cierran (como ha pasado recientemente con Las Musas o La Pérez). Además, si bien indican que son los esfuerzos privados los principales motores para sacar el producto adelante, no dan la sensación de ser un bloque monolítico. De hecho, ni Gustavo Colman ni Rosario Echevarría saben a ciencia cierta cuántos integran hoy el Club del Tango. "Militando somos pocos", dice la mujer. "Todos tenemos ideas diferentes y eso es lógico. Es como en un matrimonio: de arranque aparecen las diferencias. Esto es lo mismo, nos tendríamos que acoplar". En eso están.
Algunas propuestas para aprender o garufear
Milonga Ensueños (ex Vieja Viola). Clases de tango y noches de milonga martes y sábado. Paysandú 1615, esquina Carlos Roxlo. Más información, horarios y precios en el teléfono 24036290.
Joventango. Clases de tango, espectáculos en vivo y noches de milongas lunes, miércoles y domingo. San José y Aquiles Lanza (es en el Mercado de la Abundancia). Más información en los teléfonos 29015561 o 29086813.
El Milongón. Cena show con tango, milonga y candombe, de lunes a sábado. Gaboto 1810, entre La Paz y 9 de Abril. Más información en el teléfono 29248535.
Museo del Vino. Clases, espectáculos y milonga los jueves. Maldonado 1150, esquina Gutiérrez Ruiz. Más información en el teléfono 29083430.
Milonga Lo de Margot. Clases de tanto y milongas martes y jueves. Constituyente 1812, esquina Gaboto. Más información en el teléfono 24106230.
Garufa. Clases de tango y prácticas (los domingos). Carlos Gardel 967, esquina Río Branco. Más información en el teléfono 29088477.
La Pérez (exmilonga). Clases de tango los viernes. Pérez Castellano 1381, esquina Sarandí. Más información en el tel. 29158360.
Milonga La Oriental. Hay milonga los domingos. Soriano 770, esquina Ciudadela. Más información en el teléfono 29000808 int. 191.