Los extremos del tercer nivel

| El Municipio A de Montevideo fue el que tuvo más votantes; lo contrario ocurrió en Garzón/José Ignacio. Las similitudes y las diferencias de dos polos opuestos. | Otero fue el alcalde más sufragado del país, aunque en su municipio el 54% votó en blanco. A Suárez le alcanzaron 67 adhesiones para ganar las elecciones.

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LEONEL GARCÍA

No. Gabriel Otero y Fernando Suárez no parecen ser tan distintos. Ambos son afables, visten informalmente, se consideran muy familieros, carecen de estudios avanzados y tienen orígenes humildes. Además, las urnas decidieron que sean colegas; más precisamente, alcaldes. Pero el flamante tercer nivel de gobierno genera sus buenos contrastes. Al primero lo votaron 40.682 personas; al segundo, 67.

El Municipio A es el Oeste montevideano, una mixtura de casi medio centenar de barrios donde votó más gente que en ninguna otra alcaldía en las elecciones del 9 de mayo: 129.866. En el otro extremo está el Municipio de Garzón/José Ignacio, al Este de Maldonado y de superficie mayor a todo Montevideo, donde sufragaron sólo 409 personas. Las cifras de la Corte Electoral ilustran ambos opuestos; el bullicio de un mediodía de septiembre, entre semana, también. Mientras el tránsito por Carlos María Ramírez es un infierno de peatones, bocinas, aceleradas y frenazos, en ese mismo momento, a 200 kilómetros de distancia, uno podría tirarse a sestear tranquilo en la calle principal de Pueblo Garzón. De hecho, es difícil determinar cuál es la calle principal en esa localidad de 18 manzanas.

Ambos alcaldes también tienen sus obvias diferencias. Otero es del Frente; Suárez, blanco. Los años de militancia sindical, social y partidaria del primero -muy notorios en su discurso aceitado- contrastan con la indisimulada y reconocida condición de recién llegado al mundo de la política del segundo.

planes propios. Son dos mundos distintos, pero varios mundos a su vez en cada uno. Suárez tiene como prioridades la caminería rural para la vasta zona agrícola, saneamiento para Garzón y un salón multiuso para La Juanita, balneario contiguo a José Ignacio, que lo califica como una impostergable necesidad social para los habitantes de esa localidad, a la que señala como proveedora de personal de trabajo para su luminoso vecino. "Quiero que la gente que ahí vive se integre, evitar que en el futuro se transforme en un asentamiento".

También admite que irá aprendiendo sobre la marcha. La prueba de fuego será en verano. Hoy asegura que, a pesar de su origen humilde y su condición de outsider de la política, no teme enfrentarse a las exigencias de los acaudalados y reconocidos turistas del balneario top de Maldonado, que exigen orden en el tránsito (todos), cuidar lo ya existente (algunos) y promover más infraestructura (otros). De alguna manera, deberá escuchar a todos. "Hay una ley y una reglamentación; y yo me voy a regir por ella", enfatiza.

"Yo no soy político, esto se generó sin querer. Un día me llegó la propuesta de ser candidato a alcalde del lugar donde nací y me crié. Ahora es la oportunidad de mi vida. Siempre me imaginé haciendo cosas para Garzón, y ahora estoy más cerca de poder hacerlo", afirma. En ese mismo tono, reconoce que aún no sabe qué llevó al grupo Renovación, del dirigente blanco Federico Casaretto, a ofrecerle ser su candidato de Garzón cuando su actividad profesional era la de periodista en San Carlos y su actividad partidaria se limitaba a ser votante. "Algo habrán estudiado", sonríe.

Mientras, en el Oeste montevideano y al hablar de prioridades, Otero -quien fue propuesto como candidato por la dirección zonal del MPP, su sector político- menciona alumbrado, vialidad, poda, áreas verdes y el involucramiento de los vecinos. El uso frecuente de palabras como "gestión", "participación ciudadana" y "descentralización" reflejan que tiene la camiseta bien puesta.

Más allá de las cuestiones generales, Otero menciona algunas de las necesidades particulares en un universo de casi 50 barrios: saneamiento para los asentamientos (un 30% de los habitantes de su municipio viven en esas urbanizaciones), caminería y luces para la zona agrícola, movidas socioculturales para La Teja o el Cerro, proyectos turísticos para la costa Oeste o Santiago Vázquez, eliminación de basurales en el Cerro y Paso de la Arena, y regularizar el comercio informal en Paso Molino.

"¿Cómo atender las distintas realidades? Y... no es changa", reconoce Otero. Desde la Fortaleza del Cerro se ven los barrios, la refinería de La Teja y el verde de la zona rural. El Parque Tecnológico Industrial (PTI) y su continuo movimiento muestra una cara; el asentamiento El Tobogán, con vecinos colgados de los postes de UTE, de calles de tierra y basura cerca de la cañada, de miradas torvas y desconfiadas, otra. "La gente lo que pide son condiciones de vida. Y yo me considero un hombre de organización, con aptitudes para la tarea. Estoy absolutamente comprometido con el proyecto".

Se dice de mÍ. En Garzón estará la opulencia de José Ignacio y sus ilustres (o, al menos, famosos) visitantes, emprendimientos productivos de gran porte como Agroland e incluso enclaves fashion en la propia capital municipal como el hotel-restaurante de Francis Mallman y el Paulette Bistró (en "hibernación" ambos, solo abren en temporada alta). Eso en la misma zona en la que no hay liceo, hospital ni banco. Quien requiera de esos servicios deberá ir a San Carlos o a Rocha. Suárez relativiza el estereotipo de riqueza que existe sobre su municipio. "Acá, cuando hicimos un llamado para los jornales solidarios para mantenimiento de espacios verdes, se presentaron 14 personas para dos cupos. Y te estoy hablando de un pueblo de 230 habitantes", afirma Suárez.

Para ir de Garzón a José Ignacio se debe tomar el camino Sainz Martínez. Es una carretera de tierra a la cual le han hecho estragos las recientes lluvias. "Me gustaría pavimentarlo, sería bárbaro para el turismo, pero solo en eso se me iría todo el presupuesto", afirma el alcalde. Ni él ni su colega saben aún a ciencia cierta con cuánto dinero contarán para este quinquenio.

A Otero, de igual manera, que se trate al Oeste como a una gran "zona roja" lo disgusta indisimuladamente. Según datos del Ministerio del Interior, dos de las seccionales de ese municipio, la 24° y la 19°, ocuparon en mayo pasado el segundo y el cuarto lugar en Montevideo en razón a rapiñas denunciadas. El alcalde no oculta que haya "lugares difíciles" pero no está de acuerdo con la consideración popular de su territorio como inseguro y dice que promoverá "mesas de convivencia ciudadana" como política preventiva.

Enseguida, resalta las riquezas de su alcaldía, como las 80 empresas y 800 puestos de trabajo del PTI, y lo que generan los 382 productores rurales de la zona. "Ellos representan el 60% o 70% de las frutas y verduras que abastecen al país".

así gané. Las alcaldías generaron una fuerte discusión previa. Ambos creen que la gente acabará por acostumbrarse a esa realidad y que su instalación definitiva dependerá de una buena gestión en estos cinco años. "Es un proceso gradual", dice Suárez.

Otero fue el alcalde más votado en todo el país y venció con una inmensa ventaja sobre sus rivales; pero en el Municipio A el voto en blanco llegó al 54%, una muestra del poco eco que tuvo en la ciudadanía la elección del "tercer nivel de gobierno". A él eso no parece preocuparle. "No se trató de un plebiscito. El que tuvo más votos ganaba. El desafío nuestro es que más gente participe en las próximas elecciones, que las alcaldías se hagan más visibles".

En Garzón, el Partido Nacional logró 226 votos en las municipales. Suárez fue el ganador en la interna (los blancos tuvieron cinco postulantes) y también el candidato individualmente más votado considerando todas las tiendas políticas. Pero lo cierto es que llegó a la alcaldía con solo 67 sufragios y únicamente con once más del que terminó segundo. Al recordar esos números se ríe. "Es lo que había, ¿qué voy a hacer?".

Ninguno de los dos se plantea en estos momentos considerar su alcaldía como un espaldarazo para una carrera política. "Hoy al menos no, mañana no sé", dice Suárez. "Esto es un reconocimiento a mi trayectoria (militante). Pero pensar en otra cosa sería soñar... y eso implica andar dormido por la vida", afirma Otero. Curiosamente, ambos aseguran haberles pedido a sus viejos compañeros que les guarden "su" lugar para dentro de cinco años. El de Garzón al canal de cable de San Carlos, donde trabajó hasta hace unos meses; el del Oeste a la Cotabu, cooperativa del taxi en la cual es referente. Definitivamente, ellos no son tan distintos; al menos no tanto como el Cerro y José Ignacio.

El dato

Área, población y funcionarios

El Municipio A tiene como límites el arroyo Miguelete, avenida Carlos María de Pena, caminos Lecocq, Del Fortín, Tomkinson, De la Granja, Luis Eduardo Pérez, Los Camalotes, arroyo Melilla, Río Santa Lucía y Río de la Plata. En su interior hay 46 barrios. Entre ellos: Cerro, Paso Molino, Los Bulevares, La Teja, La Boyada, Prado Norte, Paso de la Arena y Santiago Vázquez. En total son unos 144 km2.

El Municipio Garzón se delimita con el Océano Atlántico, el arroyo y laguna José Ignacio y el arroyo y laguna Garzón. Tiene un área de 594 kilómetros cuadrados, más que todo Montevideo.

Según el alcalde Otero, el Municipio A tiene una población aproximada de 230 mil personas.

De acuerdo con el alcalde Suárez, su municipio tiene unos 1.230 habitantes fijos. Casi la mitad en la zona rural.

El "A" tiene unos 150 funcionarios; Garzón, 24. Ambos alcaldes coinciden en que precisarían más personal. Los dos mencionaron que harían falta en áreas verdes.

Las cifras

110 Número aproximado de asentamientos en el Municipio A. Según Otero, el 30% de su población vive ahí.

7 Cantidad de escuelas en el Municipio de Garzón. Hay dos policlínicas, dos seccionales y un destacamento.

Taxista y cuadrero, obrero y periodista, alcaldes los dos

Nacido en el seno de una familia obrera, los padres de Gabriel Otero (40) fueron presos políticos. El alcalde del Oeste cuenta que fue criado por su hermana mayor. "Se vivió con lo justo". Solo completó el ciclo básico de Secundaria "más algunos cursos" relacionados con su oficio. Es que Otero fue cuadrero e incluso tuvo su taller. Pero en los `90 la complicada situación económica lo llevó a sentarse en un taxi. Llegó a ser presidente de la Unión de Cooperativas del Taxímetro (UCAT), a integrar la Cotabu, otra cooperativa de trabajo de ese sector, y a secretario general de la Federación de Cooperativas de Producción del Uruguay (FCPU). Militante del Frente Amplio desde adolescente, con la vuelta a la democracia, fue fundador del MPP en 1989. Está casado con Claudia desde hace veinte años y tiene dos hijas. No tiene problemas en hablar de su sueldo de alcalde: "Son $ 83 mil nominales de los cuales `en mano` te quedan $ 65 mil. Ojo que yo no cobro esa cantidad, porque tengo mi salario `topeado` por pertenecer al MPP". Eso sí, no dice cuánto le deja a su fuerza política y cuánto le queda a él.

Fernando Suárez (34) vivió en Garzón hasta los 20 años, donde aún vota y tiene la casa paterna. Desde entonces, por motivos laborales, ha alternado su vida entre esa localidad y San Carlos, a unos 40 kilómetros de distancia, donde todavía hoy reside. "Voy a volver acá en el verano, cuando terminen las reformas en la casa donde me crié". Su padre, policía, falleció cuando él tenía diez años. Entonces, su madre tuvo que ocuparse de él y de sus diez hermanos. No culminó segundo de liceo y debió comenzar a trabajar siendo casi un niño. Antes de embarcarse en la aventura del tercer nivel de gobierno, fue periodista deportivo en un canal de cable carolino. Pero también supo ser obrero de la construcción, pintor y recepcionista en el Season Tower de Punta del Este. En pareja con Virginia desde hace quince años, tiene dos varones y una nena. Su sueldo "en bruto" es de $ 54.300, "pero en la mano quedan unos 36 mil, más o menos". Pese a que se trata de un cargo público, no oculta que le causa incomodidad hablar de su retribución.

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