FACUNDO PONCE DE LEÓN
En los primeros 31 años del siglo XVIII, Londres pasó de 650.000 habitantes a 1.474.069. La explicación: vacuna contra la viruela, popularización del uso del jabón, avances en el control de la mortalidad infantil, alcantarillados y sobre todo revolución industrial en ebullición: invención de la máquina a vapor, nacimiento de las fábricas, desarrollo del ferrocarril. Una inmensa masa de humanos emigran del campo británico a la capital en busca de trabajo. La contracara de este proyecto de industrialización fue la explotación infantil, las míseras condiciones de trabajo, sobre todo en las minas de carbón aunque también en las fábricas, el cólera y el tifus por las precarias condiciones sanitarias de los barrios que crecían más rápido que la planificación urbana, el alcoholismo y la pobreza.
Para paliar las precarias condiciones laborales, que incluían jornadas de 16 horas, los trabajadores imaginaron distintos medios de protestas. A Nedd Ludd, allá por 1779, se le ocurrió patear las máquinas. Muchos creen que este hecho es falso y que inclusive es discutible la existencia de Ludd, pero lo cierto es que años después nace, a partir de esta anécdota, el movimiento ludista que consistió en una forma de protesta contra la revolución industrial y su avance tecnológico. Lo que hacían los obreros era averiar las herramientas de trabajo. Las consecuencias fueron represalias estatales pero algunos cambios en las condiciones laborales y salariales. Treinta revoltosos fueron condenados a la horca.
En vez de enfrentarse a las máquinas, el siguiente paso, aún más riesgoso, fue enfrentarse a los propietarios de las máquinas, dueños de los medios de producción, para hablar en la terminología marxista que surgía en el XIX. A pesar de estar prohibido por ley, los obreros británicos comenzaron a reunirse (trade unions), generando los primeros sindicatos. En 1824 se les reconoce legalmente el derecho a asociarse aunque recién en 1864 se les concede el derecho a la huelga. Es interesante notar que este movimiento, llamado cartista, supone introducirse de lleno en la vida política del país. Los obreros ya no sólo pedían mejoras salariales sino que bogaban por sufragio universal, voto secreto y transparencia en el Parlamento.
El cartismo tuvo varias tensiones al interno, entre radicales y moderados, que produjeron la desintegración del movimiento a mediados del siglo XIX, aunque sus peticiones fueron oídas por las clase política británica. La huelga, el hecho físico de dejar de trabajar y producir, fue una medida de protesta contra los patrones que produjo ríos de tinta y ríos de sangre por Europa y América. Los primeros días de mayo de 1886 en Chicago son el símbolo de los riesgos y los logros. De estas protestas nace el día internacional de los trabajadores y la ley de ocho horas. Cinco obreros anarquistas fueron condenados a muerte y ejecutados en la horca el 11 de noviembre de 1887. Uno de ellos se suicidó el día antes. Pasaron a la historia como los Mártires de Chicago.
En la semana que hoy termina, hubo una huelga general en España y paros en Bélgica, Portugal y Grecia. Algunos incidentes, pocos detenidos y ningún cambio en las mejoras laborales. En Uruguay el Pit Cnt llama a un paro general para el próximo jueves. Se puede adelantar ya que no se conseguirá nada.
La huelga fue en su momento una medida original y riesgosa para conseguir mejoras, hoy es una herramienta antigua que no genera cambios y forma parte del statu quo. Los sindicatos están faltos de imaginación y en algunos casos siquiera son representativos. Las mejoras en las condiciones laborales, que siguen siendo necesarias aunque estemos mejor que antes, deben ser encaradas desde nuevos espacios, originales, creativos, en fin, que produzcan cambios de "adeveras".