El tiempo y las ganas

| En los últimos años, se han realizado gran cantidad de estudios para determinar la relación entre el clima y el estado anímico. Una encuesta brinda algunas percepciones entre uruguayos.

 20120310 600x446

Hasta en la economía

El verano que está terminando en estos días y que cosechó las máximas temperaturas registradas en varios años puede llegar a tener efectos impensados. Diversas investigaciones demuestran que el calor excesivo es capaz de afectar la política y la economía de los países en desarrollo. Un estudio comparó la temperatura promedio y el nivel de crecimiento y desarrollo de 136 países durante los últimos 50 años demostrando que por cada 1°C por encima de la media, los países pierden alrededor de 1,1% de crecimiento y sus niveles de producción y de inversión se ven afectados. Por otra parte, la conflictividad social y la inestabilidad política también crecen cuando la temperatura sube.

Tras el regreso en la madrugada de hoy al huso horario natural de Uruguay, solo resta el inminente cambio de estación para hacerlo oficial: la rutina anual ha comenzado. Pero el traspaso de mando del verano al otoño, en la primera posta climática que tiene lugar cada año, implica más que un mero acontecimiento de almanaque. La salud a veces pasa factura por los saltos de temperatura, es verdad. Pero también el humor. Y esto ya no es una especulación de entre casa.

Durante las últimas décadas, probablemente impulsados por los drásticos cambios climáticos que se están dando a lo largo y ancho del planeta, se han llevado adelante una gran cantidad de estudios para determinar los efectos del clima sobre el carácter y el estado anímico. Tan así es que se desarrolló una rama científica denominada "biometeorología clínica", que estudia el efecto de las variaciones estacionales en los seres humanos.

"Se ha comprobado en distintas partes del mundo la existencia de meteoropatías, o sea afecciones que tienen cierta dependencia, ya sea directa o indirecta, con el estado del tiempo", resume el licenciado argentino en Ciencias de la Atmósfera Leonardo Serlo, en un estudio sobre los efectos del calor en el estado de ánimo y el consumo de los rioplatenses patrocinado por Rexona, llamado Dossier Meteorosensibilidad.

El informe -escrito en base a una encuesta realizada a 600 personas en diciembre pasado- hace hincapié en que el clima es un regulador natural del humor. Cada estación, particularmente las extremas -verano e invierno-, imprimen su sello en nuestra forma de ser y nuestra predisposición anímica. Las poblaciones de climas cálidos y tropicales son típicamente representadas como alegres, expresivas, extrovertidas y más eróticas que aquellas de climas fríos. Estudios confirman que tienen bajos niveles de ansiedad, de pesimismo y de escepticismo.

De hecho, 65 % de las personas encuestadas para esta investigación declararon que elegirían el calor como la mejor temperatura para todo el año. En cambio, donde el clima es frío, preponderan estereotipos más racionales, reservados, introvertidos y poco sociables, condicionando patrones más reconcentrados, reflexivos. En algunas personas predispuestas, pueden conducir a la tristeza y al mayor desapego.

¿Por qué? Existen varias explicaciones. La endocrinología lo fundamenta desde los llamados ritmos circadianos, que determinan los patrones de sueño, alimentación, actividad cerebral y hormonal, y la regeneración celular. Juliana Mociulsky, médica especialista en Endocrinología, explica en el informe que la alternancia entre luz y oscuridad tiene efecto sobre la regulación de este ciclo: "El organismo responde a la luz solar aumentando la secreción de ciertas hormonas, como cortisol y adrenalina, que permiten poner el organismo en movimiento y que también influyen positivamente sobre el estado de ánimo. El clima cálido y soleado favorece este tipo de reacción". La mayor permanencia de luz solar eleva los niveles de cortisol (hormona que da estímulo al despertar) y serotonina (hormona "de la felicidad"). En invierno, los niveles de cortisol y serotonina bajan.

Consultado al respecto, el psicólogo Jorge Bafico no cree que la relación entre el humor y el clima sea tan determinante. Sin embargo, recuerda que el manual de psiquiatría referente, el DSM IV, describe el Trastorno Afectivo Estacional como un mal vinculado al cambio de estación. "Según el manual, los diagnosticados con esta patología experimentan letargo o fatiga durante el invierno; duermen más de lo normal; se sienten tristes o apáticos, ansiosos y sin energía; tienen problemas para concentrarse; aumentan la ingesta de alimentos, especialmente de aquellos que contienen carbohidratos, lo cual produce sentimientos de culpa y vergüenza. Estos síntomas desaparecen tras el cambio de estación". Pero el terapeuta hace sus salvedades. "Los pacientes depresivos lo siguen siendo y no se deprimen porque el día esté lluvioso, aunque sí se ve que en algunos cuadros de depresión el mal tiempo tiende a mortificar en demasía a quien lo sufre", opina.

Brisas suaves para el amor

Los estímulos ambientales placenteros, como una temperatura agradable o una brisa refrescante, promueven el entusiasmo y la predisposición. Una persona en ese entorno tendrá sus funciones orgánicas aceleradas y, por ejemplo, sentirá mayor apetito alimenticio y sexual. Esto se notará también en sus gestos y posturas; por lo general adoptará una apariencia expansiva y extrovertida, con brazos abiertos, semblante risueño y facilidad para dialogar. En consecuencia, tendrá más disponibilidad a confiar y a inspirar confianza. Es que el clima moderado estimula la generación de serotonina, que provoca buen humor y más ganas de sociabilizar. Esto incluye mayor apertura a enamorarse, señala el estudio. En el sondeo, seis de cada 10 hombres reconocen enamorarse más y tener más sexo en verano.

Lo que mata es la humedad

En Uruguay los meteorólogos le dan mucha importancia a la sensación térmica, debido a que la humedad, junto con el viento, son factores determinantes que afectan la percepción de la temperatura. Y es precisamente la humedad otra clave a la hora de listar los agentes que influyen en el rendimiento tanto laboral como afectivo, social o sexual. La humedad elevada genera falta de vigor y alta irritabilidad, reduce los niveles de alegría y de afectividad, y provoca somnolencia, señala el estudio sobre meteorosensibilidad.

Calor que agobia o inspira

Los estímulos ambientales desagradables (como mucho calor, mucho frío o los vientos agresivos) distorsionan la percepción de situaciones y llevan a respuestas exageradas. Con ese clima, las personas tienden a sobredimensionar lo negativo, señala el estudio. Por ejemplo, cuando el calor es agobiante, provoca apatía, incomodidad y decaimiento entre las mujeres, en tanto los varones sufren irritabilidad, negatividad e impaciencia. Estos malestares se incrementan en menores de 35 años, señala el informe. A su vez, consigna que el calor extremo durante un tiempo prolongado puede afectar la movilidad y productividad. De hecho, en verano, si bien el ánimo puede ser jocoso, hay pocos deseos de realizar tareas que exijan minuciosidad. Es una estación "más para inspirarse que para concentrarse".

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar