El mercado juega su mundial

El holandés, afincado en Ciudad del Cabo, Neil Schwalkwyk, se está haciendo la "América" con las vuvuzelas a 8,5 dólares. Pero toda la industria alrededor del merchandising es multimillonaria.

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IGNACIO QUARTINO EN PRETORIA

El País en SUDÁFRICA

Hace rato que el Mundial dejó de ser una mera competencia de fútbol, para dar lugar a otros intereses que -a primera vista- parecen no interferir con lo que ocurre en una cancha, pero que también juegan su partido.

Cómo explicar, si no, que Corea del Sur llegó a las semifinales de una Copa del Mundo, como ocurrió en 2002, luego de haber quedado eliminado en la primera ronda de las ediciones anteriores que disputó. Mucho se escribió en ese entonces sobre los polémicos arbitrajes que beneficiaron a los coreanos para llegar a esa instancia definitoria. El principal argumento esgrimido para alcanzar tan buena ubicación era su condición de local, en el primer Mundial organizado por países asiáticos.

Sin intención de ahondar en polémicas deportivas, basta hacer una rápida recorrida por los principales aeropuertos y shoppings de Sudáfrica para constatar que no sería extraño ver a un equipo africano alcanzar una histórica posición para el continente, como ocurrió con los surcoreanos.

Sudáfrica recibe en sus aeropuertos a los visitantes con carteles y banderas de los países representantes. Cuando hay música, generalmente suena la versión en inglés del tema de Shakira, It`s time for África (sí, no sólo el país organizador sino el continente entero), y son incalculables las tiendas que venden vuvuzelas (cornetas), camisetas, disfraces, pelucas, bufandas, pelucas y armazones gigantes de colores para los hinchas que intentan ser los fans of the match de los partidos que asisten.

Un negocio aparte es la venta de camisetas de los Bafana-Bafana, como se conoce al seleccionado sudafricano, que lucen públicos de todas las edades, incluso empleados administrativos, que tienen el visto bueno de sus empleadores para fomentar el clima mundialista en el país.

Como todo negocio, está el clásico duelo que disputan originales contra imitaciones. Sin embargo, el poder adquisitivo de los visitantes que llegaron a Sudáfrica juega a favor de los que montaron tiendas con productos oficiales, que tienen el mismo precio en Sudáfrica, Uruguay o China.

Dicho esto en números, los gorros oficiales del Mundial o de cualquier selección participante rondan entre los 10 y 15 dólares, mientras que una camiseta oficial está entre los 70 y 80 de la moneda americana.

El objeto de deseo de los aficionados es la Jabulani, pelota oficial de la Copa del Mundo que se vende en las tiendas oficiales a 150 dólares cada una. La misma, que tantas críticas recibió por parte de arqueros por sus dimensiones, el público las compra por ser la pelota exclusiva, que se vende en una caja, como si se tratara una bola de cristal. La imitación, en cambio, se consigue a 20 dólares.

Justamente, según señala la agencia AFP, "la imprevisible pelota Jabulani, además de dar a conocer al mundo la palabra `celebrar` en zulu, también animó el debate y podría ser culpa de algunos de los goles marcados, al ser criticada por los porteros como el español Iker Casillas. El meta brasileño Julio César subrayó que tenía la calidad de los balones que se compran en los supermercados, al tiempo que el chileno Claudio Bravo fue más allá y señaló que se parecía a una pelota de `voleibol de playa`".

Merchandising vencedor. Pero el gran ganador que tiene este Mundial es un holandés y no precisamente juega en el equipo de la naranja mecánica. Se trata de Neil Schalkwyk, un experto en moldes y plásticos que tiene su fábrica en Ciudad del Cabo y es seguro que los empleados están en plena zafra porque ahí se hacen las vuvuzelas.

Esas trompetas plásticas fueron tomadas como el símbolo de los sudafricanos en esta Copa del Mundo. Supuestamente, todas las trompetas sonando al mismo tiempo en las canchas representan la unión del pueblo sudafricano.

Algo similar había ocurrido en el Mundial de rugby de 1995, cuando el entonces presidente Nelson Mandela, convocó a los hinchas a llevar a los estadios la bandera sudafricana postapartheid (la actual) y el público, como puede verse en Invictus, cumplió con el mandato.

Dichoso Schalkwyk, entonces, que vende vuvuzelas a cantidades industriales a un precio que ronda los 8,5 dólares la unidad. Pero también se pueden comprar las imitaciones traídas de China, cuyo costo no supera los 3 dólares. Un negoción por donde se lo mire, sobre todo, si se tiene en cuenta que los hinchas visitantes se sumaron al fenómeno vuvuzela y también van al estadio con ese accesorio que, en vez de alentar, perjudica a los jugadores de su propio equipo. Sin embargo, lo que es moda no incomoda.

Pero el debate igualmente recorrió el mundo. Según consigna AFP, tras el partido inaugural, hasta el DT uruguayo Óscar Tabárez admitió que "el ruido le hizo perder tiempo cuando se dio cuenta que Francia no había iniciado el encuentro con un 4-3-3 sino con un 4-2-3-1, y que quiso adaptar el esquema de la `Celeste`. Pero, a pesar de las críticas, el presidente de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), Joseph Blatter, salió en defensa de las vuvuzelas y pidió al mundo que respete la cultura sudafricana".

Uruguay, figurita difíciL. Todas las selecciones están representadas con sus banderas en las autopistas y calles más importantes de las avenidas de Sudáfrica. Sin embargo, por más que la celeste integre el mismo grupo del país anfitrión está claro que, para los comerciantes, Uruguay no es negocio.

Basta realizar una breve recorrida por aeropuertos y tiendas en Sudáfrica para constatar que la camiseta de Uruguay es la figurita difícil para los coleccionistas. La casaca celeste no suele aparecer en los percheros de merchandising oficial que sí tienen la mayoría de las selecciones, incluidas las de países chicos como Honduras y Paraguay.

Por el momento, la camiseta de la firma Puma sólo se la pudo ver en las tiendas que FIFA montó en las inmediaciones de los estadios el día de los partidos de Uruguay.

Y también las ofrece el Pato Celeste. Gorro, bandera y camiseta oficial de la Selección al mismo precio que en cualquier tienda de merchandising, es lo que tiene para ofrecer Gustavo Torena (el hombre que lleva el traje de Pato) a los quieran lucir la celeste original en Sudáfrica. ¿Cómo encontrar al Pato? Muy simple: en todos los estadios o ciudades donde juegue Uruguay.

Las cifras

8,5 Dólares es lo que sale la vuvuzela original, de la fábrica de un holandés en Ciudad del Cabo. Las imitaciones chinas pueden conseguirse por 3 dólares.

150 Dólares cuesta la polémica pelota Jabulani en las tiendas oficiales. Las que la imitan, en cambio, se pueden adquirir por veinte billetes americanos.

80 Dólares rondan las camisetas oficiales de los seleccionados, mientras que los gorros de los mismos se consiguen por entre 10 y 15 dólares.

Pinceladas de la fiesta sudafricana

Un canal francés de televisión por cable ofreció transmisiones de todos los partidos del Mundial sin el ruido de las vuvuzelas, utilizando una tecnología que separa las frecuencias para bloquear el sonido de las trompetas que impera en los estadios de Sudáfrica. Canal+TV dijo que el sistema fue probado por primera vez el martes. Cyrille Linett, jefe de deportes del canal, indicó que el sonido fue "cuasi perfecto" cuando Argentina derrotó el jueves 4 a 1 a Corea del Sur. La tecnología, basada en la separación de frecuencias, reduce el sonido de las vuvuzelas pero permite que se escuchen los ruidos del público y las voces de los comentaristas. Fue desarrollada por Audionamix, que trabaja en la industria de efectos de sonidos para el cine. (AP)

Del merchandising oficial para esta Copa del Mundo, existe un producto absolutamente prohibitivo por su valor. Se trata de anillos de platino, oro y plata, más piedras preciosas, elaborados estrictamente para el evento. A precios que van de 2.500 a 250.000 dólares, están a la venta del público, pero también serán regalados a los jugadores de la selección que resulte ganadora, igual que acostumbra hacerse en la liga de basquetbol estadounidense NBA o en el fútbol americano. La colección está limitada a 2.010 anillos: siete de platino, 33 de oro blanco y el resto de plata. Cada joya tiene un diseño que incluye la Copa Mundial, un pequeño balón giratorio y una cancha de fútbol con los escudos de la FIFA y del Mundial de Sudáfrica grabados. Las piezas de platino y oro tienen 36 incrustaciones de esmeraldas colombianas -los joyeros que diseñaron los aros son de ese país- para adornar una diminuta cancha de fútbol rodeada por cuatro torres, además de diamantes blancos y negros de Sudáfrica. Los anillos de oro simple y plata, los más económicos, tienen cuatro incrustaciones de esmeraldas y un pequeño balón de zircón con 18 incrustaciones del mismo material.

Un tribunal especial de Sudáfrica para el Mundial de fútbol sentenció a tres años de cárcel a un nigeriano acusado de querer revender un total de 30 entradas. "Fue considerado culpable de posesión ilegal de entradas y condenado a tres años de prisión firme, sin tener la posibilidad de pagar una multa", según comunicó la portavoz de la Policía, Sally de Beer. El hombre fue detenido el domingo pasado, en Pretoria, después de que la policía le interrogara por tener una conducta extraña. Los agentes encontraron que tenía un total de 30 entradas compradas por Internet que podrían ser falsas, precisó De Beer. (AFP)

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