C.N.
El primer paso es hacer un bloque de hielo en un molde de una medida estándar: 1,20 x 50 x 25. Acto seguido, entra en acción una motosierra, con la que se troza el hielo según el modelo de la escultura seleccionada. Definido el perfil, empieza el trabajo fino, que se realiza con amoladoras comunes, angulares, cincel y torno de mano. Ahí, no sólo se pone en juego la habilidad y creatividad del escultor, sino que el tiempo se vuelve crucial. Si la obra permanece pocos minutos a temperatura ambiente, hay que regresarla al freezer, esperar, y retomar la labor cuando el frío haga su trabajo.
Así describe la primera parte del proceso Gustavo Estevez -chef de profesión y director de la empresa Ice+Art // Esculturas en hielo-, quien aprendió la técnica mientras trabajaba en una cadena hotelera internacional. Posteriormente se perfeccionó en Barcelona y Londres, donde estuvo trabajando durante tres años.
Bajo cero. En condiciones ideales, esta tarea se realiza directamente dentro de una cámara, con lo cual se evita el tener que detener el proceso. Este entrar y salir del frío implica que hacer un cisne como el que se observa en la foto lleve un día y medio de trabajo. No obstante, si la magnitud de la obra lo amerita, Estevez alquila una cámara de frío.
El chef no descubrió sus habilidades sólo para hacer esculturas con el hielo; ya antes había aprendido a elaborarlas con frutas o verduras. "Parte de la formación profesional de las cadenas internacionales de hoteles, especialmente aquellas donde se hacen grandes recepciones para eventos o casamientos, incluyen las esculturas en vegetales como parte de la decoración de los salones. Por lo tanto, ya sabía cómo hacer un cisne con una sandía o un melón", ilustra.
Claro que el hielo tiene sus diferencias. Para empezar, los riesgos que acarrea el hecho de tener que utilizar herramientas tan peligrosas como una sierra eléctrica. "Nunca tuve un accidente porque soy particularmente prolijo, pero he visto de todo, incluso gente con el cuello abierto por una motosierra", recuerda. Además, las herramientas mencionadas requieren determinadas condiciones de seguridad, como por ejemplo enchufes específicos para el agua.
Uno de los grandes temores de los escultores de hielo es la duración de su obra, cuenta Estevez. "En verano, si la luz del reflector o del sol le da directo, se derrite rapidísimo. Ahora, si está resguardado de la luz y si el viento de verano es suave, un cisne como éste puede durar entre 4 o 5 horas; que es tiempo suficiente para una fiesta", explica.
Otro problema es la fragilidad, especialmente en estructuras chicas, con las que basta un pequeño golpe seco para que se rompa en mil pedazos o, en el mejor de los casos, se astille. Por eso Estevez se preocupa específicamente de trasladar él mismo las esculturas y dejarlas instaladas en el salón de fiesta. En general, el equipo de Ice+Art, integrado por Juan Rodríguez y Pedro Fernández las lleva en piezas separadas dentro de heladeras portátiles de gran tamaño y las terminan de armar en el lugar.
Como se aprecia en las fotografías, los formatos y tamaños son variados, pero cuenta Estevez que lo que el mercado está pidiendo son los dispensadores de bebida de hielo. "Hemos hecho varias para despedidas de solteros, por ejemplo", cuenta. Se trata de figuras de cuerpo entero de hombres o mujeres dentro de las cuales se colocan tubos transportadores del líquido. La gracia es que el barman coloque el líquido por arriba y el invitado lo recoja, vaso en mano, por otro extremo. "Te podés imaginar por dónde sale la bebida", dice entre risas.
La utilización de herramientas eléctricas fue producto de la imaginación de los estadounidenses, que adaptaron a los tiempos modernos un arte nacido en Asia -especialmente China y Japón- donde se trabaja de manera artesanal. Allí, las manos y un formón son las únicas herramientas. De hecho, hasta el año 2000 esa era la única manera de crear arte a partir del hielo. Así aprendió Estevez y así todavía trabajan algunos.
En Uruguay la actividad todavía es incipiente, pero en países como China o Estados Unidos es muy popular. En el primero por ejemplo, más exactamente en la provincia de Heilongjiang, se realiza un Festival de la Escultura de Hielo que cada año atrae multitudes. En Estados Unidos, en tanto, es difícil no encontrarse con estas esculturas en cualquier fiesta de casamiento o gran recepción.
Las cifras
2.000 Pesos uruguayos es el precio promedio de una escultura de tamaño pequeño, como por ejemplo el cisne que se observa en la fotografía (arriba).
6.000 Es lo que cuesta un dispensador de bebidas en hielo. El modelo queda a gusto del cliente, pero los más pedidos en la actualidad son cuerpos enteros de hombres o mujeres desnudos.