Botines y libros bajo el brazo

| Ocho de cada diez jugadores de las inferiores estudian, según una encuesta. Pero a medida que crecen sube la deserción. Su voluntad y el apoyo familiar son claves.

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LEONEL GARCÍA

Hasta ahora, Brian Amaro ha venido pasando en el liceo con notas de 11 y 12. Lo dice con timidez: a los 16 años, eso suele ser más motivo de burla que de admiración entre la barra. Estudia quinto Humanístico, es volante izquierdo de la Sub 16 de Huracán F.C. (otrora Huracán del Paso de la Arena). "Quiero ser jugador antes que nada, pero voy a hacer una carrera por si el fútbol no me da nada, eso puede pasar. No sé... sería contador, me dijeron que es bueno y no son muchos años".

Mamá Lilián ha dicho que el día que las notas se vayan a pique, adiós fútbol. Entonces, vale el esfuerzo diario: despertarse a las 6:30 en casa, en el barrio Lavalleja; de ahí al liceo 36, en Millán y Raffo; vuelta a casa y 45 minutos de ómnibus para la práctica en Paso de la Arena, dos horas o dos horas y media hasta las 17:30. "Cansa, pero... a mí se me hace fácil estudiar", dice, con más timidez que arrogancia, este admirador de Ronaldinho y Nicolás Lodeiro.

En el fútbol uruguayo existe el pasto poceado, la única tribuna habilitada y el vestuario con un solo duchero funcionando en el Parque Bossio, recinto de Huracán F.C., de la Segunda División Profesional. También existe la completa sala de musculación, las seis canchas con gramilla y otra con césped sintético del Complejo Pichincha, donde entrenan las formativas de Defensor Sporting, en Carrasco Norte. Pero estos mundos antagónicos tienen puntos de contacto. Al salteño Joaquín Jacques (19), delantero de la cuarta división violeta, le faltan dos materias para terminar el liceo en el San Juan Bautista, en Pocitos, a hora y media de ómnibus de distancia. "Yo veía que entre mis compañeros, un poco en broma, otro poco en serio, estaba el preconcepto del jugador como `burro`. ¿Si me dolía? Estoy acostumbrado, pero sé que en la mayoría de los casos no es así". Por las dudas que despierte de sus sueños futboleros antes de lo deseado, ya está pensando en hacer "algo de comunicación".

De los 3.200 jugadores de formativas pertenecientes a los 28 clubes afiliados a la Asociación Uruguaya de Fútbol, 81% estudia, según una encuesta de octubre de 2011 del programa Gol al Futuro. Esta es una iniciativa gubernamental enfocada a las inferiores y que pide a las instituciones los carnets de los jóvenes deportistas; de ellos, 65% va a liceos públicos, 18% a privados y 10% a la UTU. Un 1% asiste a una facultad.

El coordinador del programa, Pablo Hernández, concluye que "el fútbol no es una isla en materia de inserción educativa" y que esto podría cuestionar el prejuicio que divorcia totalmente al futbolista de los libros. El anuario 2010 del Ministerio de Educación, el último disponible, indica que en todos los jóvenes de entre 13 y 19 años (la misma franja etaria de los futbolistas encuestados) la "asistencia a algún establecimiento educativo" promedia 72,4%.

Y -al igual que en todo el universo de población adolescente- si la edad sube, la escolaridad baja: si en séptima (Sub 14) solo 1% no estudia, la deserción es casi la mitad, 49%, en cuarta (Sub 19).

CONTINUAR. Todos los responsables de juveniles consultados coinciden en un punto: si no hay voluntad de los propios jugadores de juveniles y una orientación familiar acorde, engrosar las cifras de la deserción estudiantil es un desenlace cantado. "Obligar a un joven a estudiar es imposible", reconoce Hernández. Las prácticas siempre son de tarde o de mañana, no más de tres horas; o sea, habría tiempo para estudiar. "Puede influir que el chico apueste todo su futuro al fútbol, que sus padres no los orienten bien, que los dirigentes no tengan políticas educativas muy claras y luego está el tema de compaginar estudio y prácticas", opina el psicólogo deportivo Gabriel Gutiérrez, quien trabajó entre 2006 y 2011 con las selecciones juveniles uruguayas.

Para aquellos que piensen en "salvarse" económicamente con el fútbol, conviene que sepan que esa es una posibilidad solo para 1 de cada 714 chicos provenientes del baby fútbol, según estudios recientes. Y el baby es la escala previa a las formativas.

"A veces se les hace cuesta arriba complementar estudio y entrenamiento. Requiere un gran sacrificio", dice el exjugador Gerardo Miranda. Él entrena delanteros de Defensor, pero también anota a los juveniles provenientes del interior en el liceo. Uno de ellos es Cristian Fernández (16), riverense, jugador de la quinta y estudiante de quinto científico en el liceo de Avenida Italia y Mataojo. "Creo que con los profesores tuve una `cuota extra`, un poco más de consideración, por jugar al fútbol", sonríe.

La universidad es otro mundo, puntualiza Martín Bince (20), jugador de la tercera violeta que cursa segundo de Economía. "En el liceo te pueden contemplar, en la facultad ya es más difícil. Yo perdí un año porque en 2010 los parciales eran los sábados de mañana, cuando jugaba. Llega un momento que decís `pah, es mi oportunidad y tengo que aprovechar`, y pensás que la facultad está siempre ahí. Llega un momento en que la realidad te hace elegir".

En la otra punta de Montevideo, en Huracán F.C. estudian 98 de los 115 chicos de las formativas. Hasta hace poco había dos estudiantes universitarios; en séptima hay otros dos que aún no terminaron la escuela. La repetición es alta: ronda el 40%; el abandono escolar, un tema latente. "No pasa por un tema de horarios, eso se puede coordinar con los liceos. Directamente, muchos de los chicos no quieren estudiar porque no se les incentiva en la casa. Los que siguen lo hacen por el empeño de los padres, incluso en familias muy humildes. A otros, por más que uno les diga no quieren saber nada, tienen once bajas a mitad de año y largan. No les importa el futuro", dice Claudia Peñalba, delegada de la Sub 16 y -como todos en ese club- verdadera polifuncional al servicio de la institución.

Más allá de sus ilusiones futboleras, a algunos aún les importa. Está Lucas (15): cuarto del Bauzá, jugador de Huracán porque no había plata para el boleto para entrenar en Wanderers, piensa hacer termodinámica en la UTU; "todo es actitud", resume. Está Gonzalo (15): vive en Los Bulevares, cursa segundo, y sueña con jugar en Peñarol antes que nada y estudiar mecánica después. Y está Cristian (16): alumno de tercero en la mañana, puntero goleador en las tardes y pizzero en las noches; no duerme más de seis horas al día; "aguanto bien", dice él; "tiene una voluntad de aquellas", elogian en el club. Que le dure, que les dure.

No todos apoyan igual

Además de ayudar con equipamiento deportivo, meriendas y personal médico a los 28 clubes, en materia educativa, Gol al Futuro ofrece clases de apoyo a los jugadores de las inferiores que lo necesiten y los orienta para encontrar el centro de estudios más adecuado (por ubicación u horario) en los casos que las instituciones lo soliciten, según su coordinador Pablo Hernández. Matemática, Idioma Español, Física y Química son las materias donde se han mostrado más carencias. La meta inicial, afirma Hernández, es que todos los jugadores terminen el Ciclo Básico. "Hay que empezar con algo". Los clubes deben enviarle al programa los boletines de los chicos. "A veces hemos tenido dificultades con alguna institución para que los envíen a las clases de apoyo". Si a Hernández se le pregunta cuáles son los clubes que colaboran más y los que no, prefiere tirar la pelota afuera. "Códigos" del fútbol, que le dicen. "No todos colaboran igual, pero no me gustaría dar nombres. Pero no creo que sea solo un tema de los dirigentes, sino de las personas más en contacto directo con los chicos: los padres y los entrenadores".

LAS CLAVES

Manyas y bolsos coinciden

Por separado, Silvia Suárez y Roberto Roo coinciden: los juveniles más instruidos tienen mejores perspectivas en la vida y también en la práctica deportiva. También sostienen la premisa de que el empeño de los chicos y el apoyo del entorno son las claves para no dejar de estudiar y apostar solo a una carrera futbolística que dista mucho de ser una garantía. Suárez es encargada del alojamiento de los juveniles aurinegros llegados del interior en Solymar; Roo es coordinador de las inferiores tricolores.

Suárez anota a los 50 chicos que ahí viven en el liceo de Médanos, en los turnos más convenientes según las prácticas. "Yo tengo excelente diálogo con las instituciones (educativas). Ellas contemplan viajes y horarios. Pero depende mucho de los muchachos, y el respaldo familiar es todo", asegura esta mujer.

Nacional tiene un convenio con el Colegio y Liceo Palotti donde hay becados unos 30 jugadores, 25 del Interior. "Es fundamental la buena voluntad del jugador y la influencia de los padres. Pero también están los empresarios, que a veces no ayudan mucho. Cuando llegan a los 17 o 18 años y más en esta época, que Nacional está promoviendo a varios juveniles, muchos ya se hacen la idea de que se pueden `salvar` con el fútbol, largan el estudio y bueno... uno avisa pero... tampoco soy el padre", comenta Roo.

LAS CIFRAS

1%

Según sostienen en la Organización Nacional de Fútbol Infantil (ONFI), ese es el porcentaje de chicos del baby fútbol (60.000 en total) que llegará a Primera División.

0,14%

También según ONFI, porcentaje de chicos del baby (materia prima de las divisiones inferiores de todo el país) puede lograr un pase a Europa. "Salvarse", en la jerga.

Albín: "El tiempo en el fútbol sobra como para poder estudiar"

"Mis padres fueron quienes en todo momento estuvieron arriba para que estudiara, y no solo desde el momento en que el fútbol dejó de ser un hobbie", cuenta Emiliano Albín, polifuncional jugador de Peñarol de 23 años. Hizo el liceo en su Sauce natal y en Canelones. Hoy, con su carrera de Agronomía en "receso", mientras experimenta con los cursos online del Instituto Plan Agropecuario, cuenta vía email cómo combinar estos dos mundos.

"Hay que tener en cuenta que hice inferiores en el interior". En Sauce todo estaba cerca: el Sportivo Artigas y el liceo. Cuando se fue al Liverpool de Canelones, hasta la hora de viaje en ómnibus servía para estudiar. "Se podía llevar bien. Los técnicos que tuve en el interior siempre tuvieron la idea que todos teníamos que estudiar". A los 18 llegó a Montevideo, a la Facultad y a Peñarol. "Era diferente: Peñarol tenían muchas exigencias y la Facultad también. Igual siempre los técnicos fueron muy respetuosos y siempre apoyaron la idea del estudio. Pero la responsabilidad ya era otra porque era un jugador pago, lo que implica exigencia y compromiso. A partir de ahí las prioridades comenzaron a cambiar un poquito".

"Que yo estudiara y jugara entre mis compañeros del Interior era normal. La mayoría, por no decir todos, hacíamos el liceo. Pero en Peñarol muchos me miraban como algo raro. Escuchaba seguido frases como `¿para qué estudiás?`, `dejá de estudiar ` Ahí hay una diferencia. En Montevideo dejan de estudiar desde muy chicos sobre todo porque los clubes no tienen planes de estudio acordes a las exigencias del deporte, y llega un momento en que optan por seguir con el fútbol, que no da ninguna seguridad. (...) El tiempo en el fútbol sobra para poder estudiar, pero los horarios, los viajes y los partidos hacen que concurrir a clases sea muy complicado".

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