DANIELA BLUTH
Los llamados amenities ya no son patrimonio exclusivo de las lujosas torres que se levantan en el Este. Servicios como piscina, gimnasio, lavadero y salones de uso común -conocidos por los entendidos como SUM- llegaron a Punta Carretas, Pocitos, Parque Rodó y Malvín. A primera vista, todo por el mismo precio. Todo en el mismo lugar. Todo el confort sin tener que cruzar la puerta de su casa.
Detrás de la moda de los barrios privados, los reciclajes y los lofts, llegan estos edificios de mediano porte con amenities, un término que toman prestado del mundo de la hotelería y que garantiza una cuota de lujo en los gastos comunes. ¿Por qué? Porque en un momento en el cual las obras aparecen como hongos después de la lluvia, arquitectos, constructores e inversionistas buscan diferenciarse del resto.
"No quiere decir que un apartamento se vaya a vender sólo por eso, pero ayuda a la hora de definir, es un plus que tiene el edificio", explica Rafael Falero, vendedor de la inmobiliaria Poggio, una de las que ofrece este tipo de productos. De su cartera de propiedades, 95% tiene "por lo menos" barbacoa y lavadero común. Alrededor de 25% cuenta con piscina y gimnasio.
Aunque todavía es prematuro hablar de una tendencia, en los barrios cercanos a la costa los inmensos carteles anuncian más confort que nunca. "Antes no era tan común, se hacía a nivel de los edificios del Banco Hipotecario y se veía en las altas torres de Punta del Este", reflexiona el arquitecto Andrés Mokobocki, con varios proyectos de este tipo en la zona de Montevideo Shopping y el World Trade Center.
En Montevideo, la dificultad pasa por encontrar terrenos con las dimensiones adecuadas para albergar tantos servicios. Por eso, generalmente las piscinas están en las azoteas y los gimnasios en la planta baja. En algunos casos, hay que prescindir de la portería o incluso del garaje. "No es tan usual por un tema de predio. El metro cuadrado ya está caro, y los amenities cuestan aún más", dice Aníbal Durán, gerente ejecutivo de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay. Cualquier extra se paga en los gastos comunes. Es que el confort nunca es gratis.
LO MÁS. Parrilleros al aire libre y salones cerrados de uso múltiple están entre los amenities más pedidos. Ideales para los que no salen de vacaciones en verano o los matrimonios con hijos que festejan allí todo tipo de evento familiar. Sin embargo, de un lado y del otro del mostrador -léase propietarios o inquilinos y arquitectos y agentes inmobiliarios- coinciden en que los servicios se usan poco y nada. "Es cierto, no se usan tanto", dice Mokobocki.
También depende de cómo sea el edificio y dónde esté ubicado, distingue Falero, de Poggio. "En un edificio en Punta Carretas con piscina, llega el verano y la gente se va de vacaciones. Es diferente cuando está en otro barrio".
Ahora bien, si hay una palabra que se repite en cada anuncio, esa es "lavadero" o en su versión más cool: laundry. Claro que para eso también hay una explicación de mercado, y no necesariamente halagadora. "Cada vez se construye más chico y si tenés un monoambiente seguramente no tengas donde lavar ni colgar. Más que un lujo es una necesidad", dice Falero.
El "laundry común", como una entidad en sí misma, tiene fanáticos y detractores. Por un lado, los que ven en el hecho de no tener que gastar en un electrodoméstico más, es una clara ventaja. Por el otro, los que desconfían de los "códigos de uso": qué lavamos, cuánto lavamos y cómo lavamos. ¿La frazada del perro? ¿La ropa blanca con un litro de hipoclorito?
Los amenities también varían según se trate de un edificio de oficinas o de uso residencial. En el primer grupo lo más habitual son salas de reuniones, zona con Wi-Fi común y gimnasio o área de aparatos. Para Mokobocki, es importante tener "cierta escala" en el edificio para no encarecer costos ni mantenimiento. "Lo ideal son más de 30 unidades, para que los servicios no signifiquen un aumento sensible del precio inicial ni de los gastos comunes", señala. En promedio, en la zona del Puerto del Buceo, un apartamento de un ambiente ronda los 70 mil dólares y uno de dos dormitorios supera los 130 mil.
ENTRE AMIGOS. La idea surgió en una de las tantas reuniones entre los amigos de toda la vida. Había varios que estaban buscando apartamento en Pocitos. Varios que se querían ir a vivir solos o en pareja. Y varios que querían invertir en ladrillos. Entre ellos, también había un arquitecto, Diego Hernández, que a su vez tenía un estudio con un socio, Ignacio Vázquez, "Nacho" para los amigos.
Pasaron casi cuatro años desde que la idea se transformó en un edificio de ocho apartamentos -de cuatro tamaños distintos- sobre la calle Juan Pedro Laguna, en Pocitos Nuevo.
Hubo algunos que se "bajaron" del proyecto en el camino, pero otros se fueron sumando y hoy sus habitantes (propietarios e inquilinos) son casi todos conocidos. "Funcionó mucho el boca a boca y todos los que llegaron son conocidos de alguien", cuentan los arquitectos.
Lo primero que hubo que conseguir fue el terreno. Luego vino el "proyecto base", al que cada inversor-propietario le pudo dar su toque personal. Así, algunos departamentos tienen la cocina integrada y otros cerrada, unos tienen un hall de distribución entre los dormitorios y otros incluyen vestidor. Lo que todos querían era estufa a leña en el living y una terraza amplia con parrillero. A la hora de decidir por la piscina en la azotea, hubo votación. Salió a favor. "Está bueno tenerla, pero es verdad que en los hechos se usa poco. Creo que fui una sola vez en todo el verano", dice Nacho. Para el mantenimiento, cada unidad paga 200 pesos al mes. No es mucho, pero suma.
A menos de un año de haber terminado la obra, Vázquez y Hernández (artífices del estudio HZVZ) coinciden en que los amenities son un llamador, sobre todo, para los que alquilan. "Que un monoambiente tenga balcón con parrillero y piscina es un plus".
Hacerlo y disfrutarlo entre amigos también tiene sus ventajas. Además de cuidar al máximo cada detalle (siempre que el presupuesto lo permitía), se conocen las caras y saben que están allí, cerca, ante cualquier eventualidad. Hasta por un tema de seguridad, señalan. "Ver una cara rara llama la atención y a veces nos dejamos las llaves por cualquier cosa".
El estudio HZVZ está trabajando en otro proyecto de características similares, también en Pocitos Nuevo. Esta vez, ellos solo actúan como arquitectos, pero los nóveles propietarios serán padres, suegros, hermanos y, otra vez, amigos.
INVERSIÓN. Construir "a medida" puede resultar en 20% de ahorro. "Más que el ahorro, lo que nos interesaba era poder hacer el apartamento que nosotros queríamos", recuerda Beatriz (quien prefirió no revelar su apellido), que junto a su marido y otra pareja de amigos contactaron a un arquitecto -que a su vez sumó otros interesados- y construyeron un edificio de cuatro pisos (dos por planta) "casi" sobre la playa Mansa de Punta del Este.
"Todos teníamos la misma idea: una gran terraza, parrillero y estufa a leña", explica. Sobre la marcha fueron apareciendo las preferencias: unos pidieron la planta baja para tener jardín, otros los pisos más altos por la vista. "El apartamento es el mismo pero no es el mismo", dice para explicar que puertas para adentro cada uno "marcó su impronta".
Por tratarse de un apartamento de vacaciones, la sociabilidad es un ingrediente fundamental. Aunque hay un "núcleo central" más cercano, muchos asados o copetines compartidos surgen de los encuentros casuales y colectivos en la piscina.
Al estudio de Mokobocki también llegaron algunos grupos "que buscan tener una propiedad como inversión". En este momento, está construyendo un edificio de oficinas en el que cada piso corresponde a un inversor. "Nosotros les resolvemos encontrar la ubicación ideal para el proyecto que ellos buscan. Y la gente lo toma como un resguardo de capital, una posibilidad de apreciación con la tranquilidad de saber que tienen su activo en un lugar tangible y que ellos eligen".