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Cees Nooteboom
UNA SOLA VEZ lo vi, una tarde en París, en casa de Mary McCarthy. Fue un encuentro fugaz; lo que ha permanecido en mi recuerdo son sus ojos y sus espesas cejas bajo su alta frente. Por lo demás, yo lo sabía ya todo acerca de él, pues la admiración es una forma de saber. Y ahora que escribo sobre él, he preparado la primera edición neerlandesa de El castillo de los destinos cruzados, de 1982. Una mano muy morena, tersa, con el pulgar escondido, mano de dedos largos y uñas pintadas de rojo, sobre una carta del tarot. Los dedos están cerrados, la carta está boca abajo, mano y carta se apoyan en una superficie de bronce o de cobre llena de líneas en relieve caprichosas y refulgentes y en la que se ven, además, las recortadas siluetas de una corona, una torre y un corazón, del mismo rojo que las uñas. En la página 28 de esta edición se reproduce una carta del tarot: la Muerte con una flecha en la mano derecha y un arco en la izquierda, un arco tan largo como la Muerte misma. Cuando empiezo a leer aterrizo en medio de un relato: "La forma en que el narrador puso una nueva carta, con un gesto rápido, pero escondiéndola y tapándose los ojos con la otra mano, nos preparaba para una revelación: la que había tenido él cuando, al bajar la mirada del amenazador umbral celeste y dirigirla a la dama entre cuyos brazos yacía, vio que la gorguera no enmarcaba ya el rostro de paloma enamorada, ni los hoyuelos traviesos, ni la naricita respingona, sino una barrera de dientes sin encías ni labios, dos orificios excavados en el hueso, los amarillos pómulos de una calavera, y sintió entrelazados con sus miembros los miembros sarmentosos de un cadáver.
"La espantosa aparición del arcano número trece (el rótulo La Muerte no figura ni siquiera en las barajas de cartas en las que todos los arcanos mayores llevan el nombre escrito) había reavivado en todos nosotros la impaciencia por conocer el resto de la historia".
Depende siempre, dicen los expertos del tarot, de qué pregunta se haga y entre qué otras cartas esté la carta de la que se trata. Infierno, transformación, desgracia, pero también liberación: para el escritor Calvino, el castillo de los destinos cruzados ofrecía todas las posibilidades (él conoce el tarot "como una máquina narrativa combinatoria"), de modo que su libro acaba con una ópera bufa de personajes hamletianos y esta ópera bufa a su vez con un aria de Macbeth: "Estoy cansado de que El Sol siga en el cielo, no veo la hora de que se desbarate la sintaxis del Mundo, de que se mezclen las cartas del juego, las hojas del infolio, los fragmentos de espejo del desastre".
Fuimos a Castiglione en tren y luego recorrimos a pie el largo camino que sube al castillo y al cementerio. Abajo se extiende el mar, resplandeciente de claridad en este día de primavera. Al principio no pudimos encontrar su tumba, lo cual no es de sorprender, pues se halla escondida en un rincón debajo de un alto arbusto, que ha crecido casi hasta convertirse en un árbol y tapa el nombre. Un anciano caballero, con una regadera y un pequeño rastrillo como emblemas del cuidado de los muertos, nos la muestra.
"Vengo todos los días -dice-, mi mujer está aquí, mi madre, mi padre". Lo seguimos con la mirada mientras vuelve a sus tumbas, y luego, como un acólito o un cortesano, ayudo a la fotógrafa retirando a un lado la rama del árbol, para que el muerto recupere el nombre que aparece en todos sus libros.
CEES NOOTEBOOM nació en La Haya en 1933. Dedicó buena parte de su vida a viajar por el mundo, a menudo para realizar memorables reportajes, o emprender la escritura de alguno de sus libros. A lo largo del año vive alternadamente entre Holanda y la isla de Menorca. Como editor de poesía ha realizado traducciones de Neruda, Pavese y Vallejo. En Europa su fama más sólida es de novelista: Rituales, La historia siguiente, ¡Mokusei!, El día de todas las almas son algunos de sus títulos. Desde hace años se lo postula al premio Nobel de Literatura. En 2007, después de muchos años de búsqueda junto a su compañera, la fotógrafa Simone Sassen, publicó al fin Tumbas de poetas y pensadores, libro al que pertenece el texto de esta página, en traducción de María Condor.





