Entre dos guerras

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Carlos Ma. Domínguez

ES UNA NOVELA, pero escrita como una crónica. Deja una impresión de veracidad sin artificio, sostenida por la agudeza de sus juicios, la precisión de las imágenes y la nobleza de su prosa. El rescate de la obra de Joseph Roth por la editorial Acantilado coloca al lector hispano ante un gran autor de la literatura centroeuropea y confirma una vez más la dicha de los libros bien escritos. Zipper y su padre es uno de ellos.

Nacido en Brody, Galitzia, en 1894, Roth tuvo una mala vida judía. Su padre abandonó a la madre antes de que Joseph naciera; criado por parientes, cursó estudios de literatura y filosofía en Lviv (actual Ucrania) y los terminó en Viena. Le tocó pelear en la Primera Guerra Mundial en el ejército austríaco, luego se dedicó al periodismo, se casó en Berlín, pero poco después su esposa enfermó de esquizofrenia y fue asesinada en las limpiezas eugenésicas del nazismo. Su prédica contra el ascenso de Hitler lo llevó a emigrar a París, donde murió alcohólico en 1939, a los 44 años, luego de dejar escritas muchas novelas y ensayos.

En este filoso relato Roth cuenta la vida de su amigo Arnold y la de su padre, un hombre amoroso y mediocre, amigo de todos y degradado por su ingenuidad, empeñado en que su hijo progrese en todas las ambiciones que él no pudo realizar. Roth narra sus historias desde la condición de huérfano y agregado circunstancial a la intimidad de los Zipper, testigo de la resentida oscuridad de la madre y de la amarga violencia del hijo mayor, que murió loco después de volver del frente de guerra. No hay nada en las vidas de los Zipper que resulte "novelesco". La vida rara vez lo es, parece recordar Roth, y describe con maestría la indiferencia al ridículo de Zipper padre, el fracaso de su matrimonio, las gruesas mentiras que necesitaba para vivir y acompañar con alguna esperanza el destino de Arnold.

La vida de Arnold no fue más feliz. Nunca destacó mayormente en nada, por timidez, por excesivo pudor, y al cabo de los años se casó con una actriz notablemente astuta que lo usó de sirviente y como coartada (era bisexual) para llevar adelante su ambiciosa carrera en el teatro y el cine. Cuando finalmente la pareja se separó, Arnold terminó tocando el violín en un teatro de variedades. Alrededor de esos destinos Roth enlaza muchas escenas de la vida de entreguerras, maravillosas descripciones de ambientes en los que asoman las tertulias intelectuales en los cafés vieneses, la tenebrosa mezquindad de las oficinas burocráticas, el mundo del teatro, la irrupción de la industria cinematográfica. En suma, la vida austríaca que se precipitó a la primera guerra con ideales patrióticos y mutiló a una generación que luego habría de padecer una realidad aún más ominosa.

Su trama no está hecha de anécdotas sino de caracteres. Roth tenía un exquisito sentido de la observación, capaz de captar por el detalle el mundo al que una nimiedad se hallaba integrada. "Colgado encima de la caja había un reloj que funcionaba y al que Franz, el jefe de camareros, daba cuerda todas las noches, aunque no tenía manecillas. ¿Podía haber algo más espantoso que aquel reloj? Funcionaba sin parar, y el tiempo seguía su curso regular oculto en sus entrañas, pero nadie lo veía. La gente sólo era consciente de que las horas pasaban, pero nadie sabía cuántas. Aún así, los clientes del café echaban vistazos al reloj, quizá imaginándose la hora que era. Al parecer, el tic tac que se oía era como un bálsamo para la clientela". Y también podía encerrar un destino en frases certeras. "Al final, llegué a la conclusión de que Arnold se había enamorado por desesperación, como quien se resiste al alcohol y termina dándose a la bebida porque ha perdido toda esperanza". El libro finaliza con una carta de Roth a su amigo Arnold, en la que le da explicaciones por haber escrito sobre su vida y la de su familia. Se trata de un juego en el que la novela se niega como ficción y multiplica su eficacia.

La traducción de Marina Bornas Montaña es excelente. Permite oír el fino pulido de las frases, su condición melódica y una variedad de matices formales que acompañan la inteligencia de Roth con una delicada coloratura. No es sencillo encontrar en la literatura este laborioso orgullo que entrega poemas en la narración de una historia. Gratitud, al libro que lo recuerda.

ZIPPER Y SU PADRE, de Joseph Roth. Acantilado, 2011. Barcelona, 159 págs. Distribuye Gussi.

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