Fabián Muro
Es una de las figuras fundamentales del cine nacional. Ha dejado su marca en 14 películas -uruguayas y también argentinas- como director de arte o guionista, la mayoría para la productora Control Z, de la cual es uno de los socios. Formado en Cuba, en la escuela de San Antonio de los Baños, el año pasado también comenzó a exhibir su obra como artista plástico.
BASTANTE INSOPORTABLE.
-Cuando estudiabas en Cuba, ¿ya sabías que tu camino iba a ser la dirección de arte?
-No, estudié dirección. Pero tuvimos que hacer un cortometraje para graduarnos y ahí me di cuenta de que me gustaba. Cuando volví estuve en varios roles: asistente de dirección, asistente de arte, productor de arte… Fui asistente muchos años, en avisos comerciales sobre todo. Hasta 25 Watts [Rebella/Stoll, 2001], que fue la primera vez como director de arte en cine.
-¿Y guionista?
-Eso fue en Whisky [2004]. A partir de ahí fui socio de la productora. Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll ya tenían la idea para la película y yo colaboré para que se convirtiera en un guión y en un proyecto.
-Cuando colaborás con un guión, ¿qué aportás?
-Es distinto el caso de Whisky al de Tres [Stoll, 2012], y el de Whisky y Tres al de La vida útil [Federico Veiroj, 2010]. No sabría cómo definirlo, porque en realidad no me pongo a escribir, pero ayudo a pensar, a ordenar. Creo que soy bueno como sparring: mi devolución ayuda, hace que avance. Cuando se está trabajando en equipo en un guión, es confuso y se habla mucho. Se confrontan ideas. Creo que en Whisky es donde más colaboré. Estaban Juan y Pablo, y yo era como la piedra que hacía que la balanza fuera para un lado o para el otro. En el caso de La vida útil fue distinto. Vi un corte de la mitad de la película y por mis comentarios al director, Federico Veiroj, nace la segunda parte de la película. Esa fue mi colaboración en ese caso.
-¿Con qué película de las que hiciste te sentís más satisfecho?
-Hasta hoy es Whisky. Hay otras que me gustan, unas más que otras, pero es normal. En realidad no me gusta mucho lo que he hecho. Siempre estoy en conflicto.
-¿Por qué?
-Porque soy muy crítico. Un poco rompepelotas.
-¿Con tu trabajo?
-Con mi trabajo seguro. Y después con todo. Me meto mucho, opino todo el tiempo, soy bastante insoportable. En general pasa que me dan cabida. Al final me siento responsable de muchas cosas y me disgusta que no queden bien.
-Más allá de que sos parte de Control Z, ¿qué elementos tiene que tener un proyecto para que te interese?
-Es muy poco a lo que he dicho que no. Lo que he rechazado ha sido por cuestiones de tiempo. Trabajar en otro lugar, con otra gente, es algo de lo que tengo siempre ganas. De hecho, cada vez más.
-¿Por?
-Me gustaría desarrollar mi oficio de director de arte, aportar todo lo que pueda pero en géneros a los que no estoy habituado. Es más desafiante. Miss Tacuarembó [Martín Sastre, 2010), por ejemplo, no tiene nada que ver con la estética de Control Z ni con otras películas en las que he trabajado. Y me gustó estar en esa película.
NATURALISMO Y SUPERHÉROES.
-¿Qué cosas son importantes desde el punto de vista de referencias o influencias cuando encarás la dirección de arte?
-Si pienso en las películas en las que he trabajado, no creo que haya habido ciertas imágenes o un director en particular que fueran referencias para mi trabajo. No saco películas para inspirarme, a no ser que el director quiera que las vea. En realidad no es muy académico lo que hago.
-¿Cada proyecto es un mundo en sí mismo?
-Sí. Es que no soy realmente un profesional, no te estoy mintiendo. No hay un plan; depende de cada proyecto. Mucho surge del guión y del director. En realidad, nunca encaro el trabajo desde mí, lo único que intento es interpretar lo que quiere el director, complacerlo y ayudarlo. Trabajo muy cerca del director en el storyboard, me interesa mucho estar en el momento en que se deciden esas cosas porque creo que las películas se definen ahí. La única manera de saber cómo va a ser la historia es cómo la quiere contar el director. Es un trabajo de interpretación y me siento cómodo haciendo eso.
-¿Qué tipo de cine te gusta?
-Veo poco cine, cada vez menos. Me gusta cualquier cosa. El criterio es que me haya emocionado; puede ser una comedia de Danny De Vito o una de Ingmar Bergman. Están todas en el mismo cajón. En realidad, leo más de lo que veo cine. Todos autores muertos. Faulkner, Flaubert... Madame Bovary es un libro que leería siempre. Me gusta lo naturalista, pero también alguna de superhéroes.
-Cuando participás de la concepción de un guión, ¿oís ecos de algunas de las cosas que leíste?
-Creo que sí. Lo encaro de una manera más cercana a lo literario. Pero como decía, depende. Por ejemplo, en La vida útil fue distinto, fue muy visual todo lo que se me ocurrió.
-¿Por qué creés que fue así en ese caso?
-Creo que tiene que ver con un tipo de cine. Hay tipos de cine que me gustan más por la dramaturgia que por la estética. Me gusta Un burgués pequeño pequeño, con Alberto Sordi, italiana, de los 70. Y me gusta mucho esa película de Robert Rodríguez, Del crepúsculo al amanecer. Lo que me gusta de esas películas es que están divididas, como partidas al medio.
LA PARTE POR EL TODO.
-¿Por qué no has dirigido todavía?
-Para escribir y dirigir uno tiene que tener ganas de estar cinco años dedicado a una sola cosa y hasta ahora no he sentido esa necesidad. Es jodido ser director en Uruguay por eso de estar años con una idea. Tenés que creer mucho en ella, estar muy convencido durante mucho tiempo. Soy vago (ríe). Quiero decir, soy vago conmigo mismo. Me cuesta pensar en estar años defendiendo esa idea... Capaz que sobredimensiono el asunto, pero eso es otro tema.
-¿Te parece que hay un estilo, una marca en el cine uruguayo?
-Si alguien cree eso, estamos jodidos. Sería un problema. El estilo uruguayo promete muy poco entretenimiento, por ejemplo.
-¿Por qué?
- Porque si me guío por las películas que he visto hasta ahora, no hay demasiada acción y aventura en esas películas.
-Hay quienes asocian al cine uruguayo con Control Z, que es una marca muy fuerte.
-Eso es un error. Control Z es sólo una parte de todas las películas que se han hecho acá. La película uruguaya más vista es En la puta vida [Beatriz Flores Silva, 2001]. No tiene nada que ver con la estética de Control Z. El viaje hacia el mar [Guillermo Casanova, 2003] tampoco. Y son películas que han sido importantes. Decir que el estilo de Control Z es el del cine uruguayo es un error y un crimen. No discuto que haya una identidad de la productora, que es reconocible. Pero eso no es equiparable a "cine uruguayo". Si se le hace creer eso a alguien que está estudiando cine, está mal, porque cuando uno va a hacer una película tiene que sentirse libre del lugar donde está filmando. Tiene que entender que lo que gobierna es la historia. En todas las películas de Control Z en las que trabajé, lo que más importó fue la historia. Nunca nadie se planteó, "vamos a hacer esto porque es Uruguay". De hecho, fue todo lo contrario.