Mujeres en la modernización

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LA PROMOCIÓN del destino de la maternidad como forma óptima de realización para la mujer es una construcción cultural que ha sufrido diversos cambios en los últimos siglos. Los descensos en la natalidad, el avance de la mujer en la educación o el mundo del trabajo, así como en el control de la reproducción, han fortalecido a menudo la promoción de la imagen de la maternidad como la mejor opción para su felicidad individual y para la utilidad colectiva. Se trata de la generalización de un modelo que en ciertas oportunidades históricas sirvió a necesidades públicas (religiosas, estatales) y los discursos dominantes inculcaron por medio de la educación, y el reparto de sanciones y recompensas sociales. En el impulso de ese prototipo se cruzan las esferas pública y privada: lo doméstico adquiere dimensiones políticas.

El éxito del modelo dominante de mujer madre en Uruguay, en tanto fue impulsado por el Estado y otros discursos prevalentes en el último tercio del siglo XIX y comienzos del XX -la llamada etapa de la Modernización- interesó a la historiadora Lourdes Peruchena (Montevideo), quien se ocupó de él en un reciente libro: Buena madre, virtuosa ciudadana. Maternidad y rol político de las mujeres de las élites (Uruguay, 1875-1906). Sobre todo, se aplicó a investigar de qué modo las mujeres de los sectores privilegiados ejercieron ese rol como forma de protagonismo político.

UNA HISTORIA, MUCHAS HISTORIAS. Algunas corrientes de análisis de género han cuestionado la separación del ambiente privado como excluido de lo social, llamando la atención acerca de que las relaciones familiares forman parte de la construcción social. Esta mirada devuelve valor político a la vida doméstica, marcada en Occidente desde hace siglos por la exclusión de las esferas visibles de poder y por el destino de servir de sostén a la vida pública.

Para la historiografía uruguaya tradicional, la participación de las mujeres de las élites en la esfera pública con intenciones políticas era nula. La tarea de Peruchena fue contravenir ese presupuesto, indagando el efecto político del accionar de las mujeres operado desde del hogar, "instaladas a la sombra de los padres de familia, de los esposos". Si la historia es mirada desde otro ángulo (y a partir de otras fuentes), si se atiende a la trama que une lo familiar con lo político, lo privado con lo público, las mujeres son las principales protagonistas, y especialmente las madres, fundamentales en su tarea social de producción y transmisión cultural. Para echar luz sobre estos aspectos, que han permanecido, sin embargo, "tan invisibles como el valor económico de su trabajo doméstico o la crianza de sus hijos", la autora revisó la misma Historia con otras herramientas teóricas, fijó su atención en documentos y publicaciones no siempre tenidos en cuenta, pero, sobre todo, exploró papeles privados -en especial, correspondencia femenina- que, aunque disponibles en el Archivo General de la Nación, nunca otro historiador había utilizado y quizás ni siquiera mirado.

EXALTACIÓN DE LA MADRE. Las dos corrientes de pensamiento más gravitantes del Uruguay de la segunda mitad del siglo XIX, el catolicismo y el racionalismo espiritualista de cuño francés, coincidieron en promover la figura de la madre como símbolo de la feminidad y en atender su lugar protagónico en la construcción de la sociedad futura. Por un lado, la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, en 1854, puede expresar ese doble modelo femenino ambivalente -virgen y madre- tan decimonónico, que nutrió el discurso eclesiástico. Por otro, desde la Revolución Francesa se venía incrementando el mito de la República-madre, representada por la iconografía de la época con sus pechos generosos, dispuesta a alimentar a todos los ciudadanos. En las jóvenes repúblicas americanas, necesitadas de una cohesión nacional, asumió también la connotación de la Patria-madre que educa y cobija. Eran madres imposibles, abstractas, encarnación de ideas, que estaban muy alejadas de la maternidad real. Pero el proyecto político finisecular comprendió la importancia de la madre en la formación del ciudadano y elaboró estratégicamente la conciliación del ideal con la realidad, usando como móvil el "amor materno". Este aunaba naturaleza y sociedad en una exigencia que contemplaba la madre nutricia, sostén biológico basado en la revaloración del amamantamiento (y expresión primaria del tan socorrido "instinto maternal") y la madre-institutriz, educadora de ciudadanos. La propulsión de ese modelo de madre responsable de la prole y proveedora de bienes cívicos se inculcó por medio del discurso médico, los manuales de conducta, la prensa periódica y diversos materiales de lectura para niñas, jóvenes y adultas, incluidas las obras de ficción, como bien lo documenta Peruchena. Sin desaparecer del todo, la artificiosa concepción romántica enaltecida por el imaginario masculino, de fémina delicada, algo frívola, aniñada y necesitada de protección tal como aparecía en la literatura del siglo XIX, pudo ir dando lugar, gracias a complejos procesos sociales y culturales, a la exaltación también artificiosa, de la madre y esposa, "ángel del hogar", igualmente capaz de cualquier sacrificio por amor, altruista y abnegada, pero dotada de una nueva e indirecta forma de poder.

A PUERTAS CERRADAS. En el Archivo hay variada correspondencia de mujeres pertenecientes a las élites uruguayas de entonces, que se conserva integrada siempre a la papelería de un hombre destacado, y todo hace pensar que esas cartas no han sido leídas desde su primera recepción: estaban presas en un silencio de más de un siglo. Gracias a esta investigación, las voces íntimas y guardadas de esas mujeres salieron simbólicamente del recinto museístico, posibilitando la conexión de la voz femenina con la cosa pública: las cartas de Teresa Mascaró (esposa del General Máximo Santos), Paula Fuentes (madre de Juan María Pérez), Práxedes Bustamante (esposa de Bernardo P. Berro), Amanda Berro (hija de la anterior y esposa de Federico Brito del Pino), Aurora (esposa de Mariano Berro Bustamante), entre otras, sirven como expresión acotada pero representativa, de las relaciones familiares del siglo XIX y las implicancias políticas de la labor femenina en las élites uruguayas. El lector interesado podrá acceder a telegramas de Teresa Mascaró que contienen mensajes políticos cifrados al marido en momentos muy críticos de la historia nacional, fragmentos de cartas enviadas y recibidas siendo "primera dama", que reflejan el poder que detentaba aun sin salir de su hogar. Los escritos de las madres de esta historia revelan la confianza en la educación de sus hijos para ascender o mantener un estatus elevado, el interés y la intervención en las cuestiones públicas que muchas veces asume la forma del consejo o el pedido, cuando no el diálogo franco, que escapa a la estrategia de las "tretas del débil". El corpus más interesante aparece en la correspondencia de Amanda Berro, articuladora de las relaciones entre sus hermanos y administradora de los bienes familiares. Intercambia opiniones políticas con su hermano Mariano sobre la situación del país y el Partido Nacional, a la vez que conforta a sus hermanas y cuñadas, sosteniendo el tráfico de noticias, informando de muertes, nacimientos y estados de salud, cumpliendo así el papel "esperado" para la mujer. Estas cajas abiertas permiten entrever retazos de vidas personales, con sus pequeños sufrimientos y alegrías. Pero, sobre todo, significan la posibilidad de contar otras versiones de la misma Historia.

BUENA MADRE, VIRTUOSA CIUDADANA. Maternidad y rol político de las mujeres de las élites (Uruguay, 1875-1906), de Lourdes Peruchena. Montevideo, 2011. Rebeca Linke, 304 págs.

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