Hace décadas que estoy buscando traducciones de la obra de Graciliano Ramos (1892-1953), pero era brasileño y nos está prohibido leer a los escritores de los países limítrofes o de algún otro país sudamericano. Tenemos que leer a Paul Auster.
Al día de hoy sólo pude encontrarme con Vidas secas y con Angustia, con angustia porque los lectores estamos condenados a la más angustiosa de las frustraciones si queremos leer a Ramos o a Guimaraes Rosa. Bueno: algunos nacimos en Uruguay y otros en un mundo mejor. El Maestro Graciliano, así llamado por sus pares, era un hombre silencioso como debe ser un nordestino de verdad, aunque haya llegado a padre de familia y empleado público. Se cansó de hablar a los 60 años.
Vidas secas, novela donde no sobra una palabra, tan lacónica como su autor, está hecha con una familia escapando de la sequía y del sol; Ramos nos hace experimentar los mudos sufrimientos de sus agonistas describiendo sus actos, su lucha, su desesperado coraje. La denuncia que implica, porque se trata de una situación con la que deben convivir los míseros habitantes del sertón, jamás es subrayada. Una obra maestra.
Angustia está centrada en un ínfimo empleadito de Maceió, una especie de "hombre del subsuelo" dostoievskiano, que se consume de rabia por las humillaciones sufridas, incluso una pobreza constante y otras delicias propias del sórdido barrio (y el sórdido mundo) en el que desembocó, después de una infancia miserable en el sertón y una adolescencia llena de hambre de día y bancos de plaza de noche. Si en Vidas secas Ramos había prescindido de todo análisis psicológico directo, aquí tenemos a la conciencia y al subconsciente de Luis da Silva desplegándose para contarnos su visión distorsionada de todo lo que percibe. Si asoma la cabeza fuera de su destartalada casita ve a la mujer que lava botellas por un lado y al hombre que llena baldes por el otro, trabajos de Sísifo, o escucha los parloteos deprimentes o mezquinos de los vecinos o los disparates de los amigos, también atormentados por la impotencia o la miseria. Se trata, en realidad, de un hombre nacido en un mundo corrupto y en descomposición por el calor y la injusticia. Se enamora de la vecinita de al lado.
Hace décadas que estoy buscando Infancia o Memorias de la cárcel, pero mejor no hablar.
Felipe Polleri