Lo mejor

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Juan de Marsilio

HAY QUIENES dicen que Mario Arregui (1919- 1985) fue el mejor cuentista de la Generación del `45 uruguaya. Es ocioso ponerse a dilucidarlo, pero se trata de un gran narrador, autor de un puñado de cuentos escritos y vueltos a escribir de modo minucioso, en los que usa con sabiduría la facultad de revelar, ocultar y sugerir, manejando con precisión quirúrgica adjetivos y tiempos verbales. Sigue en eso el magisterio de Borges, pero con un estilo más llano, más cercano a la humanidad común y corriente de sus personajes y sus lectores.

Lo que sí puede afirmarse -y destaca Elvio Gandolfo en el prólogo- es que Tres libros de cuentos es su mejor libro. Lo es por la interacción entre los tonos y estilos de los cuentos, no sólo en el volumen que inicialmente los incluyese -Noche de San Juan, de 1956, Hombres y caballos, de 1960 y La sed y el agua, de 1964- sino en el conjunto del volumen, de 1969. Lo es por los textos que suprime o agrega a cada uno de los libros y la inclusión al final, como "cuento sin libro" y a sugerencia de Ángel Rama, de "Un cuento con un pozo", en el que la precisión narrativa, el cuidado del detalle y la sugerencia, muestran con eficacia la violencia más atroz. Y también por los prólogos a cada libro, que leídos en cercanía redondean la visión de Arregui sobre el arte de contar. Este aspecto "teórico" del libro se complementaba en la primera edición con un postfacio de Ángel Rama, excluido de la actual, para no condicionar a los nuevos lectores con una valoración canónica, pero que sigue estando vigente y podría ayudar al lector, una vez hecha su propia "digestión primaria" de los textos que este libro le acerca.

Arregui es un narrador de amplio registro. Destacado por ser de los pocos cuentistas "camperos" en una generación que, al influjo de Onetti y Roberto Arlt, redescubre la ciudad y sus tipos humanos, en especial los marginales y anómalos, algunos textos suyos -"Mis amigos muertos", "Un cuento de amor"- manejan con solvencia el paisaje urbano. Es capaz de conducir la mayor ternura y la mayor violencia, que puede ser contenida, como en "Diego Alonso", o romper todo límite, como en el ya mencionado "Un cuento con un pozo". Es hábil para narrar de manera realista, pero sus textos fantásticos -"El gato", por ejemplo- no son de menor calidad.

La vida, el amor y la muerte son los temas en los que Arregui alcanza mayor densidad filosófica, sin mengua de su calidad narrativa, ocupado en mostrar -más por lo que alude y elude decir que por los que nombra- los conflictos íntimos de sus personajes. Así, en "Las formas del humo", el protagonista vive la tensión entre el llamado de lo erótico y el recuerdo de su hermano muerto y, precisamente porque está vivo, deja de ir a la cita tan esperada y duerme en soledad, pues respetar a nuestros muertos también hace parte del sentido de vivir. En este trabajo de filosofar narrando es esencial el manejo de las metáforas, cuya función no es "decorar" el texto -como en tanto autor mediocre y pretencioso -sino comunicar al lector el ser y el sentir de los personajes en su circunstancia. Debe destacarse además el trabajo sobre los personajes femeninos, en especial las prostitutas de "Noche de San Juan" y "Un cuento con el diablo".

TRES LIBROS DE CUENTOS, de Mario Arregui. Irrupciones Grupo editor, 2010, Montevideo, 160 págs. Distribuye Ediciones del Puerto.

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