Gran ensayo sobre la lentitud

Felipe Polleri

EL EXCÉNTRICO que haya leído todas mis columnas (o la décima parte) sospechará que mi admiración por el genio verbal de Proust es ilimitada, aunque En busca del tiempo perdido sea una novela demasiado larga. También sospechará que mi admiración por Joyce, aunque haya sido un escritor importante, es muy limitada porque el Ulises (además de un experimento frígido, una gran heladera) es una novela demasiado larga. Ahora llegó el momento de sospechar que mi admiración por Musil es ilimitada, aunque El hombre sin atributos es una novela demasiado larga. Las extensísimas novelas de Dickens o Dostoievski o cualquier gran novelista del siglo XIX eran y son apasionantes, porque no le hacían ascos a ningún recurso sobre todo a los más bajos, con tal de atrapar al lector hasta el FIN. Vaya uno a saber por qué Proust y Joyce y Musil hacen lo posible e imposible para que todo avance a paso de entierro. Es que las tres novelas citadas fueron escritas, como se ha dicho, no para ser leídas sino para ser admiradas de lejos. Tal vez la más divertida (aunque tan horriblemente lenta como las otras) es El hombre sin atributos. Noten, dicho sea al pasar, que en la antedicha no se hace otra cosa que preparar un festejo para el cumpleaños de un monarca y nótese que el Ulises narra la vida cotidiana de un personaje a lo largo de un solo día. Nótese también que En busca… se dedica a las sutilísimas y poéticas sensaciones y percepciones del protagonista con una parsimonia aterradora. Si a Dostoievski un irresponsable le hubiera propuesto que hiciera una novela con tan magro, casi inexistente, material le hubiera dado un ataque de epilepsia. Tolstoi, partidario de la templanza, hubiera pensado que su interlocutor estaba borracho perdido. Y lo mismo Petronio, Fielding, Hardy o quien elijan. Resulta curioso que las tres novelas más ilegibles, y no leídas, del siglo XX sean consideradas las tres mejores novelas del siglo XX. No lo son, aunque leyendo fragmentos de En busca o tres capítulos de El hombre uno se encuentre con genialidades diversas. Como novelas son fracasos estrepitosos. Entonces ¿qué clase de frivolidad insana, qué complejo de superioridad berreta, hace que La Crítica se regodee alabando tres mamotretos cuya ilegibilidad rompe los ojos, literalmente? Pasa que la gente paqueta es así: fundan un club de un gusto "exquisito" para poder echar a todos los demás. Empezando por los simples lectores como yo que esperamos que en una novela de mil o dos mil páginas ocurra, no digo una guerra o un asesinato sensacional, pero sí algo más que un reloj parado.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar