Fabricante de mitos

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EL GALERISTA Leo Castelli (1907-1999) era originario de Europa, y un desconocido cuando llegó a Estados Unidos huyendo de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Cabe preguntarse cómo fue posible que en pocos años se convirtiera en uno de los actores más influyentes del mundo artístico neoyorquino.

La respuesta a esa pregunta es el hilo conductor de El galerista. Leo Castelli y su círculo, escrita por Annie Cohen-Solal, agregada cultural de Francia en Estados Unidos entre 1989 y 1993. La autora relata que poco después de encontrar a Castelli por primera vez, éste le dijo: "Voy a enseñarte todo lo que tienes que saber sobre arte estadounidense". Mantendrían una estrecha relación de amistad hasta 1999, año de la muerte de Castelli. Al escribir la biografía, Cohen-Solal no se contentó con los testimonios del galerista, sino que también entrevistó a familiares, esposas, amigos, colaboradores, admiradores y adversarios.

DE TRIESTE A NUEVA YORK. Cohen-Solal muestra sus dotes de historiadora cuando describe sus investigaciones sobre la ascendencia de Castelli, aunque el cúmulo de detalles y desarrollo de temas paralelos en ciertos pasajes resulta excesivo. La autora rastreó el origen de los Castelli en el siglo XVI en la localidad toscana de Monte San Savino. Debido a las restricciones profesionales que sufrían los judíos, la familia emigró en 1799 a Trieste -entonces el puerto de ultramar del Imperio Austrohúngaro-, donde pudieron desarrollar sus actividades económicas. La familia Krausz, también de origen judío, provenía de Siklós, un enclave de habla alemana en el sur de Hungría. En 1900 Ernesto Krausz se estableció en Fiume, en la costa del Adriático, y cuatro años más tarde en Trieste, donde se casó con Bianca Castelli.

En 1907 nació Leopold Krausz, luego Leo Castelli (debido a la italianización de los apellidos decretada por Mussolini, la familia pasó a llamarse Castelli-Krausz y luego Castelli). Fue a la escuela en Viena entre 1914 y 1918, y luego de regresar a Trieste viajó a Milán a estudiar Derecho en 1928. Por razones laborales, en 1932 su padre fue trasladado a Budapest, y él a Bucarest. En Rumania se casó con Ileana Schapira, hija de un constructor de ferrocarriles de origen judío.

Cohen-Solal describe a Castelli como un diletante, dedicado a actividades financieras por tradición familiar, pero cuyo interés principal era la literatura. Cuando fue trasladado a París en 1935, Castelli realizaría su primera experiencia en el mundo del arte al asociarse con René Drouin, propietario de una galería en la Place Vendôme. Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, Castelli e Ileana viajaron a Cannes, y junto a la familia Schapira (que había abandonado Rumania) se embarcaron para Estados Unidos en 1940. Poco después Castelli se enroló en el ejército estadounidense, y fue enviado como oficial de enlace a Bucarest, donde permaneció un par de años.

IRRESISTIBLE ASCENSIÓN. Una de las primeras actividades realizadas por Castelli en Nueva York fue la de intermediario en la venta de obras de Kandinsky que la viuda de éste conservaba en Francia. Castelli llegó a tener en un depósito más de cien obras del maestro alemán, pero la relación comercial se resintió por constantes desavenencias, y el arreglo llegó a su fin en 1953.

Castelli fue muy cauto mientras se familiarizaba con el medio, y en un principio no se planteó abrir una galería, ya que consideraba que aún no tenía experiencia ni suficiente capital. En esa época, Alfred Barr -fundador del Museo de Arte Moderno (MoMA)- consideraba que los artistas estadounidenses no estaban a la altura de los maestros europeos, por lo que no se interesaba por las obras de los primeros. Castelli se planteó una línea de trabajo totalmente diferente, ya que consideraba que el arte europeo estaba en decadencia, por lo que comenzó a potenciar las obras de artistas locales.

En un principio trabajó como curador independiente, y luego colaboró con el galerista Sydney Janis. En 1949 fue fundado el Club, un foro de discusión de artistas que se sentían aislados, y cuyos únicos miembros no artistas fueron Leo e Ileana Castelli y el galerista Charles Egan. La red de contactos que Castelli estableció gracias a las actividades desarrolladas por el Club, que existió hasta 1955, fue de importancia fundamental para su futuro profesional.

En 1951 Castelli y Janis montaron la exposición Jóvenes pintores americanos y franceses, en la que realizaron una innovadora comparación de estilos colgando juntas obras de Soulages y Kline, Dubuffet y de Kooning. Ese mismo año Castelli organizó la Exposición de la calle Nueve, una colectiva de los miembros del Club que comprendió más de noventa obras de, entre otros, Pollock, de Kooning, Kline, Motherwell y Reinhardt. La exposición fue destacada en la prensa, y pronto los participantes fueron denominados "la vanguardia neoyorquina".

En febrero de 1957 Castelli abrió finalmente una galería en su propio apartamento del edificio de cuatro pisos, ubicado en la Quinta Avenida y la calle 77, que su suegro había comprado cuando llegó a Nueva York. Continuó con la orientación comparativa entre obras de artistas de Estados Unidos y Europa, pero ese mismo año conoció a dos jóvenes artistas que acababan de llegar a Nueva York: Robert Rauschenberg y Jasper Johns. Unos meses más tarde organizó la primera exposición individual de Johns (que entonces tenía veintisiete años), que cautivó a teóricos y críticos de arte. El éxito de los nuevos artistas -Castelli organizó luego una individual de Rauschenberg- fue un duro golpe para el predominio de los expresionistas abstractos.

Cohen-Solal, fiel a su estilo, acumula en la segunda mitad de la biografía una infinidad de datos sobre fechas, encuentros, conferencias, cócteles, exposiciones, arreglos comerciales y alianzas de indudable interés para investigadores y entendidos, pero de lectura algo árida. La autora también analiza en detalle las alianzas que Castelli realizó con galerías a lo largo y ancho de Estados Unidos, así como las relaciones personales que mantuvo con galeristas, directores de museos y curadores activos en Europa, donde terminó imponiendo el arte estadounidense contemporáneo.

En el plano personal, Ileana dejó a Castelli en 1959, se casó con Michael Sonnabend, y abrió la Galerie Sonnabend en París. En 1980 retornó a nueva York, fundó la Sonnabend Gallery, y fue aliada comercial de Castelli. Éste se casó en 1963 con Antoinette Fraissex du Bost -conocida como Toiny-, que sería responsable de Castelli Graphics, sector de la galería especializado en ediciones de arte gráfico. La tercera esposa de Castelli fue la periodista italiana Barbara Bertozzi, con quien se casó en 1995.

La Castelli Gallery fue cerrada en 1997, cuando el galerista cumplió noventa años. La nómina de artistas descubiertos y lanzados por Castelli es realmente imponente (entre muchos otros, Frank Stella, Cy Twombly, Roy Lichtenstein, John Chamberlain, Andy Warhol, Donald Judd, Richard Morris, Bruce Nauman, Ellsworth Kelly, Julian Schnabel y David Salle), prueba de la posición dominante que este singular galerista llegó a tener en el mercado mundial del arte de la segunda mitad del siglo XX.

EL GALERISTA. LEO CASTELLI Y SU CÍRCULO, de Annie Cohen-Solal. Turner, 2011. Madrid, 627 págs. Distribuye Océano.

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