Carlos Cipriani López
POCOS MESES DESPUÉS de que apareciera en Argentina la revista Martín Fierro, se editó en Uruguay La Cruz del Sur. En el cuarto número de esta publicación, aparecido el 30 de junio de 1924, se presenta justamente al lector montevideano -en la página 14- "el manifiesto publicado por el periódico quincenal de arte y crítica libre Martín Fierro que se publica en Buenos Aires y viene siempre repleto de excelente material literario y artístico". De esa forma se dejaba constancia de un interés compartido para afirmar lo nuevo, construir "anticipaciones" y enfrentarse sin problemas a los artistas más conservadores.
En el segundo número de La Cruz del Sur (31 de mayo de 1924), en un editorial firmado por Pedro Figari se resume el estado de cosas que en materia cultural condujo a proclamar la necesidad de revalorar lo autóctono y de afirmar la autonomía regional.
Dijo Figari: "Habíamos perdido el rumbo. El cosmopolitismo arrasó lo nuestro, importando civilizaciones exóticas, y nosotros, encandilados por el centellear de la añosa y gloriosa cultura del Viejo Mundo llegamos a olvidar nuestra tradición acostumbrándonos a ir al arrastre, con la indolencia del camalote, cómodamente, como si no nos fuera ya preciso, por deberes de dignidad y de conciencia, preparar una civilización propia, lo más propia posible. (...) Hay que organizar, pues, y no por imitación, sino por educación. Sólo por medio de una conciencia autóctona, apta para compulsar los factores que contiene el ambiente, la Cruz del Sur ha de brillar más, tanto más cuanto más hayamos hecho por individualizar nuestra raza y nuestra región y cuanto más adecuados y científicos sean los elementos con que nos individualicemos. Y hay que trabajar, trabajar a conciencia, con toda decisión".
El nativo ultraísta. En el número inaugural de La Cruz del Sur, aparecido quince días antes, se había abordado el tema de la poesía nativa acercando definiciones concretas. En una entrevista a Fernán Silva Valdés (poeta bien querido y admirado por Borges), ante la pregunta "¿qué sentido de la cosa nativa tiene usted?", el escritor uruguayo responde: "Sentido racial, por una parte y estético por otra. Racial, que se deriva del carácter de mis poemas; y estético, que surge de los ritmos renovados y de la imagen nueva casi siempre apresada por primera vez por el lenguaje".
Al final del número 2, en la sección "Revista de Revistas Americanas" se transcribe un artículo firmado por ISEN donde precisamente se refiere la obra de Silva Valdés y se aclara cómo eran recibidas las nuevas tendencias literarias en América, por ejemplo en la revista Zig-Zag, de Chile, país donde - según el autor- apenas había dos o tres escritores que bordeaban el creacionismo.
Escribe ISEN: "Suele ocurrir que algunos literatos dicen:`en nuestro tiempo todos los escritores teníamos una sola bandera: el modernismo; hoy cada poeta renovador marcha por su lado; hay creacionistas, ultraístas, futuristas y mil istas más`.
Y los que esto dicen tienen razón; solamente que esto que a ellos les parece una anarquía peligrosa a nosotros nos parece una independencia saludable. Para los clasificadores literarios... la moderna anarquía les resultará bastante molesta. Hay ocasiones en que sólo mediante una gran pericia se puede etiquetar... Poetas de ritmo libre y de atrevidas imágenes como el uruguayo Fernán Silva Valdés son resultado del ultraísmo, pero en realidad sería aventurado llamarlo ultraísta, como también sería falso llamarlo modernista, pues él ha ido mucho más allá de todas las rebeldías de Rubén y sus discípulos...".
En tiempos de Tzara, Reverdy y Cocteau en París, y de Gómez de la Serna o Guillermo de la Torre en Madrid, en la misma nota también se da cuenta del vigor de la revolución literaria en México: "Allí los poetas Manuel Maples Arce y Jean Charlot acaban de fundar el Movimiento Estridentista cuyo Comité Directivo lo forman ellos dos. ¿Qué es lo que se propone este Comité? Pues, nada menos que aventar lo más lejos posible las viejas orientaciones estético sociales y reemplazarlas por otras de uso más práctico y moderno...".
Lo gauchesco y lo nativo. En el número 3 de La Cruz del Sur, una entrevista a Justino Zavala Muniz da cuenta por su parte de los matices a considerar cuando se intenta comprender los alcances del nativismo. Ante la pregunta "¿qué le parece el movimiento artístico nativo, criollo, que se está produciendo actualmente no sólo aquí sino en toda América", responde Zavala Muniz: "...debemos defendernos de inocentes exageraciones que no sólo en el campo está la expresión de nuestro medio social, ni todo es `gauchismo` sentimental y bravo. No debemos incurrir en el error de creer que tan sólo con citar un árbol, o algún accidente de la vida campesina, ya estamos haciendo arte nacional. Creo que en nuestras ciudades y pueblos hay aún inexplorados temas para la obra de un gran novelista o un gran poeta".
Con este aporte y otros queda confirmado que el nativismo fue la propuesta de una élite intelectual que pretendía consagrar un folklore propio y obtener así la convalidación de los centros culturales europeos. Varios de los creadores involucrados, gente de buen pasar económico, habían ya conocido o estaban siempre considerando lo que acontecía en el arte y las letras fuera de América pero apostaban a conformar una obra propia con temas "locales", un americanismo de exportación. La mejor muestra es la pintura de Figari, donde se armoniza lo "novedoso" con lo "aldeano".
La ciudad y las vanguardias. Entre algunas de las figuras que al fin quedaron entre dos orillas, entre lo "viejo" y lo "nuevo", Emilio Frugoni es un buen ejemplo a considerar. Para la vanguardia, fue un escritor tradicionalista sin remedio. Sin embargo, algunos nativistas le prestaron una atención inusitada, quizás los mismos que en La Cruz del Sur escribieron en contra de Oliverio Girondo (el autor del Manifiesto de Martín Fierro) y de la poesía de su libro Veinte poemas para leer en el tranvía, curiosamente asociado a las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, consideradas parte de un "lenguaje que cae lamentablemente en la pornografía poética".
Desde La Cruz del Sur, en efecto, se intentó darle crédito al abogado y político socialista Frugoni no bien editó sus Poemas montevideanos. En reseña publicada en la página 11 del número 1 se afirma que con tal libro: "se inicia en la nueva corriente lírica que triunfa en todas partes porque es la que mejor interpreta las inquietudes y preferencias del momento. Todavía se notan resabios bien visibles de su antigua manera: composiciones demasiado extensas; ritmos gastados; metáforas en desuso; interposición de temas filosóficos en composiciones que debieran ser únicamente pictóricas o sentimentales. Pero en cambio en el dominio de la imagen Frugoni ha progresado extraordinariamente y las hay muchas de una fuerza sintética incomparable, llenas de expresión y de armonía, verdaderos relámpagos que dan en un instante una clara y profunda impresión de lo descripto, dejando ver lo sustancial e imprescindible".
El caso de Frugoni permite además evaluar a distancia el estado de la crítica cultural. En la misma sección de reseñas donde se comenta la poesía de Frugoni, se dice a propósito de la aparición de un libro que recogía "impresiones literarias" de Juan Filartigas: "Falta en nuestro ambiente quien se dedique a la crítica sana y desapasionada, fuera de las sugestiones de camarilla y librada de rencores personales. El objeto de la crítica no es consagrar o condenar... Yo la definiría simplemente como `un espíritu a través de otro espíritu´".