Agustín Courtoisie
ES INTOLERABLE para la razón que un hombre nazca saciado de bienes y otros nazcan en el fondo de un estercolero, sentencia León Bloy desde uno de los epígrafes bien elegidos por Jean Ziegler (Thun, Suiza, 1934), autor de este imperdible breviario. Publicado originalmente en 1999 en las Éditions du Seuil, y traducido de inmediato al castellano, el rasgo diferente de esta nueva edición de El hambre en el mundo… es un prólogo fechado una década después, con las cifras del horror actualizadas y la certeza de que el panorama mundial en materia de infancia permanece igual, o peor.
Las descripciones vívidas son un recurso fuerte del autor: "En los niños desnutridos la desintegración se activa al cabo de pocos días. El cuerpo agota primero las reservas de azúcar y después las de grasa. Los niños se vuelven primero letárgicos, después cada vez más flacos. El sistema inmunológico se colapsa. Las diarreas aceleran el marasmo. Los parásitos bucales y las infecciones en las vías respiratorias causan dolores terribles. Los niños ya no pueden sostenerse sobre sus piernas...". Pero además de la narración cruda y directa, las cifras no se hacen esperar: "La población rural representa el 42% de la población mundial, alrededor de 2,5 billones de personas. Estas personas cultivan sus alimentos. Son campesinos, arrendatarios, trabajadores agrícolas. De entre ellos los más pobres son alrededor de 500 millones de trabajadores migratorios sin tierras propias. Es entre ellos donde el hambre causa los peores estragos".
A excepción del prólogo y del epílogo, la mayor parte de El hambre en el mundo explicada a mi hijo se expresa mediante el esquema pregunta-respuesta. Este recurso por momentos se torna artificial y las interrogantes a veces resultan muy obvias o demasiado preparatorias de la explicación. Sin embargo, esa misma previsibilidad de diálogo platónico, con un interlocutor algo obsecuente (Ziegler hijo) y Ziegler padre en el puesto del Sócrates iluminado, es una ventaja didáctica apreciable y juega en favor de la amenidad. La sensación de que el autor sabe muy bien de lo que habla se consolida con toda claridad a medida que la lectura avanza. Sus cargos en organismos internacionales así lo confirman.
Según el Banco Mundial, la tercera parte de la humanidad "no tiene acceso a la tierra" y gana "menos de dos dólares al día, producto de trabajos ocasionales, prostitución, mendicidad". Por su parte, Ziegler condena la especulación financiera y rechaza enérgicamente los biocombustibles porque "quemar alimentos para mantener en las carreteras millones de coches supone un crimen contra la humanidad". El hijo, al final del libro le pregunta: "¿Qué habría que hacer?". Y Ziegler responde: "Habría que cambiar el orden asesino del mundo".
EL HAMBRE EN EL MUNDO EXPLICADA A MI HIJO, de Jean Ziegler. El Aleph Editores, 2010. Barcelona, 128 págs. Distribuye Océano.