El neobarroco uruguayo

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Juan de Marsilio

ROBERTO ECHAVARREN (Montevideo, 1944), Doctor en Letras por la Universidad de París VIII, además de docente universitario, crítico, traductor, ensayista y narrador, es el poeta neobarroco uruguayo por excelencia. Por su complejidad sonora y metafórica, por su densidad conceptual y erudición, por su buceo en lo sensorial, su obra es para el lector de poesía un viaje tan difícil como enriquecedor. Para quien aspire a poeta, es de lectura obligatoria, incluso si tuviese preferencias estéticas muy distantes.

Y más en su madurez, que es amplitud y profundidad. En el mismo libro glosa y discute la sentencia de Horacio (65 a.C.-8 d.C.) -adelantada en medio milenio a Simónides de Ceos (556-468 a.C.)- "la poesía es como la pintura", señalando que en ninguno de los casos se trata de mera mimesis de la realidad ("No representa. Construye el objeto/ para darle un foco a la mirada./ Construye un objeto sintético,/ una cifra del mundo o del universo./ Un más allá de la representación.", en "Ut pictura poesis") y apuesta por una poética más natural, que dé cuenta del flujo sensorial de ese "Ruido de fondo" a que el título alude. Y lo que revela cuando se lo atiende o rememora: "Antes, cuando buscaba escaquear lo que escribo/ y tenerlo en colecciones ante los ojos/ dejaba de escribir por temor a completarme/ y dormía en la madrugada con el sopor del olvido./ Ahora escucho lo que escucho a la hora…", en "Un expreso entre el sueño y la vigilia". Esta madurez permite repasar lo vivido y escrito, con aire a la vez serio y juguetón:"La experiencia que no tuve/ el diablo en el cuerpo/ y mientras el cuerpo expiraba en la página/ la página tenía cuerpo de mar/ un párpado horizonte/ el diablo en el piélago/ y mientras yo escribía el pliego/ el diablo se desplegaba/ y mientras el diablo navegaba/ yo lo seguía en mi bote de papel/ pero yo no sabía que era el diablo,/ más bien el diablo estaba en otro lado/ y yo no conocía ese lado" ("El diablo").

Todo detalle sensorial en apariencia mínimo, secundario -el escape de una moto, puesto bajo la metáfora de "pedos de castañuela", la luz por una hendija, "un mamboretá en la ventana"- entra en el texto y lo enriquece de sugerencias. Al mismo tiempo, estos poemas se deben leer con oído atento, o mejor, de a ratos sólo con el oído, para captar detalles sonoros -rimas internas, aliteraciones- que van construyendo una musicalidad sutil, que no se impone en grosera evidencia, sino que debe descubrirse.

Es poesía en que lo erótico perturba, como debe ser. Con rotunda inocencia aborda la temática gay, y ve gracia donde otras miradas hallarían sordidez. Por ejemplo: "Sígueme, dijo uno, hacia el mingitorio/ y luego, en vez de orinar, nos tiraremos a la piscina/ para respirar mejor. Soy osado.", en "Un expreso entre el sueño y la vigilia". Lo gay, que todavía es detalle en el fondo desatendido de nuestra cotidianidad, y si aflora es en gesto estridente y controlable -la toma con los detalles chillones de la "Marcha de la diversidad" en el informativo, el rato de fama de la travesti más esperpéntica y lastimosa-, se vuelve figura, centro esplendoroso del cuadro. Y toma por música de fondo, subvirtiéndolo, algún ícono sonoro y cultural: "Muchacho ojos de papel, quédate hasta el alba,/ corazón de tiza, cuando todos duerman./ Muchacho pechos de miel.", en "La hora", mismo título del más célebre poema de amor de Juana de Ibarbourou.

RUIDO DE FONDO, de Roberto Echavarren. Editorial Cuarto Propio, 2010. Santiago de Chile, 52 págs. Aún sin distribución en Uruguay.

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