El Nobel y las erratas

 20101111 800x519

Elvio E. Gandolfo (desde Fráncfort)

LOS PABELLONES, los stands, y sobre todo el conjunto de la "Buchmesse" o Feria del Libro de Fráncfort están afectados por un gigantismo lineal, minimalista. Para ir de un enorme bloque rectangular a otro hay cómodos ómnibus internos, y adentro, escaleras o rampas mecánicas. De a poco, gracias a las letras muy claramente expuestas (la primera indica el bloque, la segunda el nivel: 5-1 es el primer piso del bloque 5), termina por adquirir lo que uno de los numerosos escritores argentinos invitados denominó "aire de aeropuerto".

Afuera, la ciudad tiene una textura visual rectilínea semejante en algunos de sus numerosos rascacielos (varios de los cuales están en las cercanías), por suerte al aire libre. Tomada en conjunto es mucho más variada. La atraviesa el enorme río Main, cruzado por puentes para tránsito en general y para ciclistas o peatones. El barrio histórico, destruido durante la guerra, está reconstruido con un tono más "a nuevo" que arcaico.

Tranvías silenciosos y enormes de tres cuerpos circulan con fluidez, las calles están surcadas por vías en toda dirección, incluso ferroviarias (con una pulcritud y regularidad para llenar de piedras el espacio entre durmientes que solo cabe denominar germanas). Durante la totalidad de esa semana de feria hubo un clima perfectamente otoñal, notorio en la abundante vegetación de calles y puentes, con rojos, amarillos intensos y ocres que ni pintados.

Bastaba mirar para advertir la extraordinaria mezcla étnica que impera en las calles: muchos japoneses, negros africanos de diversos países, serbios, negros de algunos países asiáticos, indios de la India, chinos, coreanos, vietnamitas (nucleados los últimos en muy buenos y económicos restaurantes de cada uno de esos países). Y por supuesto muchos alemanes, en un buen porcentaje altos, rubios, de pelo muy largo con frecuencia. La textura profunda de la ciudad se advierte comercial y bancaria, un tanto áspera para la mirada alemana, sobre todo cultural: hay algo de la energía y la personalidad de Chicago, en otra clave.

El conocedor nulo o escaso del idioma alemán se arregla bastante bien chapurreando en inglés. Pero muchas veces advierte una sonrisa creciente en el interlocutor, que al fin pregunta en perfecto castellano: "¿Usted habla español?", desbloqueando el diálogo por completo.

EL MUNDO FERROVIARIO. Cerca del hotel Intercontinental se alza la enorme estación central de trenes. Por la noche es de los pocos lugares donde siguen abiertos kioscos donde consumir las justamente célebres salchichas de la ciudad (empezando por el frankfurter). Es una especie de estación Retiro porteña gigante, con el mismo peso de las estructuras arquitectónicas y los techos lejanos y abovedados de otra época. Algo curioso: una noche puede verse una paloma que camina tranquila, anadeando como un pato. A la noche siguiente, otra paloma sola caminando: no unas cuantas, ni mucho menos una bandada, como suele suceder.

El descubrimiento maravillado es un enorme local de "Prensa y libros", según reza el cartel en alemán. Desánimo inicial: una larguísima pared exhibe prensa solo en alemán. Desánimo acentuado: tanto la pared del fondo como los montones de libros centrales también están en alemán. Alegría inesperada: la tercera pared larga, que cierra la U, dedica una gran extensión a prensa de Inglaterra y Estados Unidos, un trozo bastante menor a prensa de Francia, y una última franja al español. Y el japonés, y el coreano (diarios básicamente). Los diarios El País de Madrid, el ABC, el Herald Tribune o Le Monde suelen estar desde primera hora de la mañana. Por otro lado la cantidad de títulos en alemán de revistas de todo tipo es demoledora y de temática muy variada.

PRIMERAS ERRATAS. En una de las charlas entre escritores argentinos uno de ellos comenta con fastidio la repetición de un tropiezo: mucho libro argentino reciente tiene los verbos escritos alternadamente en "tú" o en "vos": él tuvo que corregir con lápiz la cantidad de acentos que faltaban para convertir, por ejemplo, "toma" en "tomá" (y otros ejemplos), en la reciente reedición aniversario (30 años) de Flores robadas en los jardines de Quilmes, de Jorge Asís. Tal vez se deba a la corrección automática digital.

En El País de Madrid, por otra parte, una lectora envía una carta rogándoles que contraten algún corrector "humano". Ha ido comprando los títulos de una colección de libros sobre filósofos que el diario difunde, con la idea de leerla al jubilarse. Pero en lo poco que ha visto la cantidad de erratas (no solo letras, sino también palabras pegadas, o incompletas) la está volviendo loca.

PERÚ/ESPAÑA/aLEMANIA. El jueves hay un cóctel en el stand de Alfaguara. De pronto gritos, aplausos. Se acaba de revelar el nombre del premio Nobel de literatura: Mario Vargas Llosa. Es un autor "de la casa". De inmediato pululan periodistas de todo origen, interrogando a cualquier escritor o editor sobre lo que opina al respecto. "Podría haber sido peor", declara un editor argentino de larga trayectoria. Otros se alegran.

Al día siguiente, en los diarios españoles, la reacción es de pareja satisfacción, con matices. Así como Vargas Llosa es de la casa Alfaguara, ésta pertenece a Santillana, a su vez integrante del grupo multimedia Prisa, que edita El País de Madrid. El estilo de la tapa es claro y sintético: rostro actual de Vargas Llosa en estado de alerta y blanco y negro, bajo el título "Nobel Vargas Llosa". El diario ABC, en cambio, lo muestra pensativo y en colores. El título, sobre todo si el que lee es un argentino, tiene doble filo: "Nobel al español". Desde luego el matiz es imperial (refiriéndose al castellano de España), pero también podría leerse como que "el español" es el propio Vargas Llosa, que siempre ha sentido un agradecimiento profundo por el papel de España en su extensa y prolífica carrera literaria. Tautológico, el diario insiste en la página editorial: "Nobel al español". En las páginas internas, se subraya la relación del Nobel con el propio diario: fotos con directivos al recibir un premio, un texto publicado allí en 1979, donde autocriticaba su libro de relatos Los jefes (con dos erratas: "faulkner" con minúscula, y "gasteril" en vez de "gansteril" -como suele escribirse en España).

La selección interna de fotos de El País es variada (primera esposa, fotos juveniles, joven con esposa actual, con los hijos, tendido en una cama para promocionar un libro erótico, con el rey de España, con Donoso, García Márquez y sus respectivas esposas), e incluye alguna de Vargas Llosa en Nueva York, donde estaba dando clases y donde recibió la noticia. La velocidad con que hay que actuar en casos así hace que se repitan nombres: el peruano Fernando Iwasaki (vive en España) escribe en ambos periódicos sobre el Nobel y Perú. La actriz Aitana Sánchez-Gijón actuó con él sobre las tablas, y escribe en ambos diarios sobre Vargas Llosa entre bambalinas.

La muy tradicional "edición global" del New York Times, el International Herald Tribune, muestra una foto tan rara que por un instante uno cree estar viendo a un jefe o brujo de algún país o tribu exótica: es Vargas Llosa con un gorro tubular a rayas y una toga, en la ceremonia de una universidad. En el texto, una errata deliciosa: se habla de la novela "Conservation in the Cathedral", lo cual, traducido literalmente, queda como Conservación en la catedral, en vez de Conversación en la catedral.

El impacto del premio es curioso, agridulce. "Tendrían que habérselo dado antes", repiten los españoles. "Los premios, mejor de joven", declara el propio galardonado. Otro opina que más bien el Nobel se sacó un Vargas Llosa. Para libreros, editores y agentes es buen negocio: hay alrededor de 50 títulos del Nobel dando vueltas en todo tipo de formato, y varios son obras excepcionales, complejas: La ciudad y los perros, Conversación en la catedral, La casa verde, La fiesta del chivo. En el resto hay para todos los gustos: libros sobre Flaubert o García Márquez, sobre su experiencia como candidato a presidente del Perú, etc. En esos días se aceleró la edición de la inédita y terminada El sueño del celta, sobre Roger Casement, un luchador contra el colonialismo en el Congo del siglo XIX, (también escribió sobre él el alemán W. G. Sebald en Los anillos de Saturno).

En el grupo de escritores argentinos también impera el tono agridulce, mezclado. Algunos mencionan la calidad de los mejores libros. A otros la noticia les suena a llovido sobre mojado. Como si le hubieran dado el Nobel a Borges un par de años antes de su muerte. El peruano tiene la ventaja de la gran producción de novelas, y el aura un poco desanimante de la corrección neutra de la mayor parte de su prosa reciente, lejos de la aventura, aunque para escribir más de uno de sus libros haya viajado por zonas convulsionadas o extrañas del globo.

SEGUNDAS ERRATAS, Y HORRORES. El día viernes el famoso diario francés Le Monde no publica una palabra sobre Vargas Llosa, aunque es el día en que saca su suplemento Le Monde Des Livres. En la contratapa de ese suplemento hay una sección, "La vie littéraire", escrita por un excelente biógrafo (de Simenon, de Gallimard, de Hergé -el de Tintin): Pierre Assouline. Allí habla de "accidentes industriales". A la velocidad de lo digital (hoy central en la edición) se suma el error humano. Dos casos recientes de catástrofe lo atestiguan. Freedom (Libertad), la muy esperada novela de Jonathan Franzen, tiene más de 500 páginas. Cuando el autor fue a presentar la edición inglesa, descubrió que se había impreso una corrección digital anterior a la final. Mientras tanto otro nombre de peso, Ken Follet, best-seller seguro, era traducido en España al español y el catalán. En este segundo idioma, a los 30.000 ejemplares de La caída de los gigantes les faltaban los últimos dos capítulos: en castellano el libro llega a 1924; en catalán, solo a 1920. Como consuelo, Assouline menciona algo muy menor, comparativamente: una línea faltante en la página 326 de una biografía, que motivó la protesta pública de una lectora.

Entretanto en los pasillos de la Buch-messe alguien que sabe alemán comenta que algunas de las tiras colgantes del pabellón argentino, con frases en ese idioma, tienen erratas. Horas más tarde otro, contagiado, comenta que fue a un pub cercano al hotel donde había tomado una cerveza irlandesa Guinness excelente el día anterior, y pidió otra marca "insípida, liviana", comenta: "una errata".

EL SALVADOR. Al fin el sábado Le Monde da cuenta del Nobel. Ha encontrado una foto original en color para ilustrar la nota: Vargas Llosa abrazado por el ex presidente de Perú Alejandro Toledo el mismo jueves 7 de octubre, en el Instituto Cervantes de Nueva York. En recuadro aparte se subraya cómo el premio beneficia a una exposición en curso organizada por la Maison de l`Amérique latine en París, que incluye fotos con Pablo Neruda, Gabriel García Márquez y Saramago, tres premios Nobel anteriores.

Si uno veía doblado al medio otro diario francés, Libération, quedaba sorprendido: decía "El Nobel que irrita a China", lo cual parecía una reacción excesiva (más aún como título en primera plana) ante el liberalismo del peruano. Pero bastaba desdoblarlo para saber que se trataba del premio Nobel de la Paz, concedido a un disidente preso, Liu Xiaobo, que llevó al gobierno de Beijing a hablar de "afrenta". El fenómeno Vargas Llosa se encarrilaba ya sobre los rieles de la circulación de sus libros y el apremio al propio autor. Iba siendo reemplazado en la prensa por la polémica por el Nobel de la Paz a un chino "subversivo" para el poder de su país natal.

El propio grupo Prisa se vio beneficiado por el premio en momentos en que su salud económica no es justamente óptima. El diario El País subrayó además ese sábado que la famosa agente literaria Carmen Balcells también obtenía un respiro en un momento difícil, que la había llevado a hablar en más de un reportaje de vender su famosa agencia. La foto adjunta mostraba a la máxima responsable de la editorial alemana Suhrkamp, rodeada por completo de periodistas en la Buchmesse, después del fallo. El domingo Vargas Llosa apareció a su vez en la portada del diario argentino Perfil atacando con dureza a la pareja presidencial: "El de los Kirchner es un gobierno corroído por la corrupción".

E-BOOKS Y DISFRACES. Una de las últimas mesas del pabellón argentino, el domingo de cierre, tenía que ver con autores más bien jóvenes: desde veintipico a treinta y ocho. Cada uno leyó algo de su producción. Pero después todo se encaminó, según anunciaba el título del encuentro, a tratar de percibir el contorno del cercano pase al "e-book", con el correspondiente encogimiento y hasta desaparición (en las visiones más utópicas) del libro impreso. La mayoría se inclinaba por el entusiasmo. Fabián Casas, en cambio, insistía en ver ese supuesto futuro cercano digital como "horrible", palabra que repitió una y otra vez, como un mantra.

Afuera la feria a la vez era más activa que nunca en las primeras horas, y poco a poco se iba disgregando. El sábado y el domingo entra el público en general. La mayoría de los stands termina obsequiando o vendiendo a muy bajo precio los libros que ha llevado. Un dato adicional: quien vaya disfrazado entra gratis. Por eso más de uno de los anchos corredores parecía más bien de una convención comiquera que de la mayor feria de libros del mundo. Abundaban los caballeros y villanos de capa y espada (a veces espacial), y hasta un ingenioso traje que incluía una cabeza artificial saliendo del estómago de su portador. También aparecían y desaparecían diversas muchachas con pelos pintados de azul, de verde, de anaranjado.

Mucho más tarde, en la noche, el grupo de escritores que salía de un restaurant chino después de las once, pudo ver alguna de esas muchachas recostada o directamente tendida contra un muro, como un ramo floral colorido y mustio. Por el momento la fiesta había terminado, aunque la serie de actividades periódicas de este tipo (ferias empresariales, artísticas, gastronómicas) que tienen como centro la dinámica Fráncfort es casi interminable.

el REGRESO. Después de un larguísimo viaje directo en Lufthansa, el lunes al atardecer, los escritores argentinos volvieron a dispersarse rumbo a barrios, pueblos o ciudades del interior, a partir del aeropuerto de Ezeiza.

Entretanto las librerías de Buenos Aires exhibían todas las existencias de Vargas Llosa, mientras las máquinas de imprenta (ayudadas por lo digital) aceleraban la impresión de nuevas ediciones, y de su novela inédita.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar