En Punta del Diablo, Paula Barquet
Caminar desde el centro de Punta del Diablo hasta Playa Grande implica andar un par de kilómetros por la arena casi siempre hirviendo, eludiendo rocas resbaladizas y subiendo dunas lo suficientemente empinadas como para que, al llegar, la sensación sea de haberse consagrado un auténtico aventurero. Pero el premio era -así, en pasado- aun mejor: tras el último repecho, contener la respiración y al levantar la vista, uno era bienvenido al Paraíso.
No es que haya desaparecido la playa o que ahora en vez de olas gigantes y eventuales ballenas se vea agua marrón. Nada de eso. Quizá suene exagerado, pero el paisaje de Playa Grande no es el mismo: ahora incluye bloques, montañas de pedregullo y arena. Se trata de un par de casas particulares a punto de ser terminadas, muy lindas para algunos, pero el símbolo de un cambio irreversible para otros.
Punta del Diablo crece desde la década de 1980; no es novedad. Pero hace 15 años el crecimiento se disparó, en los últimos cuatro se agudizó, y del verano pasado a este parece otro balneario.
Ya había varias residencias en la playa de La Viuda y hace tiempo que las inmobiliarias la venden como la zona más exclusiva. Pero ahora hay 20 construcciones más, todas sobre dunas -a menos de 250 metros del mar- y algunas de ellas similares a las que se pueden encontrar en José Ignacio o incluso en Punta del Este.
Ya había algún rancho o cabaña hacia el norte boscoso del balneario. Pero ahora hay decenas, y algunas se han levantado justo enfrente a la conocida discoteca Bitácora, que hace unos 10 años se instaló cuando allí había nada más que pinos.
Además de ser el balneario uruguayo que más creció en los últimos 20 años, Punta del Diablo se considera el "embajador" de Rocha en el mundo, figura en internet como un sitio privilegiado para descansar y es el que está de moda entre los jóvenes uruguayos de clase media y alta. Durante el año viven poco más de 1.000 personas; en enero lo visitan 12.000.
Aunque todavía queda entre 60 y 70% del terreno fraccionado sin edificar, los precios han aumentado más que en cualquier otro balneario: si una manzana sobre la costa del balneario La Paloma cuesta 400 mil dólares, una manzana a siete cuadras de la playa en Punta del Diablo se vende por más de un millón de dólares.
Ante ese panorama, los lugareños dividen sus pareceres. Algunos se quejan de la ausencia de planes urbanísticos, otros de la falta de control en lo ambiental o sanitario. La irritación mayor entre quienes viven del turismo es la dificultosa convivencia con los ruidos nocturnos. Hay quienes se preocupan porque en Punta del Diablo se haga "turismo sustentable", y quienes piensan que el balneario podría explotar su capacidad turística mucho mejor.
Una sola cosa reúne consenso entre ellos: el crecimiento es "desordenado", "improvisado", "descontrolado". Y la Intendencia de Rocha no ha podido elaborar una respuesta ante ese problema.
El desorden original. En la década de 1940 Alfredo Beyhaut y su hermano Alberto eran asiduos visitantes de la costa de Rocha. Iban con sus familias y sus carros y pasaban las tardes "haciendo playa". Hasta que una ley en 1944 reglamentó la forma de proyectar centros urbanos y entonces los pioneros o fundadores de Punta del Diablo compraron los campos de la zona de La Angostura y dibujaron allí las primeras calles y manzanas. Otro visionario, Lázaro Redín, hizo lo mismo. Al principio como socios y luego por separado, presentaron ante Catastro los fraccionamientos que llamaron "Santa Teresa de la Coronilla", "Coronilla del Este" y "Coronilla Fishing Club". Era 1949.
Luego surgirían más, y hoy son cinco los fraccionamientos que conforman Punta del Diablo. Pero por fuera de esos espacios legales fueron asentándose decenas de pescadores. Instalaron sus ranchos y galpones prácticamente en la playa. Otros siguieron el mismo camino.
Ese fue el origen del desorden de Punta del Diablo. Ranchos en terreno fiscal u ocupando ilegalmente solares de propietarios ausentes, uno al lado del otro, sin haber comprado terreno, sin permiso de construcción y sin abonar aporte alguno; tapando la visual de la playa, improvisando pozos negros que la contaminarían y cortando el movimiento natural de las dunas. Cuando notaron que la arena se estaba yendo era casi tarde.
En 1998 se proyectó el llamado Plan de Excelencia intentando paliar esa situación. "Desde el sector privado lo veíamos venir", recuerda Pedro Quartino, ahora director de Turismo de la Intendencia de Rocha. "Les dije a los habitantes: `tienen que marcar el destino ustedes porque si no, se lo van a marcar los de afuera`".
"Yo no sé por qué eso de `excelencia`", apunta por su parte Antonio Graña, que dirige el departamento de Ordenamiento Territorial en la comuna. "Era un plan. Se hizo hace 10 años y marcó las directrices de lo que vino después", resume.
Muchos asocian Plan de Excelencia a demolición. De hecho, parte del plan consistía en tirar abajo las casas que estuvieran en lugares prohibidos, empezando por las de terreno fiscal. Se demolieron 95 casas en total y para el año que viene está proyectado tirar 77 más. El objetivo primordial era recuperar los espacios públicos del balneario, entonces invadidos.
Pero es un plan que se ha encontrado con varias dificultades. Más allá de la previsible resistencia de los "dueños" de esos ranchos -casi todos sin derecho de posesión por falta de antigüedad-, escasearon los recursos para llevarlo a cabo y su gestión fue incompleta.
Sin contar las demoliciones que quedan pendientes, hoy el Plan de Excelencia es casi inexistente. No está en la web ("el sitio no se encuentra disponible, ha caducado", se lee en el portal del Ministerio de Turismo) y nadie en ningún organismo estatal lo tiene en versión digital. Quartino guarda su copia como si fuera una reliquia: "Lo tengo con un ganchito, todo apretado, y con un cartel que dice `no prestar`", cuenta el jerarca.
El plan fue base para la confección de la Ordenanza de Ordenamiento Territorial y Edificación, en 2006. Ese documento -accesible en internet- establece normas de construcción y ciertas áreas con características particulares. Por ejemplo, en la zona norte del casco histórico o manzana uno, los techos deben ser inclinados, según dice el documento.
"Punta del Diablo está bastante ordenada con respecto a otros balnearios de Rocha", afirma Cecilia Catalurda, asesora de la Dirección Nacional de Ordenamiento Territorial del Ministerio de Vivienda. "Al menos tiene una ordenanza, un plan".
Pero para los lugareños el ordenamiento es insuficiente y obsoleto. Y en todo caso, falta contralor para hacer cumplir muchas de sus normas vigentes.
Tierra de muchos. Brian tenía veintipocos años cuando se enamoró de Punta del Diablo. Economista estadounidense recién recibido, se propuso hace un hostel sobre la costa del balneario de pescadores, en Playa del Rivero. Tenía poco dinero en su cuenta pero ideó un proyecto que despertó el entusiasmo de varios inversores. Cumplió con los estudios ambientales correspondientes y en 2007 inauguró El Diablo Tranquilo.
Tres años después alguien compró el terreno vecino y construirá un edificio de tres pisos justo por donde pasa una de las dos cañadas de Punta del Diablo. El dueño -con el que no pudo hablar Qué Pasa- tiene la habilitación de la Dirección Nacional de Medio Ambiente.
Brian no podrá vender su negocio porque aún adeuda gran parte de su inversión, pero le gustaría. Es que, además del impacto negativo que estima en sus huéspedes -extranjeros en un 85%-, asegura que el edificio dejará al hostel en un punto más bajo, volviéndolo pasible de inundación con cada lluvia.
Los visitantes de Punta del Diablo en noviembre son más bien rubios y de piel clara. Pero este año se ven más obreros que extranjeros, y muchos de ellos planean quedarse en temporada: entre las 100 obras que, calculan los lugareños, hay en este momento, se ven varias apenas en cimientos. Una de ellas es la del vecino de Brian, que acaba de comenzar y terminará, según proyectan, en invierno de 2012.
El gobierno departamental de Rocha no ha establecido una veda de construcción en verano como sí se impone, por ejemplo, en Punta del Este. Por los ruidos molestos que generará a los veraneantes, esa será una de las demandas que 300 habitantes presentarán, con acciones legales de por medio, a la intendencia.
Otro ruido que integra el listado y que es centro de polémica hoy en Punta del Diablo es el de los jóvenes por la noche. O, mejor dicho, el de ciertos "bolichitos" que aunque no tienen permiso, pasan música de madrugada. Un matrimonio que vive del turismo y prefiere mantener el anonimato asegura que son varios los locales en infracción. "Con la demanda se intentará exigir que se cumplan las ordenanzas. Esto es tierra de nadie", alegan.
En realidad es tierra de muchos. Tantos y tan de repente, que la intendencia no se ha puesto a tiro del control ni de la infraestructura en servicios básicos que amerita Punta del Diablo, un lugar que no fue pensado para el turismo que llega.
"Punta del Diablo está sobreexigido. No está preparado para la gran densidad de población que recibe y que genera un efecto agudo. Es un gran debe", opinó un experto medioambiental que prefirió el anonimato. Consideró que "el hecho está demasiado consumado como para reordenar", pero sí se está "a tiempo de poner límites", sobre todo al manejo de residuos.
Cuando se trazaron las calles no se previó un sistema de desagües pluviales. Las consecuencias, cada vez que llueve, las sufren sobre todo los del casco histórico, el punto más bajo del balneario.
Tampoco se planificaron los pozos negros, dispuestos demasiado juntos y cerca del mar, en terreno arenoso y sin impermeabilidad. La contaminación se olfatea en algunos lugares o se distingue en el color de la arena, pero no se ve el riesgo sanitario que implica. En los lugares bajos el agua de lluvia los desborda. La normativa de Rocha no exige que las cajas sépticas sean herméticas o ecológicas.
"Creo que la inversión privada superó a la pública, y la privada viene tan rápido que la pública queda detrás", reconoce Graña, de Ordenamiento de la comuna, y aclara: "una de las prioridades de este gobierno es reformar los pluviales".
Igual, recalca que si falta infraestructura es, sobre todo, por carencia de recursos. Gran parte de la población no paga contribución por estar por fuera del fraccionamiento legal. Y los que pagan lo hacen como si fuera suelo rural, ya que Catastro no ha actualizado la categoría.
El miércoles 17 el intendente frenteamplista Artigas Barrios y su equipo fueron a Punta del Diablo con una carpeta de medidas a aplicar en el balneario: finalmente habrá una junta local (hasta ahora se recurre a la del Chuy o a la de La Coronilla), y están prontos los pliegos de la licitación para construir una terminal lejos de la costa, ya que actualmente los ómnibus culminan su recorrido en pleno casco histórico. Anunciaron, además, que el balneario dejará de depender de la ciudad de Rocha en la recolección de basura: ahora tendrán un camión de uso local.
Pero esas medidas no complacieron a la mayoría de los 100 vecinos que acudieron ese miércoles al Paseo del Rivero, más preocupados por recuperar la seguridad y tranquilidad. Reclamaron un plan para prevenir la delincuencia, más presencia policial, y la delimitación de una zona alejada en la que se instalen los boliches.
Aunque no dio respuestas concretas al tema seguridad, Barrios prometió que este será el último año de la discoteca Bitácora en su actual ubicación. La sensación general es que la intendencia está mostrando el interés que esperaban hace años. Tanto que algunos consultados pidieron no figurar en esta nota por miedo a "arruinar todo".
PUNTA DEL ESTE ii. Frente a la Playa de Pescadores, también conocida como "la de los botes", el mozo del restorán Malecón atiende tres mesas, todas de extranjeros vestidos de colores fuertes, con vinchas en el pelo, tobilleras y sandalias de cuero. Son el público fuerte de Punta del Diablo fuera de temporada, que es cuando llegan los uruguayos y argentinos.
"Yo no quiero que se vuelva un lugar estresante, pero lamentablemente están haciendo Punta del Este dos", comenta el mozo mientras sirve la comida a una pareja de europeos. Alejandro, el dueño, tiene la esperanza de que las autoridades apuesten a conservar "la imagen del pueblito de pescadores".
Algo similar piensa Elizabeth, una montevideana que se instaló hace 17 años en aquel balneario y que se ha ganado la vida cocinando comida regional. "No queremos cualquier crecimiento, queremos que se controle. El turista llegó antes de que Punta del Diablo se pusiera a la venta, pero el hecho de que venga mucha gente no significa que alguien pueda poner un restorán ostentosísimo, porque no es el estilo", opina.
Brian, el dueño de El Diablo Tranquilo, va más allá todavía. "Muchos dicen que está cambiando pero es por nostalgia. Yo sabía que iba a cambiar: cuando vine no había ningún hostel, ahora hay 14", recuerda, y advierte: "El tema es que nadie está pensando cómo debe crecer Punta del Diablo. Los extranjeros vienen por lo que es, y ahora están cambiando el producto sin pensar en el objetivo. Lo que están haciendo no tiene mercado".
Ese interés de algunos de seleccionar el crecimiento del balneario no encuentra demasiado eco entre los jerarcas municipales. "¿Conservar el estilo? ¿Cuál estilo", se pregunta Graña. "¿El estilo de las primeras cinco casas, los ranchos de paja y lata o los que crecieron después? Nunca intervinimos en el estilo de construcción porque eso sería limitar la creatividad del arquitecto", consideró.
Quartino cuestiona que se intente mantener "la estampita de hace 20 años". "Si insistimos en mantener la imagen del pueblo de pescadores, es un verso. Los pescadores se cuentan con los dedos de una mano", ironizó.
En el marco del Cluster de Turismo de Rocha, con apoyo de Pacpymes y el BID, se armó una comisión tripartita entre el Ministerio de Turismo, la Intendencia de Rocha y la Corporación de Turismo Rochense. El resultado fue un diagnóstico y un plan estratégico para el departamento. Se diseñaron cuatro circuitos, uno de los cuales integra Punta del Diablo.
Además, con apoyo del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, la IR está delineando las "directrices de su departamento" dividido en sectores, según estipula la Ley de Ordenamiento Territorial de 2008.
Pero nada de eso contempla por separado la realidad de Punta del Diablo ni su "crisis de identidad", como le llaman los propios lugareños. Y mientras, sigue creciendo. u
Uno de diez
En junio de 2008, The Washington Post publicaba que Punta del Diablo era uno de los 10 lugares del mundo que había que visitar, pero advertía que el pueblo de pescadores enfrentaba "una revolución" y estaba perdiendo su "perfil bajo".
Cocina y pesca para el turismo
Elizabeth Rodríguez es secretaria de la ONG Todos por Punta del Diablo y delegada por ese balneario en la Corporación Rochense de Turismo. En El Camarón Alegre, su restorán de comida casera, destaca los avances realizados en cuanto a la estrategia de Rocha hacia el turismo. Muestra con orgullo algunas publicaciones y, si bien reconoce que nada ha sido enfocado exclusivamente en Punta del Diablo, sí se han definido ciertos "productos" turísticos que ahora hay que pensar cómo vender. Uno de ellos es la "Ruta de Sabores y Saberes", integrado por quienes trabajan la cocina regional (sobre todo pescado, algas y mariscos) y los descendientes de antiguos pescadores artesanales. "Es atractivo", asegura Elizabeth.
Autos donde no debe haber
La Ordenanza de Ordenamiento Territorial y Edificación que elaboró la intendencia en 2006 establece normas que no se cumplen del todo. Por ejemplo, que los autos no transiten la Rambla General Artigas que pasa por la Playa de los Pescadores. Los días de más flujo turístico, esa zona se vuelve un punto de conflicto entre transeúntes y conductores. En algún momento se habló de hacer una peatonal allí y se juntaron firmas, pero la idea no prosperó. Los lugareños sienten que otras normativas como las correspondientes a la habilitación comercial o bromatológica no se cumplen, y reclaman más presencia de inspectores en el balneario.
Los ocupantes
Hay 377 casas de Punta del Diablo en zona fiscal. De esas, 70 están ocupadas por habitantes permanentes que aún no han sido realojados por falta de tierra municipal. Algunos ofrecen esas casas por entre cinco y 15 mil dólares, con la perspectiva de que mucho no van a durar. Otra cara de la ilegalidad son los ocupantes de terrenos privados. Muchos llevan hasta 20 años viviendo allí pero ahora los dueños están reclamando que se vayan. El abogado Daniel Fewer dijo que defendió a 300 personas entre ambas situaciones.
Los vendedores
Martín Beyhaut, nieto del fundador de Punta del Diablo, es el responsable comercial de la inmobiliaria Surmontes, importante operadora de Rocha. Beyhaut estima que el 35% del balneario está edificado. Los precios en las zonas sin vista al mar van de los 20 mil dólares en adelante, y con vista al mar ascienden a 100 dólares el metro cuadrado. Hace poco se vendió uno de los últimos terrenos vacíos que quedaba en la Playa del Rivero, a 125 mil dólares. Los lugareños saben que hay importantes inversores a nivel mundial comprando allí.
Punta del diablo en números
Habitantes
1.300 permanentes. La Corte Electoral les dará una serie y hará un censo.
Terreno
900 hectáreas de fraccionamiento y 9.000 solares.
Edificaciones
900 construcciones legales y 377 en zona fiscal.
Crecimiento
70 permisos de construcción en 2010, 66 en 2009 y 63 en 2008.
Turismo
22% de los visitantes de Rocha en 2010 fueron a Punta del Diablo; 27% a La Paloma.
Inversión
La intendencia invirtió 1.200.000 de pesos en Punta del Diablo entre 2007 y 2008.