Eloísa Capurro
A la oposición la llamada "política del abrazo" parece desconcertarla. El diálogo iniciado por el presidente José Mujica ha hecho que el Partido Nacional y el Partido Colorado comiencen a mover sus fichas y, como consecuencia, muestren cada vez más sus diferencias internas. Ante la pregunta de qué hacer frente a un gobierno negociador y con la realidad de unos números parlamentarios escasos, las aguas se dividen. Y en medio de esa confusión, son las propias figuras del Frente Amplio las que se embanderan con críticas.
El Parlamento, escenario por excelencia de las discusiones políticas, ha sido hasta ahora el testigo principal de los enfrentamientos. Primero con el proyecto de ley de Presupuesto Quinquenal, luego con la propuesta presidencial de instalar coordinadores y por último con el proyecto de ley interpretativo de la Ley de Caducidad.
Y, aunque cada discusión tuvo sus matices, lo que en el fondo debaten legisladores blancos y colorados es qué lugar les queda por ocupar en un gobierno cuyo leitmotiv es negociar, cuando no apoderarse de algunas propuestas propias de sus opositores (ver recuadro).
Eso mismo ha colocado al Pit-Cnt, que de antemano sería un obvio aliado de un gobierno de izquierda, a posicionarse como una de las principales fuerzas opositoras (ver recuadro en página 6). Algo similar le pasa al Partido Comunista que hasta hizo consultas jurídicas por discrepancias en el presupuesto. Así, los planteos opositores más duros vienen de la misma izquierda.
Esos cambios de paradigma han generado distorsiones en la oposición más previsible: la de los partidos tradicionales.
El Partido Nacional fue de los primeros en sufrir las consecuencias. A raíz de la propuesta gubernamental de implementar 18 coordinadores regionales, Alianza Nacional y Unidad Nacional han mantenido opiniones totalmente contrarias.
"En la medida en que podemos obtener modificaciones en la postura del gobierno, podemos lograr bajo el criterio de oposición constructiva algunos entendimientos puntuales", opinó el senador nacionalista Eber Da Rosa, de Alianza. Su sector, se ha mostrado desde el principio propenso a negociar con el Ejecutivo la cantidad de coordinadores que se establecerían y las condiciones que tendrían que tener quienes aceptaran los puestos.
Por otra lado, UNA ya en setiembre -apenas días después de presentado el presupuesto- dijo que bajaran o no los números, esa ley no la votaba. "El criterio debe ser oponerse, controlar pero no rehuir a acompañar las cosas que nos parezcan buenas. Pero recordando que la responsabilidad final de todas las leyes es del Frente Amplio", opinó el senador Luis Alberto Lacalle, quien viene ofreciendo el perfil más opositor entre los partidos tradicionales.
La flexibilización del secreto bancario volvió a encontrar a los dos grupos nacionalistas en lados opuestos del espectro político. Senadores de UNA presentaron en setiembre sus propuestas al Ejecutivo. Y Mujica hasta ahora ha negociado, pero con Alianza Nacional.
"Hay sectores que están en las antípodas del gobierno y otros que tienen un mejor relacionamiento. Así el grado de oposición y de negociación varía. En algunos la oposición es más cerrada. En otros es más gradual", dijo Da Rosa.
Tantas han sido las coincidencias entre Alianza y la administración Mujica (sobre la base de una buena relación entre Larrañaga y el presidente) que hasta ha levantado sospechas. La semana pasada el senador colorado, Pedro Bordaberry, estipuló sobre un posible acuerdo entre Alianza y el Ejecutivo por los coordinadores regionales. "No me parece mal que el que quiera dialogar dialogue. Me preocupa que no volvamos a prácticas perimidas", dijo a Qué Pasa.
Da Rosa desestimó la insinuación. "Eso responde a una visión equivocada anclada en los viejos criterios del reparto de cargos", dijo. Utilizó el mismo argumento que Mujica en su audición radial.
Apostar al diálogo no es sólo decisión de la oposición. También ha sido una postura clara del Ejecutivo. El acuerdo con Argentina por la instalación de la planta de celulosa fue apoyado por todos los partidos. Durante el conflicto de la Armada, el ministro Luis Rosadilla informó al Parlamento de las investigaciones. Representantes de todos los colores están en los entes y organismos de contralor.
Aunque no todos concuerdan. "Diálogo siempre hubo, con (Tabaré) Vázquez y con Mujica. Son personas distintas y maneras de ser distintas. Pero que quede claro que nosotros somos la oposición y ellos el gobierno", dijo Lacalle, quien siempre mostró afinidades con Vázquez.
También los colorados se preguntan qué hacer con tanto diálogo. "En el gobierno anterior, el Partido Colorado tenía muy poca representación, pero ¿qué hizo el Partido Nacional? Decir `me opongo`, interpelaba ministros ¿y qué resultado le dio? Ninguno. Ese no es el camino", dijo Bordaberry, líder de Vamos Uruguay.
Pero para el senador, el diálogo tiene sus límites. Su sector, aunque mantuvo reuniones con el presidente para tratar el tema de los coordinadores regionales, no votará la ley. "Nosotros dialogamos cuando se trata de cosas sobre las que se puede dialogar", dijo. Y adelantó que en caso de que Alianza Nacional apruebe la norma junto al Frente Amplio, propondrán una serie de regulaciones a los cargos.
Para otros la "oposición constructiva" puede desencadenar una especie de crisis de identidad. Semanas atrás en declaraciones a Búsqueda, el senador José Amorín Batlle opinó que ciertos sectores de los partidos tradicionales se están olvidando de su rol. "Es posible que algunos referentes de la oposición estén traicionando el mandato popular que recibieron (...). En muchos casos, es claro que representamos cosas bien distintas y es nuestra obligación cumplir con nuestro rol de opositores", dijo el líder de la Lista 15.
Pero en tener diálogo o no, los partidos tradicionales se lo juegan todo. Hoy es la única opción en un gobierno que cuenta nuevamente con mayorías parlamentarias frenteamplistas. "Están blindados", dijo el senador Lacalle sobre los ministros. Por eso la discusión sobre qué hacer con las interpelaciones genera divisiones.
Dentro del Partido Nacional, Alianza apunta al cuidado de la herramienta. "Hay que ser muy ponderado, en el sentido de no gastar (el instrumento de la interpelación), no generar descreimiento en el instituto parlamentario. No hay que dejar que arrebatos individuales o protagonismos primen sobre la estrategia del partido", opinó Da Rosa.
En UNA, la opinión es otra. "Los tenemos que hacer más frecuentes porque no nos queda otro mecanismo. Aunque sólo cuando hay motivos", dijo Lacalle.
Igual blancos y colorados tienen un as bajo la manga. Integran los organismos de contralor y están en los entes autónomos. Hoy, a diferencia del gobierno de Vázquez, tienen información más certera de lo que pasa en la administración y pueden, llegado el momento, hacer críticas que duelan más. Aunque el mecanismo es todavía demasiado nuevo para dar sus frutos.
cada voto vale. Tener mayorías no siempre es algo bueno. En Diputados el Frente Amplio tiene 50 representantes y los necesita a todos para sacar sus leyes. Cualquier diferencia interna puede atentar contra el gobierno. Y aquí la oposición comienza de nuevo a ver una forma de actuar. "Es un elemento peligroso. Cada diputado en su psiquis piensa `sin mí, esto no puede caminar`", concluyó Bordaberry.
Algo de eso comienza a verse con la discusión sobre el proyecto interpretativo de la Ley de Caducidad. En el Senado, el Frente Amplio depende del voto de Rodolfo Nin Novoa para aprobar el proyecto; Jorge Saravia votará en contra. Eso a pesar de que el Frente Amplio les impuso a ambos levantar la mano.
"La disciplina partidaria no se puede imponer a una decisión del pueblo. Los postulados del Frente Amplio defienden la democracia directa", opinó Saravia.
El senador todavía desconoce si esto le significará alguna sanción disciplinaria por parte de su fuerza. Aunque él, como lo ha anunciado en estos últimos días, está "dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias". Algo que ya demostró cuando su decisión de no acatar los pagarés impuestos por el Movimiento de Participación Popular (MPP), lo llevó a desvincularse de su orgánica.
Y como en este tema el gobierno no tiene el apoyo del Partido Nacional o del Partido Colorado (que no acompañarán la ley), de esos dos votos depende todo el proyecto. En este ámbito, al contrario de lo que sucedió con la seguridad o la educación, Mujica no llamó a los partidos tradicionales. Para la Caducidad no hubo acuerdo político.
"Uno pensaría que tuvimos una actitud buena (en esas oportunidades). Por eso propusimos ir a otras áreas y no se ha hecho. En la Cancillería, cuando viene el tema de la ley de Caducidad, no integran, se cortan solos", reclamó Bordaberry. "No podemos mediante una ley modificar lo que decidió la gente con su voto. Eso ha enrarecido el clima de diálogo en las últimas semanas", agregó.
Los problemas no están sólo en el debate de esta ley (que ahora entra en un período de análisis). También el presupuesto quinquenal fue motivo de resquemores. Cuando los 821 artículos cayeron en el despacho del senador comunista Eduardo Lorier, lo menos que hubo fueron aplausos.
De hecho el PCU hizo consultas jurídicas para averiguar la constitucionalidad de incluir un capítulo referido a los funcionarios (donde están las bases de la Reforma del Estado) en un proyecto presupuestal. Desde el Parlamento plantearon retirarlo todo o cambiar su redacción.
"Hay aspectos aprobados por el programa del Frente Amplio. Una comisión para instalar un Frigorífico Nacional, a lo cual el ministro (de Economía) Fernando Lorenzo dijo que no se oponía a priori. También se aprobó un ente marítimo. Para todo eso debería fijarse algún lineamiento y no lo vemos (en el borrador original)", enfatizó el senador Eduardo Lorier, del PCU. La Cámara de Diputados ya se encargó de algo de eso, aprobando una comisión para tratar la viabilidad de un frigorífico; el ente marítimo, dice Lorier, todavía hay que ver cómo se concreta.
Pero los comunistas tienen también otros reparos. Consideran que hay que darle más dinamismo al plan Juntos, ideado por Mujica para la construcción de viviendas. Y que el gobierno puede aumentar los recursos para la educación y otras áreas si hace otros cálculos, por ejemplo, con respecto al PBI. "Es un incremento de recursos lo que planteamos, no un reacomodo", dijo el senador.
Eso de hacer oposición desde adentro (o, como ellos dicen, seguir el eje del programa del Frente Amplio), no es nuevo para los comunistas. Sus posiciones contrarias a varias decisiones del gobierno de Vázquez hizo que varios dentro del FA los etiquetaran de "perfilistas".
La diferencia es que ésta vez ellos son parte del gobierno. No sólo fueron los que posibilitaron, con sus votos en el Congreso del FA, el acceso de Mujica a la presidencia. También tienen el poder de un ministerio (Desarrollo Social, con Ana Vignoli quien ya dijo estar de acuerdo con las críticas de su partido), la intendencia capitalina y varios directores en diferentes organismos del Estado. Ya no están solos.
A ellos comienzan a acercarse algunos sectores del MPP, el partido del que salió el presidente. Julio Marenales (dirigente del MPP y del MLN-T) tiene una visión escéptica del gobierno (ver recuadro).
Incluso sumó un aliado impensado: el Pit-Cnt. A principios de mes, el presidente enfrentó su primer paro general de 24 horas, medida que partió en dos a la central obrera (ver recuadro de página 6).
"Si Mujica tuviera tiempo, mirara más el bosque y no los árboles, ampliaría la base de apoyo para no estar sometido a necesitar al Partido Comunista y todos sus votos", agregó por su parte Bordaberry.
Los partidos tradicionales ya analizan estas fracturas. Algunos dicen que son estrategias para captar a los sectores de base frenteamplistas, esos que ven que su gobierno se aleja de la izquierda tradicional y pasa al centro. El problema es cómo volverse opositor y conseguir esos votos en el intento.
El frente, la izquierda y los ideales
Algunas de las propuestas de Mujica han dado que pensar a los partidos tradicionales. De hecho algunos sectores aspiran a convencer al electorado frenteamplista de que, al final, eran blancos y colorados quienes tenían razón en sus propuestas.
Es que tener un Estado menos burocrático y más eficiente o cuidar el mercado y atraer a la inversión (y de allí la escasa conflictividad que se ha dado hasta ahora con los empresarios), son dos planteos clásicos de los partidos tradicionales. Planteos que este gobierno ha tomado como propios. "La gente está viendo una mutación en las propuestas del FA muy grandes. Algunos se resisten a ellas, siendo coherentes con sus pensamientos", estimó el senador colorado Pedro Bordaberry.
Los nuevos opositores
Joselo López.
En su paso por el directorio del Inau, Joselo López no pasó desapercibido. Varios de los reclamos de los funcionarios de la institución lo tuvieron a él de protagonista. Hoy, como dirigente de la Confederación de Funcionarios del Estado (Cofe), López sigue siendo figura pública. Ha tenido polémicas con la primera dama y senadora Lucía Topolansky y también dentro del propio Pit-Cnt (Richard Read, referente de Articulación, dijo que pecaba de "incontinencia verbal". Fue uno de los promotores del paro general de 24 horas del Pit-Cnt y participó de las negociaciones con el Sodre.
Eduardo Lorier.
El secretario general del PCU y senador ha llevado al Parlamento las principales críticas de su sector. Ya durante el gobierno de Vázquez estuvo en contra de la negociación de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, de las operaciones uruguayas en Haití y fue su sector el que impulsó, junto con el MPP, las modificaciones a la reforma tributaria. Durante la discusión de las maniobras militares conjuntas con Estados Unidos, Lorier llegó a abandonar su banca y dejar una rosa roja, en representación a los muertos de la izquierda. Por esas actitudes, el FA criticó de "perfilista" al PCU.
Julio Marenales.
Dirigente del MPP y del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, Marenales se cuida a la hora de hablar. Pero cuando lo ha hecho ha sido para criticar al gobierno de Mujica, quien fue su compañero de armas y luego de cárcel bajo la dictadura militar. Entre sus declaraciones más polémicas, ha dicho que el MPP es un "gigante estúpido" y que por ahora "hacer, hacer (Mujica) todavía no ha mostrado mucho". Se lo señala como uno de los responsables de la corriente que impulsó el paro general dentro del Pit-Cnt.
División trabajadora
"A Tabaré le dimos un changüí. Al Pepe no. Fijate que ya vamos por el cuarto paro, en cinco meses de gobierno". Las expresiones no corren por parte de los sectores más radicales del Pit-Cnt. Vienen de Gustavo Signorelle, miembro de Articulación, la corriente más afín al gobierno y una de las pocas que se puso en contra de la medida de un paro general.
Pero ellos quedaron en minoría. La decisión de parar por 24 horas a principios de mes -cuando apenas iban seis meses de gobierno- dividió a la central obrera. Articulación votó unánimemente que no. Pero, según reseñó El País, la pulseada la ganaron sectores afines a Julio Marenales (MPP) y Eduardo Lorier (PCU).
Así el 7 de octubre las calles estaban casi vacías. Pero, al contrario de otros paros, ésa vez no hubo acto central ni proclamas generales. Sólo carpas, instaladas en algunos puntos de la capital, y algunos piquetes que -el gobierno anunció- serían rápidamente desarticulados. Apenas organizaron una marcha, liderada por los sectores más radicales y en contra de una función de ballet, quizás la última muestra de la oligarquía contra la cual pueden protestar en un gobierno que se corre al centro.
En el fondo las críticas de la central son bastante parecidas a las de un documento comunista que se filtró a la prensa (y que criticaba a los gobiernos de Vázquez y Mujica). En su proclama, la central vuelve a recordar la creación de un frigorífico nacional y una flota pesquera estatal. Los sindicalistas de Cofe quieren que se quite el capítulo II del presupuesto para que éste sea tratado en el marco de la negociación colectiva, lo mismo que el PCU.
Pero también pujan por sus salarios. Cofe pretende que el ingreso dentro del Estado sea de un mínimo de 14.400 pesos, aunque por 30 horas de trabajo y no por 40 como plantea el gobierno.
Desde entonces el Secretariado del Pit-Cnt ha salido a reafirmar la unidad de su fuerza, pero las dudas están igual presentes. Y a los más altos niveles. El día anterior al paro general, Mujica dijo que esperaba "una jornada tranquila, que no divida al movimiento obrero y que al otro día todos estemos con buen ánimo". Eso último, aún está por verse.