JORGE REBELLA
El problema de la apreciación del tipo de cambio lógicamente preocupa al gobierno, pero también constituye una presión a la cual no es fácil resistir, sostuvo el economista Fabio Giambiagi, jefe del Departamento de Riesgo de Mercado del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes). El entrevistado, junto con el Ec. Octavio de Barros, coordinaron y participaron en la redacción de varios capítulos del libro "Brasil Pós Crise", que acaba de publicarse. A continuación un resumen de la entrevista.
-Brasil no pudo evitar que su economía entrara en recesión técnica este año debido a los efectos nocivos de la crisis financiera global. ¿Cómo vislumbra la evolución de la actividad económica brasileña una vez que la economía internacional se recupere?
-No se trata de vislumbrar y sí de apuntar a lo que ya ocurrió. En términos desestacionalizados, la actividad industrial se desplomó nada menos que 21% entre septiembre y diciembre de 2008. Sin embargo, ya creció más de 15% entre enero y septiembre de 2009 y todo indica que seguirá recuperándose sostenidamente en los años venideros.
-¿Qué factores están contribuyendo con esa recuperación?
-El crecimiento anualizado del PIB en Brasil en el segundo trimestre fue de 7,8%, los indicadores mensuales indican que el resultado del tercer trimestre también será muy bueno y todo apunta hacia un buen cuarto trimestre, considerando el clima que se vive cuando estamos a mediados de noviembre. Lo que explica esa dinámica es, claramente, el consumo doméstico.
-Si bien los lineamientos de política económica iniciados por la administración de Fernando Henrique Cardoso y continuados por el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva han mejorado los indicadores de la economía brasileña, ¿qué agenda fiscal será necesario llevar a cabo en los próximos años para que Brasil no quede excesivamente expuesto a los vaivenes de los mercados mundiales y pueda estar en mejores condiciones de resistir contextos externos adversos?
-Una cosa es lo que yo creo que habría que hacer y otra cosa es lo que se hará… Claramente, Brasil tiene un problema no resuelto de exceso de gasto, que se venía manejando mediante un aumento de los ingresos tributarios, en un esquema que caducó con la crisis. Lo que debería hacer el próximo gobierno que asumirá en 2011 es fijar un tope al crecimiento del gasto, limitándolo en torno al 3% anual, en términos reales, por un largo período. Eso obviamente dista mucho de la acusación que se hace a la ortodoxia de querer "reducir" el gasto público, pero implicaría una señal importante después del crecimiento desbocado de los últimos seis años.
-¿Es factible que se introduzca algún tipo de regla de superávit fiscal como existe en Chile?
-No hay nada en la agenda política que apunte hacia la regla chilena de superávit fiscal. Estamos muy lejos de ese "benchmark".
-¿Qué medidas debería tomar el próximo gobierno para crear un clima más favorable a la inversión privada, nacional y extranjera, en cuanto a que la carga tributaria apunte a establecer un sistema más racional, el costo del capital sea más bajo y un marco regulatorio más coherente, de modo que el Estado no tenga que ser el promotor, el financista y el actor de las inversiones en Brasil?
-Con la actual situación fiscal, ningún gobierno con un mínimo de responsabilidad podrá darse el lujo de renunciar a ingresos fiscales. Por lo tanto, habrá que olvidarse por unos años de la viabilidad de cualquier prédica en favor de una reducción impositiva. En cuanto al costo del capital, dependerá de la agenda fiscal. Si se trabaja en la recuperación del superávit primario, creo que a lo largo de la década se podrían alcanzar tasas reales de interés sostenibles de 3%-4%. De no ser así, me temo que el riesgo asociado a prestarle al gobierno vuelva a subir.
Tasa Selic
-Es sabido que el presidente Lula tiene una especial "aversión a la inflación", básicamente por razones políticas. Por eso, los ministros de economía se han esforzado y logrado mantenerla relativamente controlada durante sus dos períodos presidenciales. ¿Qué podría hacer el gobierno en ese sentido ante una posible aceleración de los precios internos en la medida que la economía brasileña se reactive con mayor dinamismo en los próximos años?
-La respuesta tradicional en Brasil ha sido elevar las tasas de interés, lo cual ya vimos que siempre funciona. La esperanza es que si hay una presión de la demanda, la respuesta del próximo gobierno pueda venir más por el lado fiscal, pero hoy nadie tiene la respuesta. No se sabe cuán comprometido estará el próximo gobierno con la idea de que el superávit primario vuelva a ubicarse en algo más próximo al 3% del producto.
-En un escenario de franco crecimiento económico, ¿se podrá abatir la tasa de interés de referencia (Selic) que determina que el costo del dinero en Brasil sea el más caro del mundo?
-En la actualidad, el costo del dinero en Brasil ya no es más el más caro del mundo, aunque no descarto que vuelva a serlo si hay que aumentar nuevamente la Selic. La respuesta dependerá de las condiciones en que se dé el proceso de expansión. Todas las señales indican que, en lo que va del año, la demanda está volando, mientras la inversión sigue recostada contra el piso. Como en los dos trimestres de recesión técnica -el cuarto de 2008 y el primero de 2009- se generó un margen grande de capacidad instalada no utilizada, nadie es tan fanático al punto de suponer que las tasas de interés tienen que aumentar para contener el ritmo de la demanda.
-¿Qué política se prevé en cuanto al manejo de la tasa Selic en el mediano plazo?
-Es obvio que no puede mantenerse indefinidamente un cuadro donde el consumo crece con mucha fuerza y la inversión se mueve a paso de tortuga. No descarto que sea necesario volver a elevar la Selic en un plazo de entre seis y dieciocho meses.
-La liquidez es aún abundante en el mundo, en buena parte porque la Reserva Federal y los bancos centrales de otras grandes potencias continúan vertiendo dinero en sus respectivos sistemas financieros, pero las tasas de interés permanecen extremadamente bajas. En cambio, la tasa Selic, que se mantuvo en 8,75% en octubre, está muy por encima de los niveles internacionales. A su vez, se ha registrado un alza superior al 60% del índice Bovespa en lo que va del año. ¿No se está creando una burbuja financiera en el mercado brasileño por la diferencia de la tasa de interés local y las que rigen en el resto del mundo?
-El boom de la bolsa brasileña está asociado a la recuperación de los precios de los commodities brasileños en los últimos ocho o nueve meses. Eso mejoró la situación de empresas que representan una parte importante del Bovespa, como Petrobras y Vale do Rio Doce. Tal auge no tiene nada que ver con la tasa Selic. Si se trata de una burbuja o no, dependerá de qué pasa con la cotización de los commodities en los próximos años.
Comercio y moneda
-¿Cómo vislumbra la evolución del comercio exterior brasileño una vez que finalice la crisis internacional?
-Las exportaciones brasileñas se van a recuperar junto con la reactivación del comercio internacional, pero las importaciones van a crecer más rápidamente. Cuando la demanda crece más allá de la expansión de la oferta, no hay alternativa: el desequilibrio va a acabar reflejándose en la balanza comercial. Brasil seguirá siendo un "global player", con una diversificación muy grande del destino de sus exportaciones.
-¿En qué medida serán competitivas las manufacturas originarias de Brasil si se continúa apreciando el real?
-Las manufacturas brasileñas tienen un gran desafío por delante. Siendo este país una especie de "niño mimado" de los mercados, con la expansión que se viene del sector de petróleo y las oportunidades de inversión que existen cuando se mira diez años hacia adelante, es más o menos inevitable que en los próximos años haya un tipo de cambio más apreciado que en la década que concluye.
-¿Cuánto se va a apreciar el tipo de cambio en esta etapa postcrisis?
-El problema de la apreciación del tipo de cambio lógicamente preocupa al gobierno, pero también constituye una presión a la cual no es fácil resistir. Hay una avalancha de todo tipo de capitales extranjeros, y no sólo especulativos, hacia Brasil y también una recuperación de los precios de los commodities, que son favorables desde el punto de vista de la balanza de pagos, lo cual objetivamente tienden a apreciar el tipo de cambio. El relevamiento de las expectativas de mercado realizado a principios de este mes (noviembre 2009) indica que el tipo de cambio cerraría a 1,77 reales por dólar a fines de 2010 y a 1,83 reales en 2011.
Reformas
-¿Qué reformas microeconómicas inconclusas durante el gobierno de Lula deberían cumplirse en la próxima década para que Brasil desarrolle una economía dinámica y eficiente?
-Aquí hay que distinguir una cuestión de grados. Existe una corriente importante de economistas, entre los que me incluyo, que considera que Brasil podría beneficiarse adquiriendo mayor dinamismo con reglas más flexibles en el mercado de trabajo y la derogación de una serie de restricciones que traban el mercado de crédito. Sin embargo, hay que tener claro que son tantas las oportunidades que el país ofrece para hacer inversiones en sectores importantes a lo largo de la próxima década, que es muy posible que no pase absolutamente nada en materia de cambios en la legislación y que, a pesar de ello, tengamos la mejor década desde los años setenta.
-¿Cómo vislumbra el futuro funcionamiento del mercado de trabajo en Brasil?
-Creo que a pesar de una legislación laboral poco proclive al empleo formal, las buenas perspectivas de expansión de la economía, con un crecimiento del 4% al 4,5% por varios años durante la próxima década, van a generar una dinámica descendente de la tasa de desocupación.
-¿Qué factores negativos conspiran contra la mayor productividad de los trabajadores brasileños?
-El gran desafío para aumentar la competitividad es hacer un esfuerzo importante en la educación, pero eso exige tiempo. La convivencia con una informalidad importante es una característica estructural de la economía brasileña y, aunque ha venido disminuyendo, va a seguir vigente durante la próxima década.
-El programa Bolsa Familia implementado por el gobierno de Lula, que atiende a más de once millones de hogares, es una de las referencias del actual gobierno. ¿Qué mecanismos serían más aptos para lograr una salida más rápida de buena parte de los beneficiarios del programa Bolsa Familia?
-El objetivo es generar un impulso transformador que, tarde o temprano, lleve a esa gente a dejar de depender de los recursos asistenciales del gobierno. Lamentablemente, ese es un tema donde se ha infiltrado la política de una manera que veo difícil de resolver a corto plazo. El punto clave es que, para una parte no despreciable del conjunto de personas que recibe el beneficio, se crea una dependencia duradera, sin que el financista, o sea el gobierno, ni el financiado, es decir el individuo, tengan mucho interés en que ese vínculo se corte; el primero porque el programa da votos y el segundo porque le da dinero. Un alumno de economía diría que se trata de una cuestión de ajustar los incentivos y sólo mantenerlos en determinadas circunstancias. La cuestión es quién le va poner el cascabel al gato, o sea retirar el beneficio, cosa que sería considerado políticamente suicida. La sociedad no ha encontrado respuesta aún para ese desafío.
-Los gobiernos de Fernando Henrique y de Lula aprobaron algunas leyes para mejorar el sistema previsional, que es extremadamente liberal y, por tanto, costoso para los contribuyentes. ¿Recomendaría la adopción del sistema jubilatorio de cuentas de ahorro individual como han adoptado Chile y Uruguay?
-El sistema de cuentas jubilatorias tal como existe en Chile simplemente no está en discusión en Brasil. Estoy convencido de que el país tiene las reglas previsionales más generosas del mundo. Por ejemplo, las mujeres se jubilan a la edad de 60 años, pero existe la posibilidad de jubilarse por el período contributivo de 30 años independientemente de la edad. En consecuencia, una mujer que empezó a trabajar a los 21 años se puede jubilar a los 51. Para cualquier observador extranjero, las normas jubilatorias brasileñas son rayanas en lo absurdo. Sin embargo, pocas cosas son tan difíciles de cambiar como la idiosincrasia de una sociedad. Como buena parte de los brasileños considera que cambiar la legislación previsional es un ataque a las reglas elementales de solidaridad humana, va a ser muy difícil avanzar en esa materia si no se empieza por una campaña explicativa para mostrarle a la gente el porqué de la importancia de una nueva reforma.
El Bndes debería ceder espacio a la banca privada
-¿Prevé que la banca privada comience a financiar proyectos de inversión a largo plazo?
-Creo que la próxima década va a mostrar algo inédito en Brasil, que es justamente el ingreso del sector bancario privado en la financiación de largo plazo, donde el Banco Nacional de Desarrollo (Bndes) actuó históricamente casi como un monopolio.
-Los préstamos blandos del Bndes han sido fundamentales para promover la inversión privada y, por ende, el desarrollo económico en Brasil. ¿Qué rol deberá desempeñar esta institución en la próxima década?
-Esa respuesta será dada por las autoridades políticas que sean electas y asuman en el año 2011. Aunque es probable que por un par de años seguirá creciendo, creo que el Bndes debería achicarse, en términos relativos, y ceder parte de su espacio a financistas privados, una vez que la economía vaya alcanzando mayores grados de madurez. En todo caso, esta institución debería encargarse de actuar en áreas donde el sector financiero privado continúe sin participar en una escala adecuada o lo haga en forma imperfecta o insuficiente, generando un cuadro de subinversión y/o de intereses elevados. Eso significa priorizar las áreas de apoyo a la exportación, infraestructura, innovación, sectores sociales, Pymes y proyectos estructurales, especialmente en las regiones menos favorecidas.
-¿Qué otras funciones podría cumplir el Bndes?
-Siempre opinando a título personal, el Bndes podría ejercer una función importante como catalizador de operaciones complejas. Para eso, alcanzaría con que tuviese una participación minoritaria en la ingeniería financiera de grandes proyectos. Asimismo, la tasa de los créditos del Bndes, que es fijada por el gobierno, debería reflejar las condiciones de mercado asociadas a préstamos de largo plazo. Además, sería importante empezar a pensar en su autonomía. Por eso, la designación de sus directores por el Congreso a propuesta del Poder Ejecutivo por un período de cuatro años debería quedar separada del ciclo político a efectos de dar mayor continuidad y previsibilidad a las políticas de la institución.
El Mercosur es un bloque que aspira a todo y donde nada funciona muy bien
-Los empresarios uruguayos critican con insistencia la unilateralidad con que se mueve nuestro principal socio comercial, Brasil, en el plano macroeconómico, y también en el microeconómico, como son las trabas no arancelarias que suelen interponerse en el ingreso a Brasil de productos uruguayos. ¿Puede esperarse una relación más cercana de Brasil con Uruguay en los próximos años?
-La pregunta tiene que ver con la esencia del Mercosur. Durante años fui un entusiasta partidario del bloque subregional y escribí mucho en favor del mismo. Sin embargo, la realidad es un elemento que no conviene nunca dejar de tener en cuenta, más allá de nuestros propios deseos.
-¿Y qué es lo que muestra la realidad?
-Que ninguno de los socios está dispuesto a renunciar a nada en materia de soberanía. Cabe preguntarnos por qué la Unión Europea funciona como bloque. La respuesta es porque los países saben que las decisiones deben ser tomadas en función de los intereses colectivos. Al igual que en un matrimonio, cada uno de los cónyuges tiene que actuar en consonancia con el otro.
-Pero, ¿tenemos esa cultura en nuestra región?
-Hoy estoy claramente convencido que carecemos de ella. Nadie puede imaginar al gobierno argentino, que hizo un desaguisado con la inflación, sometiéndose a un control supranacional de los índices de precios que establece el Indec. Tampoco se puede pensar con un mínimo de realismo que Brasil deje de llevar a cabo un proyecto por la presión que ejerza Uruguay. Y mejor no hablemos del nuevo candidato a ingresar en carácter de miembro pleno al club, que no es precisamente un vecino tranquilo. Creo que el Mercosur debería replantear sus ambiciones. De cualquier forma, hago una acotación: las trabas no arancelarias son inadmisibles. Pienso seriamente que el bloque debería limitarse a un acuerdo de libre comercio; pero, en ese caso, el comercio tendría que ser efectivamente libre. Hoy tenemos un bloque que aspira a todo y donde nada funciona muy bien.
-Entonces, ¿qué significa realmente el Mercosur para Brasil?
-Es una cuestión de peso relativo. Significa menos que para Uruguay, de la misma manera que Brasil tiene menos relevancia para Estados Unidos si se compara lo que representa el mercado estadounidense para los exportadores brasileños. Hoy el Mercosur es como el tango para Brasil, por aquello "del dolor de ya no ser". Fue una estrategia en la cual se volcaron muchas expectativas, pero casi veinte años después ha traído realizaciones muy inferiores a las aspiraciones iniciales. Para usar la imagen del casamiento: el Mercosur corresponde a una relación que se mantiene, aunque está muy desgastada para todas las partes. Aunque, hay que reconocer, otra vez como en el casamiento, que eso vale para ambas partes. Creo que ese es también el sentimiento de los demás socios. Todos constatamos que para cada uno, a la hora de la verdad, lo que pasa de fronteras para dentro es verdaderamente más importante que lo que ocurre con el bloque como un todo. No ha habido de parte de ninguno de los socios la voluntad de llegar a un punto donde las decisiones locales estuviesen condicionadas por los compromisos comunes a todos. Aquí hubo un fracaso colectivo.
Ficha técnica
Fabio Giambiagi, 47 años, es licenciado y magíster en economía de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Actualmente ocupa el cargo de jefe del Departamento de Riesgo de Mercado del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes) de Brasil. Con anterioridad se desempeñó como economista en el Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (IPEA). Tiene una vasta trayectoria como docente en la Universidad Federal de Río de Janeiro y en la Pontificia Universidad Católica.