Un estudio recién publicado estaría demostrando aquello de dime con quién andas y te diré quién eres. O más precisamente, dime cómo actúan tus hermanos, amigos y compañeros de trabajo y te diré cuál puede ser tu comportamiento. Al menos en lo que respecta a una decisión tan difícil como el divorcio.
Según un trabajo coordinado entre las universidades de California, Harvard y Brown -todas de Estados Unidos-, el divorcio es contagioso. En la escala de poder de propagación, los amigos son los que más podrían influenciar a un individuo a tomar esta decisión: tener amigos divorciados aumenta en un 147% las probabilidades de terminar igual; incidencia que baja al 55% cuando se trata de compañeros de trabajo y al 22% si el antecedente de separación proviene de un hermano.
"Hay personas que ven este estudio y piensan: `No hay manera de que eso sea verdad, yo tomo mis propias decisiones`, y puede que sea así para mucha gente, pero, en promedio, tendemos a ser muy influenciables por nuestros amigos", señaló James H. Fowler, realizador del estudio junto a Nicholas Christakis y Rose McDermontt.
Las cifras a las que llegó el equipo indican que es mayor la influencia de los compañeros de trabajo que la de los hermanos. Fowler señala que esto se debe que los últimos comparten experiencias vitales parecidas entre sí, y que por lo tanto no se obtiene nueva información a través de ellos.
No es la primera vez que Fowler y Christakis atribuyen efectos contagiosos a emociones o situaciones de vida. Ya lo hicieron con la felicidad (ver nota aparte), la obesidad y la soledad.
Mirada sureña. El psicólogo gestáltico Álvaro Alcuri sonríe cuando se le plantean los resultados de la investigación. Y se enoja. "Dejemos de medir estupideces", suelta.
"Imitar conductas está en nuestros genes como seres humanos. Ahora, entrar en la sintonía fina sobre qué conducta se imita me parece tonto, sobre todo cuando el divorcio está en la raíz de los cambios culturales que hubo en los últimos 40 años; como el acceso de la mujer al mercado de trabajo, la ruptura de la familia patriarcal, el hecho de que los objetivos son mucho más individuales que grupales y que la familia ha dejado de ser aquel lugar de sostén para sus integrante", explica. La diferencia entre la conducta imitativa de los niños y la de los adultos radica en que los primeros copian indiscriminadamente y los segundos lo hacen con criterio. "No somos monos", dice Alcuri con ironía.
La visión de un psicoanalista como Jorge Bafico va en línea con la de su colega gestáltico: "La verdad que estos estudios americanos me sorprenden, tienen esa necesidad de querer simplificar todo a estadísticas y números. Los seres humanos somos complejos y singulares. Parece que estas estadísticas son afines al discurso de la posmodernidad, con la ilusión de que para cada deseo hay un objeto, acorde a la búsqueda desesperada de inmediatez de nuestro tiempo", señala.
En su opinión, es imposible que se "contagien" las decisiones. "Eso no quiere decir que no seamos permeables a nuestro ambiente. Una vez una psiquiatra me comentó que en la cárcel todo los reclusos eran `psicopáticos`. Yo le manifesté que pensaba diferente, no es que fueran psicopáticos sino se comportaban psicopáticamente porque era la única forma que tenían de adaptarse al entorno sin enloquecer o suicidarse. Lo mismo le diría a los académicos James H. Fowler y Nicholas Christakis: el ser permeables al entorno no los hace fenómeno de contagio", agrega.
"Creo que estos estudios lo que hacen es disolver la noción de subjetividad. Hace de los seres humanos mercaderías que dejan de ser sujetos de deseo. Posiblemente atrás del `contagio` haya una historia singular de cada uno de esos `infectados` que ponga en juego el desencadenamiento de la separación y no un contagio virtual", finaliza el psicoanalista.
El punto de vista de Alcuri en cuanto a este tipo de investigación es, tal vez, un poco más ácido: "Alguien dijo que los números no mienten pero hay muchos mentirosos haciendo números. Es estúpido medir el tema así, están tratando de ponerle números a todo para hacer de cada cosa un síndrome. Me opongo radicalmente. Es terrible que estemos midiendo la influencia del vecino que se divorció sin tener en cuenta la fractura de la familia tradicional en los últimos 50 o 60 años", concluye.
¿Imitación o no?
Álvaro Alcuri
Psicoterapeuta gestáltico
"No caben dudas de que nos estamos divorciando más, pero las razones son múltiples y mucho más profundas que el imitar a otro que ya se divorció".
Jorge Bafico
psicoterapeuta psicoanalítico
"Es imposible que se `contagien` las decisiones, eso no quiere decir que no seamos permeables a nuestro ambiente... estos estudios disuelven la noción de subjetividad".
Las cifras
147% Es lo que aumentan las probabilidades de divorcio cuando se tienen amigos divorciados, según la citada investigación.
55% Crecen las posibilidades de terminar con el matrimonio cuando se tiene compañeros de trabajo que ya lo hicieron.
22% Es lo que aumentan las probabilidades cuando el divorciado es un hermano, concluye el estudio de las universidades estadounidenses.
¿La felicidad también se propaga?
La dupla de Nicholas Christakis (Universidad de Harvard) y James Fowler (Universidad de California) ya ha publicado otros estudios centrados en el efecto contagioso de las conductas y emociones dentro de un grupo humano.
En 2008 publicaron un trabajo sobre la felicidad, a la que consideraron un fenómeno colectivo que se disemina a través de las redes sociales no virtuales con la misma capacidad de contagio que un virus.
Luego de estudiar los últimos 20 años de la vida de 5.000 individuos, los investigadores concluyeron que una persona contenta distribuye su estado de ánimo hasta lo que llamaron tercer grado. O lo que es lo mismo: la felicidad de uno no sólo alcanza y beneficia a sus amigos, sino a los amigos de los amigos y a los amigos de los amigos de los amigos. También descubrieron que ese efecto dura hasta un año.
La felicidad la midieron con un test desarrollado para estudiar la depresión, con el que encontraron que quien tenga un amigo feliz a menos de un kilómetro y medio de distancia tiene un 25% más de probabilidades de sentir esa emoción.
Paralelamente midieron el efecto del dinero: tener US$ 5.000 extras aumentan las posibilidades de ser feliz en apenas 2%; de lo cual se deduce que es más fácil ser feliz cuando se tiene un amigo contento.