Demián Orosz
PARECE IMPOSIBLE escribir la biografía de alguien cuya vida no termina con su muerte. Jesús. Una biografía (Edhasa/Océano) es la respuesta del sacerdote y biblista español Armand Puig, quien concibió un libro que intenta responder preguntas difíciles: ¿Quién fue en verdad el maestro de Nazaret? ¿Un profeta, un líder, un rabino heterodoxo? ¿Puede hacerse historia con los milagros que se le atribuyen? ¿Fue como piensan los creyentes el Hijo de Dios?
La obra de Puig, originalmente escrita en catalán, fue traducida al castellano y rápidamente se convirtió en best-seller en España. Algo que pocas veces sucede con un libro erudito y que araña las 700 páginas. La razón es que está escrito de manera ágil, con algunas zonas densas, de apabullante minuciosidad; en general ofrece un perfil rico y complejo del hombre nacido en Galilea hace más de dos mil años.
El desafío de Puig, decano de la Faculta de Teología de Cataluña, es asegurar la continuidad entre historia y fe, una tarea que implica medirse, por ejemplo, con los milagros atribuidos a Jesús, por no hablar de un hecho como la resurrección, que difícilmente puede ser asimilado por los no creyentes. El sacerdote se ampara en el evangelio de Marcos y planta bandera: "Todo es posible para quien cree".
EL MESÍAS.
-Algunos autores niegan que Jesús se haya referido a sí mismo como "Mesías", y enfatizan que los Evangelios no lo llaman Dios en ningún momento. ¿En qué consiste la naturaleza divina de Jesús?
-Están quienes leen las fuentes sobre Jesús de forma hipercrítica y desde una posición previa: apartar todos aquellos elementos que no se situarían en un registro estrictamente "humano". Es una posición antigua, ya enfatizada por D. F. Strauss (1835), E. Renan (1865) y una parte de la teología liberal decimonónica. A mi entender, aproximarse a un personaje histórico significa intentar captar todos los matices de su figura y, como es natural, las afirmaciones que hace sobre sí mismo. Por ejemplo, sobre el tema "Mesías", Jesús siempre acepta que lo llamen así: Pedro en Cesarea de Filipo (Marcos 8,29), el ciego de Jericó (Marcos 10,47), la multitud en la entrada triunfal de Jerusalén (Marcos 11,10), los dirigentes del templo en el momento de acusarle (Marcos 14,61). Por lo tanto, Jesús se considera a sí mismo el Mesías de Israel, es decir, el enviado de Dios a su pueblo, y a su alrededor hay quienes comparten esta opinión y quienes se escandalizan ante ella y la rechazan. Por otra parte, Jesús no se limita a hablar de Dios sino que habla desde Dios. Para Jesús, Dios es "Abbá", "el Padre", y esta afirmación rotunda y global sólo la puede hacer alguien que se considere "el Hijo" (por ejemplo, Marcos 14,36).
-Los milagros atribuidos a Jesús, ¿no son acaso un desafío y hasta un obstáculo para el objetivo de no separar historia y fe?
-Los milagros de Jesús han merecido opiniones muy dispares. Para algunos constituyen una prueba inequívoca de su divinidad, y para otros simplemente no existen, ya que (afirman) nadie puede traspasar las leyes de la naturaleza. Usted afirma que son un "desafío". Tiene razón. Desafían una razón racionalista, que se detiene ante todo lo que no sea rigurosamente explicable por los conocimientos científicos actuales. Pero yo no estaría tan seguro de que la ciencia es la única que puede explicar el mundo. La física actual, por ejemplo, afirma que no captamos ¡el 90 % de la realidad! Por lo tanto, debemos ser cautos ante lo que no podemos explicar ahora (y subrayo esta última palabra). ¿Podemos cerrarnos ante una intervención que traspasa los límites de lo "razonable"? ¿Podemos anular en nombre de la razón esta frase de Jesús: "todo es posible para quien cree" (Marcos 9,23)?
-¿De qué modo puede entenderse la resurrección?
-La resurrección es el punto crucial para una relación correcta entre historia y fe. La resurrección se encuentra en la frontera entre ambas. Por esta razón debe ser tratada desde la historia y no sólo desde la fe, a partir de los indicios tenues pero innegables de lo que sucedió en la mañana de Pascua y en los días sucesivos. Ahí está el comienzo del cristianismo, la pequeña semilla de un hecho histórico aparentemente limitado pero que se convirtió y se convierte en el acontecimiento central en la vida de muchas personas. En la resurrección, Dios declara cuál es la verdad sobre su Hijo.
POR QUÉ ME HAS ABANDONADO.
- "¡Dios mío!, ¡Dios mío! ¿por qué me has abandonado?". Son las palabras de Jesús en la cruz. En ese momento en que se muestra débil, precario, plenamente humano, ¿es descabellado escuchar un reproche a Dios?
- Las palabras de Jesús en la cruz son pocas y cortas. Está sumido en un gran silencio desde que empieza el proceso que lo llevará a la muerte. Tengo la impresión de que este silencio es su respuesta elocuente a la injusticia de los hombres, que convierte a un inocente en un condenado a la pena capital, la cual, además, está precedida de un largo y terrible tormento. Pues bien, cuando Jesús habla desde la cruz se dirige a Dios con una frase que pertenece al Salmo 22 (21): "¡Dios mío!, ¡Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?" El detalle es importante. No son palabras que Jesús se invente sino una oración tradicional de Israel que él pone en sus labios. No es una oración conformista o resignada, sino una invocación de gran calado, que expresa su soledad pero a la vez su inquebrantable esperanza en Dios. El Dios "mío" calla pero no ha desaparecido: está detrás de la cruz del Hijo.
DIOS Y EL CÉSAR.
-La figura de Jesús dio lugar a interpretaciones muy diversas. Tampoco faltan las lecturas políticas al calor de los acontecimientos, una de las cuales ha sido la Teología de la liberación. ¿Cree que los Evangelios admiten este tipo de lectura?
-En los Evangelios la dimensión política no está ausente. Jesús no es un maestro que viva de espaldas a su tiempo, pero no es hombre de partido. En el conocido episodio del tributo al César se plantea a Jesús una disyuntiva: o aceptar la colaboración con los romanos (como lo hacen saduceos y herodianos) o enfrentarse a ellos negándose a pagar el tributo (como los resistentes anti romanos proponían). Parece un planteamiento insoslayable: decir de qué lado está. Sin embargo Jesús se niega a vincular su mensaje con una posición política determinada. Lo vincula sólo con Dios y no se pronuncia sobre qué partido se debe tomar: el César no es más importante que Dios. Sin embargo, Dios es el amigo de los pobres y enfermos, el que está a su lado y no los abandona, el que se preocupa por las viudas y huérfanos, los niños y los extranjeros. El mensaje del Reino es concreto, lleno de compasión, pero no político en el sentido partidista. Además, en este mensaje la violencia y el odio no encuentran ningún lugar. Algunas teologías de la liberación no han reflexionado suficientemente sobre la praxis de Jesús en relación al César ni sobre su rechazo de la violencia.
El Evangelio de Judas
-LA TESIS central del Evangelio de Judas, recientemente difundido, es bastante conocida: el discípulo traidor habría sido en verdad un instrumento de la voluntad divina. ¿Qué opinión tiene sobre este texto, y qué importancia teológica le adjudica?
-El Evangelio de Judas es un escrito producido por un grupo gnóstico cristiano en la segunda mitad del siglo II dC, que manifiesta una oposición total hacia la Iglesia apostólica, la Iglesia de Pedro y los Doce. Sus afirmaciones derivan de una actitud virulenta contra el cristianismo mayoritario, con quien no está en comunión. Para la comunidad que está detrás del Evangelio de Judas la cruz no tiene ningún valor: Jesús no murió en ella, y no hay redención que pase por ella. En consecuencia, todo el misterio cristiano queda desnaturalizado. El paradigma de esta transformación total es Judas: de ser el traidor pasa a ser el discípulo perfecto, el único. Estamos ante una teología alternativa, que procede de la ideología gnóstica, pero que no tiene ninguna base histórica. El Jesús que emerge del Evangelio de Judas es una invención de los que crearon este texto, y no tiene nada que ver con el Jesús histórico.