MEGAOPERATIVO

Las últimas horas de un narco suelto en Uruguay

La detención de Gerardo González Valencia representó un logro para el Ministerio del Interior, pero pone en evidencia lo atractivo de Uruguay para los narcos, en especial Punta del Este, llamada por el detenido "Tumba City", donde la riqueza pasa más desapercibida.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El narco pretendía alquilar en Montevideo una casa de US$ 10 mil por mes. Foto: Ministerio del Interior.

El jueves 21 de abril Gerardo González Valencia decidió que ese mismo día se marcharía del país al que había arribado cinco años atrás. "Busco a los niños y me voy", dijo con la voz cargada de nerviosismo en una conversación telefónica. No lo sabía, o tal vez la ansiedad hizo que perdiera la cautela que lo caracterizaba, pero sus palabras eran escuchadas por la policía.

El mexicano, de altura media, tez blanca y 40 años, es el número dos de Los Cuinis, cartel especializado en el tráfico de metanfetaminas y cocaína a Europa y Asia, que es liderado por su hermano, Abigael, detenido en México el 28 de febrero y considerado el narco más rico del mundo por la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés).

González Valencia salió del hotel de Punta Carretas en el que se alojaba y se subió al costoso auto, en el que depositó valijas con todo tipo de cosas, desde los cuadernos de sus hijos hasta joyas cuidadosamente envueltas.

El narco encendió el motor y enfiló para al colegio. Su plan era marcharse junto a su suegro y sus tres hijos, de entre 11 y tres años. Lo más seguro es que escaparan a Brasil, por donde ya habían cruzado en otras oportunidades, aprovechando la falta de controles en la frontera con Uruguay. La policía le siguió los pasos desde el hotel e intentó interceptarlo antes de la llegada a la institución educativa, pero el tránsito se lo impidió.

Pasadas las seis de la tarde, el día se desarrollaba con tranquilidad en un conocido colegio de Carrasco. Muchos de los alumnos ya se habían retirado, pero quedaban algunos estudiantes realizando actividades extracurriculares, entre ellos un grupo de chicas jugando al handball. Poco después la calma se alteró con la llegada de ocho policías de la brigada antinarcóticos, armados, encapuchados y vestidos de negro. Cuando la policía arribó al estacionamiento del colegio, González Valencia se encontraba allí con su suegro —su mano derecha en Montevideo durante su estancia en Uruguay— y un exfutbolista uruguayo, quien ya le había vendido vehículos de alta gama, y funcionaba como intermediario para concretar un alquiler en Montevideo. De acuerdo a fuentes de la investigación, no había niños allí.

Al ver a los uniformados, el mexicano se mostró sorprendido y atinó a escapar, pero apenas recorrió unos metros. Cuando se le dio la señal de alto, González Valencia se metió la mano en el bolsillo y los policías le apuntaron temiendo que sacara un arma. Lo que extrajo fue un Iphone y lo partió en dos.

El mexicano no se resistió al arresto. Fue esposado junto a sus acompañantes y retirado a toda velocidad del lugar.

Detrás de los dibujos.

González Valencia, más conocido por sus pares como "Flaco", "Silver", "Silverio", "Eduardo" y "Laline", posee doble nacionalidad, ya que en realidad nació en Estados Unidos, según información a la que accedió El País.

Los 17 hermanos González Valencia forman parte de los Cuinis. Una de las hermanas de la familia está casada con Nemesio Oseguera Cervantes, líder de Jalisco Nueva Generación. Los Cuinis son el brazo financiero o socios de este cartel y les proveen de contactos.

Las cosas no perfilaban bien para González Valencia desde que a mediados del año pasado la Unidad de Investigación y Análisis Financiero del Banco Central (UIAF) denunció ante el Sede de Crimen Organizado de 1er Turno, que el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos incluyó en su lista de narcotraficantes a su esposa, Wendy Amaral (cuyas iniciales son W.A.A), según consta en el auto de procesamiento.

Se procedió entonces a la inmovilización de los fondos de la mujer en una cuenta que poseía en Uruguay. A partir de marzo de 2016 el Juzgado de Crimen Organizado inició una investigación de carácter reservado e implicó a la Dirección General de Represión del Tráfico Ilícito de Drogas (DGRTID) en ella.

Pese a la señal de alarma que debió representar la inmovilización de los fondos de su esposa, González Valencia continuó con su vida en su lujoso chalet de Punta del Este junto a sus hijos. Pero no fue por mucho tiempo. Las cosas cambiaron cuando su nombre apareció en los Panama Papers.

El 5 de abril el diario estadounidense Miami Herald publicó su nombre y el de su mujer, vinculándolos con Los Cuinis y con la creación de sociedades anónimas panameñas a través de un estudio notarial uruguayo que trabajaba con Mossack Fonseca. El 14 de abril fue el turno del semanario Búsqueda, que reveló que el narco vivía en Punta del Este y poseía el chalet "Quincho Grande", por el que había pagado US$ 2 millones.

A principios de este mes González Valencia decidió dejar su casa en Maldonado y un camión trasladó sus pertenencias a un galpón en la zona de La Comercial. Tenía razón en preocuparse, ya que la aparición de los Panama Papers sirvió para apurar el proceso de detención, que de lo contrario hubiera llevado más tiempo.

El mexicano, su suegro y sus hijos pasaron a vivir en dos hoteles en Montevideo, en los que el narco se las arreglaba para no registrarse. Los niños dejaron de ir al exclusivo colegio al que asistían en la ciudad fernandina y pasaron al establecimiento educativo de Carrasco, donde el narco pagaba $ 45.000 por la cuota de sus hijos.

A pesar de que su nombre comenzaba a sonar, el narco seguía con su plan de permanecer en Uruguay, y por ello estaba buscando un apartamento en Montevideo. Según supo el País, González Valencia quería alquilar una propiedad de 450 metros cuadrados, que valía US$ 10.000 por mes. Un exfutbolista hacía de intermediario para que alguien le diera la firma al mexicano que le permitiera concretar la operación.

El último movimiento migratorio del que se tiene registro de González Valencia es de octubre de 2014, cuando cruzó junto a su familia a Brasil a través de Aceguá, en Cerro Largo, pero nunca se registró la vuelta del narco al territorio nacional. De acuerdo a fuentes de la investigación, el mexicano disponía de un pasaporte falso, pero solo lo utilizó para sacar una tarjeta.

Días antes de la detención de González Valencia, el jueves 21, el Departamento de Estado de los Estados Unidos había emitido una orden de captura internacional. El gobierno norteamericano lo acusa de introducir un cargamento de cuatro toneladas de cocaína en su territorio. La Brigada Antinarcóticos pidió entonces ayuda de la DEA para identificar al narco con una foto.

Entre la noche del jueves 21 y el día del viernes 22, la policía detuvo a los otros implicados en el caso.

El sábado 23 el mexicano fue procesado con prisión, al igual que su suegro, por el delito de lavado de activos, en calidad de autores. El suegro ya había sido condenado por este delito en la ciudad de México.

Otras tres personas fueron procesadas por asistencia al lavado de activos. En total fueron once los detenidos por su vínculo con González Valencia, pero el resto quedó en libertad.

La jueza Adriana de los Santos embargó por US$ 10 millones al narco. A González Valencia se le incautó la propiedad, nueve vehículos de alta gama, un teléfono satelital, unos 45 celulares, nueve computadoras portátiles y siete tablets.

De acuerdo a fuentes de la investigación, la casa de Punta del Este parecía salida de una película de narcos, con dos salas de juegos para los niños y un baño con vista a una piscina con jacuzzi, entre otros detalles.

Algo que llamó la atención es que en una habitación había una pared de corcho con dibujos de los niños puestos con alfileres. Se trataba de una falsa pared detrás de la que se encontraba una caja fuerte, vacía al momento de la requisa. Por otro lado, en una de las computadoras se encontraron fotos de la familia de cacería en África.

Ese mismo sábado, en horas del mediodía, Wendy Amaral —quien en realidad estaría divorciada de González Valencia, pero le manejaba las finanzas desde México— llegó al aeropuerto de Carrasco junto con una tía con el fin de llevarse a sus tres hijos a Guadalajara, donde la mujer se encontraba desde setiembre de 2015. Sabía que la iban a detener y así sucedió.

El domingo 24 la fiscal de Crimen Organizado, María de los Ángeles Camiño pidió su procesamiento con prisión.

Los niños ya habrían salido del país junto a la tía de su madre.

Un italiano implicado.

Cuando en marzo de este año el Juzgado de Crimen Organizado le pidió a la Brigada Antinarcóticos que investigue, unos cincuenta uniformados fueron asignados en la tarea. El narco comenzó a ser vigilado las 24 horas por policías encubiertos que se movían en vehículos a motor, en bicicleta o a pie. La investigación se desarrollaba en forma paralela en Punta del Este y Montevideo, donde se encontraba el suegro de González Valencia.

También se le empezaron a hacer escuchas telefónicas, a través del uso de El Guardián, aunque las fuentes consultadas por El País indicaron que este sistema no fue clave en la investigación, ya que el narco se cuidaba mucho de hacer llamadas con los celulares, y cuando lo hacía era para comunicarse con sus empleados y colaboradores, pero sin revelar información.

El mexicano poseía un teléfono satelital para hablar con el cartel, pero este tipo de comunicación es imposible de interceptar. El Guardián ayudó a atraparlo el día que pretendía huir.

Durante la vigilancia previa a la detención, la policía empezó a ver movimientos en Quincho Grande. La familia contaba con dos niñeras mexicanas, un jardinero y una empleada doméstica. Ambos residían en una vivienda de enfrente y percibían entre los dos US$ 1.500 de salario. González Valencia no salía mucho, pero no escatimaba en la ostentación, teniendo posesión, por ejemplo, de un Audi de US$ 130.000.

De acuerdo a lo que publicó El País el lunes 25, un empresario cuyos hijos iban al colegio en Punta del Este sostuvo que el narco se presentaba como cazador. Paradójicamente, para con el nombre del cartel al que pertenece, (cuini, quiere decir cerdo en la jerga mexicana), se cree que el procesado iba a cazar chanchos a Treinta y Tres.

Ni bien llegó al país, González Valencia entró en contacto con el estudio notarial de una escribana, a través de la que compró la propiedad en Punta del Este, adquirió vehículos y una sociedad panameña con la que se hizo con tres lotes en Punta Ballena por un valor de US$ 550.000. La profesional, a quien la Suprema Corte de Justicia había suspendido en el pasado, según consignó Búsqueda, se encuentra en libertad sin perjuicio, lo que implica que continúa siendo indagada.

De acuerdo a lo que supo El País, otras de las personas que fue detenida, aunque quedó en libertad, es un italiano que se encontraba en Uruguay y que sería dueño junto a Wendy Amaral de un hotel de lujo en el poblado de La Cruz de Loreto, en México, llamado "Hotelito desconocido". Esta propiedad ha sido señalada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos como uno de los negocios a través de los que Los Cuinis lavaban dinero. El cartel también habría utilizado el lugar, recientemente incautado por las autoridades mexicanas, como centro de reunión.

Procesado por el delito de Asistencia al Lavado de activos, se encuentra un uruguayo que funcionaba como intermediario inmobiliario, una cara recurrente en Quincho grande. El hombre guardaba dinero del narco y compraba y vendía moneda nacional y extranjera en un cambio de Piriápolis. Se citaba con el narco en la ruta o en una estación de servicio para recibir o entregar los paquetes con dinero. En un allanamiento realizado en la casa del uruguayo, la policía encontró 5.000 dólares y 300.000 pesos, propiedad de González Valencia.

También fueron procesados con prisión por el mismo delito la doméstica y el jardinero, quienes tenían a su nombre los vehículos del narco que luego vendieron a una empresa a nombre de Wendy Amaral y la madre de esta, configurando de esa manera el lavado de dinero ilegal.

El gerente de un cambio de Salto será citado por supuestos movimientos de dinero hacia el exterior.

González Valencia se encuentra detenido en una zona de máxima seguridad del Comcar, explicó el ministro del Interior, Eduardo Bonomi. El celdario de alta seguridad fue construido hace un mes en el citada cárcel.

El narco fue trasladado este jueves, en un operativo con fuertes medidas de seguridad. Antes de ser trasladado estuvo en una unidad no identificada, detenido con medidas especiales.

La nueva zona de máxima seguridad cuenta con celdas individuales para 48 personas, con mayor fortaleza de construcción y sistemas de vigilancia. De acuerdo a Bonomi, es la modalidad de encierro más segura del país. En ese lugar se encuentran otros narcotraficantes y los secuestradores de Milvana Salomone.

González Valencia habría aceptado la extradición a Estados Unidos, donde si colabora con la justicia norteamericana podría ver reducida su pena.

El "buen uso" de el guardián, El malentendido y la aclaración.

El miércoles, el Fiscal de Corte, Jorge Díaz, afirmó que el uso de El Guardián había sido clave para detener el narco mexicano. "Hubo toda una discusión a nivel público sobre las interceptaciones telefónicas y El Guardián, pues bien, las escuchas telefónicas permitieron determinar con precisión el accionar de este individuo en el Uruguay para lavar activos". Las afirmaciones del Fiscal de Corte generaron sorpresa en el mundo judicial, donde se tenía entendido que el poderoso software El Guardián aún no se podía utilizar. Ayer, Díaz llamó a los medios para aclarar que no se refería a El Guardián, sino al "sistema integral de escuchas". Casi al mismo tiempo, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, decía que El Guardián se utilizó para este caso, aunque "oficialmente" comienza a operar el próximo lunes.

Obligado paseo de hotel en hotel con la familia.

Luego de dejar Punta del Este y mientras buscaba mudarse a Montevideo, González Valencia, su suegro, sus tres hijos y las dos niñeras mexicanas pernoctaban en dos hoteles, uno en Punta Carretas y el otro en Carrasco. Según fuentes consultadas por El País, el narco siempre eludía registrarse, diciendo que el que se quedaba en realidad era el suegro. El suegro del mexicano sí se registraba con su nombre verdadero. No obstante, el narco solía ir por las mañanas, tomaba el desayuno y en ocasiones se duchaba. Lo que llamaba la atención de él era que pese a que a uno de los hoteles arribaba con vehículos de lujo, siempre intentaba regatear el precio de las habitaciones, que eran de US$ 70 y US$ 200. Las fuentes indicaron que el mexicano era un hombre de buen trato y muy educado.

Los Cuinis, poderosos de perfil bajo a los que les llegó la hora.

La Hidra de Lerna, según la mitología griega, además de ser terrorífica y despiadada, tenía la capacidad de regenerar dos cabezas por cada una que le era amputada. Así son los carteles de la droga en México. La ruptura del cartel de los Valencia (o del Milenio), tras la caída de sus líderes, dio origen a La Resistencia y a Jalisco Nueva Generación. Este último se convirtió en el cartel más poderoso de México gracias al dominio de las rutas del tráfico de cocaína y metanfetaminas hacia Europa y Asia. En base al poderío militar y económico cosechado en pocos años logró desplazar en diversos territorios a Los Zetas y el Cartel de Sinaloa. Tiene presencia en ocho estados de México y ha enfrentado a las fuerzas de seguridad causando innumerables bajas.

Su líder más conocido era Nemesio Oseguera Cervantes, alias "el Mencho", aunque para las agencias de Estados Unidos y México, su imagen pública tenía como único objetivo ocultar a los verdaderos jefes del cartel, los conocidos como Los Cuinis.

La constelación de organizaciones de narcotraficantes en México (nueve carteles con 43 células dispersas en todo el país) y sus circunstancial "amistad", hacen que sea difícil armar el mapa del delito en ese país. Más allá de las sociedades y liderazgos ocasionales, hay algunas certezas. La discreción con la que se movía el jefe de Los Cuinis, Abigael González Valencia, hermano de Gerardo, detenido la semana pasada en Montevideo, recuerda a los viejos barones de la droga. En tiempos en los que los narcos mexicanos suelen sacarse selfies para ostentar su desmesurada riqueza y enviar videos a páginas especializadas para exhibir su crueldad y amedrentar a enemigos, los González Valencia optaron por el perfil bajo.

La mayor parte de los diecisiete hermanos González Valencia no solo comparten apellido, también integran diversos niveles en la organización delictiva. Fue recién en 2012, cuando un viejo enemigo los delató, que los hermanos aparecieron en el radar de las autoridades mexicanas, la DEA y otras agencias federales de los Estados Unidos.

El 28 de febrero de 2015, la habilidad de Abigael González Valencia para eludir controles y permanecer "invisible" llegó a su fin. Estaba comiendo en un restaurante de Puerto Vallarta, en Jalisco, cuando una operación conjunta de la Marina, la Policía Federal y la Procuraduría General de la República lo dejó sin salida. Dicen que ofreció 50 millones de pesos mexicanos para que su foto no fuera difundida. Los medios mexicanos aseguran que ni las autoridades de ese país sabían que estaban deteniendo a un peso pesado. Dos meses después, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro (OFAC por sus siglas en inglés) incluyó a Abigael González Valencia en la lista de narcotraficantes, encabezando un organigrama junto a otros miembros del cartel, entre ellos la mujer que la semana pasada fue detenida en Uruguay, y 15 empresas dedicadas a lavar los millones que genera la droga. Como todo narco que se respete, Abigael tiene su propio narcocorrido. Y dice: "Soy el Cuini y arriba Jalisco. Diles que me voy y no por siempre".

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