Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

El tiempo que vivimos

El tiempo por el que discurre la vida de una nación no es siempre homogéneo. Las hojas del calendario podrán ser todas del mismo tamaño y los años tienen invariablemente el mismo número de meses, pero la naturaleza del tiempo histórico es variada y variable.

El tiempo por el que discurre la vida de una nación no es siempre homogéneo. Las hojas del calendario podrán ser todas del mismo tamaño y los años tienen invariablemente el mismo número de meses, pero la naturaleza del tiempo histórico es variada y variable. 

El tiempo de guerra es diferente del tiempo de paz: eso lo entiende cualquiera. Igualmente fácil de entender —aunque más difícil de aceptar— es la diferencia que para una nación tiene un tiempo de empuje, una época de coraje y emprendimiento, con un tiempo de parálisis y autocomplacencia decadente.

Para el historiador romano Tito Livio, personaje clásico que me complace volver a citar, el concepto de decadencia está compuesto por dos elementos. En el prefacio de su Historia de Roma él describe la decadencia de su época en los siguientes términos: "hemos llegado a estos tiempos en los cuales no estamos dispuestos a soportar nuestros vicios pero tampoco tenemos disposición para soportar los remedios".

Admito que, para el Uruguay de hoy, la historia de Roma no ofrezca particular interés; sin embargo reflexionar hoy en día sobre la decadencia no es irse por las ramas ni recorrer territorios que no tengan nada que ver con nosotros.

Se suele decir que el futuro lo hemos de hacer entre todos. Las señales que se están percibiendo en el ocaso político del Frente Amplio conducen a establecer ciertas precisiones. El futuro a diseñar y construir estará —ya está— taponeado por los dueños del presente. En consecuencia la tarea sobre lo que viene habrá de desplegarse no solo por fuera del establishment (el conjunto político-simbólico del frenteamplismo dominante hoy), sino luchando contra él.

El Uruguay del futuro, el Uruguay postfrentista (que no quiere decir un Uruguay donde no haya un Frente Amplio) es un lugar al que se llega abriéndose paso apoyándose en la iniciativa propia y luchando contra quienes no están (ni mucho menos lo estarán, mañana) dispuestos a admitir una enmienda o reconocer un error. El Frente Amplio bolivariano-mujiquista de hoy no puede reconocer fallas ni desvíos so pena de vulnerar su autopercepción político-moral integrista.

Todos los uruguayos tendrán que ser convocados a la tarea de hacer el futuro, un futuro que no sea una prolongación por inercia. Pero los representantes del sistema que se está apagando se van a oponer con todas sus fuerzas. Todos los uruguayos habrán de ser convocados pero no se podrá contar con todos; es más, se podrá contar y dar por descontada la oposición de muchos. Nos cuidaremos de insultar o despreciar a los responsables de la decadencia y de su intento de prolongación, pero la lucha por un Uruguay renovado, liberado de ideologías convertidas en rutinas, va a tener que asumir esa confrontación.

Al caer la tarde los colores de la puesta de sol indican el tiempo que vamos a tener mañana. Los griegos distinguían dos clases de tiempo: el "cronos", que es el tic-tac y el "kairós" que es la ocasión, el tiempo oportuno, el momento justo (que si no se aprovecha, no vuelve). Los uruguayos, hartos del prepoteo, la exclusión y el clientelismo, tienen hoy la oportunidad para animarse a levantar la cabeza, animarse a ir a contrapelo de una cultura decadente y responsabilizarse por su destino, afrontando virilmente el costo que ello ha de implicar.

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