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Miles siguen llegando a Europa

Inmigrantes y refugiados bajados a la fuerza de un tren se tendieron en las vías y enfrentaron a la Policía ayer en Hungría para evitar ser detenidos, mientras que políticos europeos intentaban responder a la opinión pública horrorizada por imágenes de un niño que se ahogó en las costas turcas. Francia dijo que los países europeos deberán aceptar su cuota de refugiados, proponiendo lo que potencialmente sea el mayor cambio a las reglas de asilo del continente desde la Segunda Guerra Mundial.

Miles de personas que escapan de la guerra y la pobreza en Oriente Medio, África y Asia han muerto en el mar y durante sus viajes por tierra, en la peor crisis de inmigración desde la guerra de la ex Yugoslavia en la década de 1990. Afirmando que algunos países europeos habían fracasado en "asumir su carga moral", el presidente francés, François Hollande, dijo que había acordado con la canciller alemana, Angela Merkel, la necesidad de un "mecanismo permanente y obligatorio" para reubicar a refugiados en todo el bloque. "Creo que lo que existe actualmente ya no es suficiente", dijo Hollande.

Políticos europeos abordaron el jueves el impacto de las imágenes de un niño de tres años, vestido con una camiseta roja y pequeños zapatos deportivos, boca abajo en la arena de una playa turca, fotografía que le puso un rostro humano a la tragedia de miles de muertes en el mar.

"Él tenía nombre: Alyan Kurdi. Se requieren acciones, urge una amplia movilización", dijo el primer ministro francés, Manuel Valls, en su cuenta de Twitter.

Incidentes en Hungría.

La estación Keleti de Budapest abrió ayer sus puertas a los refugiados, aunque eso no supuso que pudieran embarcar en trenes hacia Europa Occidental: un primer convoy que partió con centenares de ellos fue retenido y sus ocupantes se negaron a ser internados en un campo de acogida.

Ayer por la mañana, los efectivos antidisturbios apostados a la entrada de la estación desde el martes se retiraron y pronto cientos de refugiados entraron a la carrera en la terminal para abordar alguno de los trenes estacionados, sin saber siquiera adónde se dirigían. Uno de los trenes, con destino a Sorpron, pronto se abarrotó de personas deseando salir de Hungría, mientras que la falta de información, las carreras y los empujones desataron la confusión. Los revisores de la estación informaron primero de que ese tren no iba a salir, aunque finalmente partió en dirección a Sopron, una ciudad fronteriza con Austria, con los refugiados alegres por abandonar la capital húngara.

"Lo importante es salir de Budapest. Iré luego a pie o como sea a Austria", manifestó Gaser, uno de los jóvenes que logró subirse al tren. El convoy que salió de Budapest fue retenido poco después en la localidad de Bicske, a unos 40 kilómetros al oeste de Budapest y sede de uno de los campamentos de refugiados de Hungría.

Decenas de antidisturbios esperaron a unos 500 refugiados que, según la Policía, ofrecen "resistencia pasiva" al negarse a descender del tren para no ser internados en el campo.

Según las imágenes de los medios húngaros, los inmigrantes comenzaron a corear "Campamento no" y algunos trataron de huir a la carrera de los agentes.

Un hombre se tiró a las vías junto a su mujer, que gritaba pidiendo ayuda, y su bebé, y tras un forcejeo con un grupo de agentes fue esposado y separado de su familia. En reacción, otros refugiados que habían abandonado el convoy se opusieron a los agentes y lograron volver a subir al tren, del que se niegan ahora a descender por el temor, además, a que les tomen las huellas dactilares, lo que puede dificultar que les concedan asilo en Estados del norte de Europa.

Entretanto, en Budapest se suspendieron todos los trenes directos hacia el extranjero, aunque a lo largo de la jornada llegaron convoyes desde Viena, si bien con un transbordo en la frontera.

En la explanada que lleva a la entrada de la estación de Keleti, un grupo de jóvenes protestó con cánticos como "Somos de Siria y queremos ir a Alemania" y "No queremos quedarnos en Hungría". Una vez restablecidos los servicios regionales desde Keleti, incluidos los que llevan a localidades cercanas a Austria, los refugiados empezaron a debatir sobre la conveniencia de tomar uno de los convoyes.

Para algunos el temor a ser internados en un campo de refugiados húngaro era mayor que la esperanza de llegar a Austria para tomar un tren a Alemania.

"No vamos a tomar ningún tren regional porque es demasiado arriesgado", aseguró Tarik, un técnico informático de 24 años.

Y recordó que unos amigos alcanzaron esta semana Austria y fueron devueltos a Hungría por las autoridades de ese país.

"Sólo me montaré en un tren que vaya directo a Alemania", explicaba. En medio de esta jornada de incertidumbre, el Gobierno húngaro responsabilizó a Alemania del caos creado en la principal estación de Budapest.

El ministro de Gobernación, János Lázár, criticó que Berlín mandase un mensaje a los sirios "prometiendo asilo".

"Alemania cometió errores de comunicación cuando mantuvo en una situación incierta a los refugiados" que quieren seguir hacia Europa Occidental, expuso en una rueda de prensa.

Lázár insistió en que Alemania no aclaró su postura y que por eso "hubo inseguridad durante días".

Mientras, en Bruselas el primer ministro magiar, Viktor Orbán, afirmó que el problema de la crisis de refugiados "no es europeo, sino alemán", ya que ningún refugiado quiere permanecer en Hungría, y explicó que no deja que esas personas abandonen el país porque tienen que ser registradas.

Alemania indicó la semana pasada que había comenzado a aceptar solicitudes de asilo de refugiados sirios que entraron a la UE por otro país del bloque, algo que generó alguna confusión y críticas de Budapest y Viena.

La Embajada de Alemania en Hungría tuvo que aclarar ayer que se seguirán aplicando las normas de la Convención de Dublín, según la cual quien busque asilo en la UE debe registrarse en el primer país comunitario al que llegue. El Gobierno húngaro defiende la prohibición de embarcar aduciendo que es parte de su compromiso con el espacio Schengen de libre circulación, en el que ciudadanos de terceros países sólo pueden viajar con un visado válido. El parlamento húngaro, en tanto, comienza discutir un proyecto que llega a penar con cárcel a los migrantes.

Más de 160.000 personas han llegado a Hungría en lo que va del año por la denominada ruta de los Balcanes.

Un sirio intenta proteger a su esposa e hijo de los agentes que querían llevarlos a su campo. Foto: Reuters.
Un sirio intenta proteger a su esposa e hijo de los agentes que querían llevarlos a su campo. Foto: Reuters.

"Las manos de mis dos niños se me escaparon".

Abdulá Kurdi no para de llorar mientras cuenta la peripecia que terminó en tragedia. La foto de su pequeño hijo Aylan Kurdi (3) recorrió el mundo y hiela la sangre. Pero Abdulá también perdió a su esposa Rihan y su otro hijo de 5 años, Galib. El bote inflable en el que embarcó con su familia en la playa turca de Bodrum rumbo a la isla griega de Kos, naufragó. Aquella sería la primera etapa de su viaje a Canadá, pero sobrevino la tragedia. "Después de alejarnos unos 500 metros de la costa, en el bote empezó a entrar agua y se nos mojaron los pies. A medida que aumentaba el agua, cundía el pánico. Algunos se pusieron de pie y el bote volcó. Yo sostenía a mi mujer de la mano", recordó Abdulá. "Las manos de mis dos niños se escaparon de las mías, intentamos quedarnos en el bote, pero el aire disminuía. Todo el mundo gritaba en la oscuridad. Yo no lograba que mi esposa y mis hijos oyeran mi voz", continuó el hombre. Las fotos de su pequeño Aylan, empero, parecen haber hecho lo que no lograron miles de familias sirias, millones de sirios que huyen de su patria: movilizaron a Europa que hoy discute cómo empezar a ayudar a los refugiados. "Quiero que todo el mundo vea lo que nos ha ocurrido en el país al que vinimos a refugiarnos de la guerra. Queremos que el mundo nos preste atención para que puedan impedir que esto les ocurra a otros. Que ellos (sus hijos y su esposa) sean los últimos", declaró Abdulá. Este hombre renunció a sus planes de emigrar y regresará a Kobane donde espera dar sepultura a sus dos hijos y a su esposa en su tierra natal.

El padre del niño Aylan.

“He recibido una oferta del Gobierno de Canadá. Era una oferta para que yo pueda ir allí. Pero, después de lo ocurrido, no quiero ir. Voy a llevarme los cuerpos primero a Suruç (ciudad turca en la frontera con Siria) y luego a Kobani (ciudad siria cercana). Pasaré el resto de mi vida allí”, explicó el padre de Aylan Kurdi.

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