Se encuentra en Uruguay Sebastián Armenault, un ultramaratonista 

El sobreviviente de los cinco continentes

Para los uruguayos sobrevivientes de la tragedia de los Andes cada uno tiene su propia montaña. Un obstáculo a sobrepasar. Para el ultramaratonista argentino Sebastián Armenault, hay que atravesar todo nuevo desierto o selva que se presenten en el camino. La salvación, el triunfo, es superarse a sí mismo, paso a paso.

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Las competencias en los desiertos exigen protegerse contra los efectos del viento y el sol.

Es el primer sudamericano que corrió por lo menos una maratón en América del Sur, Europa, Asia, Oceanía, África, la Antártida y América del Norte. Y uno de los 60 atletas del mundo que integra el "Club 7 Continents".

Su última maratón fue la del Gran Cañón del Colorado, Estados Unidos, en donde recorrió por etapas una distancia de 274 kilómetros. Entre las carreras más extensas en las que participó figura la Transalpina, disputada a lo largo de 330 kilómetros, con 15.000 metros de subida acumulada, en cuatro países: Alemania, Austria, Suiza e Italia.

Sea en el Sahara (en Túnez o Marruecos), en el desierto de los Emiratos de Omán o en el de Gobi en China, en el Himalaya o el Polo Sur, en el Amazonas o las grutas de una mina de sal en Alemania, Armenault la pelea solo, sin equipo, sin entrenador, masajista o médico. Y cargando, durante a veces hasta siete u ocho días de carrera, una mochila que puede llegar a pesar más de diez kilos, porque la carga suma alimentos, suplementación deportiva y ropa para frío debido a que hay zonas con temperatura de 50° al día y -2° por la noche.

La decisión.

Antes de convertirse en ultramaratonista, Armenault jugó rugby en un club de Intermedia, Banco Nación, y entrenó a niños, pero pasó un buen tiempo para decidir largarse a transitar recorridos extensos. No le gustaba entrenar, hacer pretemporada ni correr, y ya tenía dos operaciones en cada rodilla.

Un día al fin lo asumió como un desafío, a los 40 años de edad, hoy hace 8 de eso, cuando dio una vuelta al lago de Palermo, dos kilómetros que lo dejaron molido y mareado aunque no vencido. Buscaba "un lugar en el mundo", se le había desmoronado el castillo de naipes, la vida rosa. Estaba separado de su esposa y tenía dos hijas a cargo, cinco días a la semana. Sabía que no iba a competir con la ambición de subir a un podio y descorchar un botellón de champán.

Sin embargo quería incrementar distancias y caminos aun cuando siempre atravesara la meta entre los últimos.

"Soy un agradecido al rugby, fue la primera escuela para esto que hago, le aplico el 95% de sus enseñanzas. Miremos lo que hizo Uruguay en el Mundial de Rugby. Perdía por 60 pero hasta la última pelota estaba dando la vida. Eso se puede aplicar en lo cotidiano, y es lo que me interesa transmitir".

En una de sus recientes carreras, Armenault terminó en el puesto 793. El ganador obtuvo 5.000 dólares y él consiguió donar a diversas instituciones tres desfibradores, tres electrocardiógrafos, 250 pares de zapatillas y otro tanto de anteojos recetados, 2.500 kilos de cemento, leche en polvo y cereales, algo así como US$ 50.000.

— ¿Quién ganó la carrera? Para mí es el que cumplió su sueño— dijo Armenault a El País.

El proyecto.

Por cada kilómetro recorrido, aun en dos maratones en que resultó descalificado, los patrocinantes de su proyecto sa18 realizan donaciones a entidades carenciadas. Lo del número en su indumentaria de competencia se debe a varias razones: nació el 18 de abril de 1967, de niño jugaba con un carrito que tenía pintado el 18 y de muchacho elegía la camiseta 18 para entrar a las canchas. Según confieza entre risas, después de haberlo elegido, todos los días de su vida ve el número 18, sea en la fila de avión que le toca, en un micro que va adelante del auto que conduce, o en la puerta de la habitación de un hotel.

"A veces es difícil conseguirlo porque en una carrera le dan a los de elite los primeros cincuenta números, y yo salgo anteúltimo, pero como se conoce mi proyecto casi siempre me lo dan", afirmó a El País.

Solo para comprender el alcance de su idea y labor vale saber que tuvo el auspicio de Puma y ahora los de la municipalidad de Vicente López, en donde se crió y reside con sus dos hijas, de la empresa de materiales de construcción Weber, de Direct TV y Gatorade, entre otras. También con fines benéficos, Armenault da charlas en liceos, universidades o clubes en donde la entrada vale un alimento no perecedero. Solo cobra sus disertaciones cuando es contratado por empresas, y admite que vive de sus andanzas por el planeta. Atrás quedaron sus empleos de gerente comercial.

"En esto juega mucho el estado de ánimo y los miedos. Al correr a 900 metros bajo la tierra, como en la mina de Alemania, si pasa algo, puede no ser sencillo volver a la superficie. Lo emocional a veces desgasta más que el cansancio físico. Acá veo una cucaracha y salto hasta el techo pero en el Amazonas hay que curarse de espanto, la cucaracha más chica es como un ratón. En cada maratón correr es el medio, lo importante es el mensaje: superarse es ganar".

"Cada uno de debe ser su mejor versión".

Sebastián Armenault llegó a Montevideo invitado por la Fundación Gelen G. Quienes asistieron a sus charlas en la Universidad Católica y en la Universidad de Montevideo pagaron por entrada un alimento no perecedero. Lo recaudado se dona a beneficio del Liceo Jubilar. Para presenciar la disertación en el Club Lawn Tenis se cobró entrada a beneficio de obras del RSE del club, órgano que apoya a diversas instituciones, en este caso a la Fundación Providencia. También se cobró entrada en la charla de la Fundación Zonamérica. La recaudación será adjudicada al CAIF ubicado muy cerca de allí. Armenault explica que su mensaje quiere cuestionar cómo a veces a los más chicos se les pone metas excesivas para que sean exitosos. "Todos quieren ser Messi, pero cuántos llegan. Cada uno debe ser su mejor versión, y no Messi".

Adiós a los miedos.

n Sebastián Armenault atravesó desiertos, zonas montañosas, minas de sal y selvas de todo el mundo para sumar kilómetros y conseguir así que sus patrocinadores lo apoyen en tareas benéficas para los más carenciados y distintas instituciones educativas o sanitarias. Su lema es el título del libro que presentó en Montevideo: "Superarse es ganar". Las enseñanzas del rugby lo impulsan en un proyecto que ha cumplido ocho años.

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